Pese a todo, es el Atlético

Vigentes campeones de liga y con una plantilla que infunde respeto, los de Simeone aún necesitan puntos para asegurar la Champions y maquillar así una temporada decepcionante

27.04.2022 | 00:10
Iñaki Williams busca conectar con el balón en presencia de la zaga del Atlético de Madrid en el duelo liguero de la ida.

nADA de todo lo negativo que de manera justificada se ha podido decir esta temporada del Atlético de Madrid y de Diego Pablo Simeone debe ser tomado en consideración. No justo en vísperas de su visita a San Mamés. Todavía este mes, tanto el equipo como su responsable, sobre todo él, han sido objeto de severas críticas que han ocupado grandes espacios en los medios. Pero antes de caer en la ronda de cuartos de final de la Champions ante el Manchester City, se han visto señalados en sucesivas ocasiones por no cumplir, ni de lejos, las expectativas creadas a partir de la conquista del título liguero 2020-21 y la posterior confección de una plantilla envidiable, que introducía una mejora sustancial sobre la existente. Tampoco conviene fiarse, y mucho menos regodearse, con el repaso de aquellos datos o sensaciones que de modo legítimo cabe extraer de los cruces más recientes, pese a que sugieran que el Athletic le tiene bastante bien cogida la medida al cuadro colchonero. Al menos, tal cosa se deduce de los cuatro antecedentes celebrados durante el año y medio con Marcelino García.

Por supuesto que la eficacia del Atlético de Madrid se ha resentido en los últimos tiempos, pero aún está en situación de ganar a cualquiera. Dispone de mimbres más que suficientes, atesora calidad, oficio, y le urge ganar, necesita ganar. Lo más importante. Con cinco jornadas por delante, en su casillero siguen faltando unos cuantos puntos precisos para garantizarse plaza en la Champions del curso venidero. Intentará sumar los primeros en Bilbao, pero es que después se juega el resto ante enemigos de similar o superior entidad. Por este orden y excluido el Elche: Real Madrid, Sevilla y Real Sociedad. Un calendario enrevesado que le obliga a apretar los dientes y sacar a relucir una versión que le asemeje en lo posible al conjunto intratable, sobrado, de la pasada campaña.

Entonces, salió campeón con registros muy elocuentes: solo cedió cuatro derrotas en 38 jornadas, una más de las que lleva ahora un Real Madrid que no ha dejado de pasearse desde el otoño; venció en 26 oportunidades y empató en ocho, para alcanzar los 86 puntos; y Oblak recogió 25 balones de su red. Aquí, en este detalle, descansa la gran diferencia con respecto a su actual trayectoria, sin duda el origen de la devaluación del eterno proyecto de Simeone, pues ha encajado 39 goles, lo que le convierte en el peor defensor de entre los ocho equipos que encabezan la categoría, Athletic incluido, claro.

Semejante fragilidad es impropia de un colectivo instruido en el catecismo del preparador argentino. Denota dejación, quizá cansancio mental por el elevado grado de exigencia que arrastra el club a lo largo de una década. Relajo inconsciente de los futbolistas o es posible que haya que catalogarlo como un proceso natural centrado en Simeone, a quien se le va acabando la pila; se ha ido desgastando y no transmite ni exprime como antes. El modo en que planteó la eliminatoria con el City se entiende por el temor que le infundía la riqueza ofensiva que distingue a los chicos de Pep Guardiola. Prefirió sacrificar su imagen ante los ojos de Europa entera antes que exponerse a recibir un correctivo. Cerca anduvo de rentabilizar una jugada con la que resulta complicado identificarse, pero no ocurrió. El hecho de poner en aprietos al equipo inglés en la ida y en la vuelta, como compensación debió saber a poco, así lo atestiguaría la vergonzante agresividad destilada por sus hombres en los minutos finales del Metropolitano, que también vio Europa entera.

Debilidad defensiva


Acaso no tantas personas se hiciesen eco del intercambio de mensajes que amenizó el evento y del que Simeone volvió a salir perdedor. "Aquellos que tienen un gran léxico", utilizó para no mentar a Guardiola, que no es que se exprese mejor que él, sino que acostumbra a ser más interesante porque lo tiene más sencillo, dado que el estilo futbolístico que propugna es bastante más sugestivo.

El sábado, previsiblemente, el Atlético no levantará dos líneas de cinco unidades en terreno propio para aislar del juego a su portero, no obstante seguro que observa ciertas precauciones. En concreto, en todo aquello relativo al balón parado que se cueza cerca de su área. El 13 de enero, en el marco de la Supercopa, el Athletic hundió al Atlético remontando un gol de Joao Félix en sendas acciones de estrategia en los minutos 77 y 81. Para nada se trató de un episodio excepcional. El área de Oblak ya no es el territorio vedado para probaturas rematadoras que fue, lo atestigua el ejemplo que se acaba de citar y un montón de lances, varios asimismo en jugada, que antes morían siempre en un despeje contundente o en el regazo del esloveno.

Se anuncia batalla en La Catedral. El Atlético subsanará dudas y achaques con un registro que le haga aparecer más fiero y capaz. Si no le funciona, Simeone elegirá otro sobre la marcha. Se lo puede permitir con la nómina que dirige.

Intentará sumar en Bilbao, pues luego juega ante enemigos de similar o superior entidad: Real Madrid, Sevilla y Real


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