FUE, como se preveía, una piedra en el zapato, por mucho que el Athletic llegase a este partido se diría que casi al vuelo, lanzado hacia la gloria. Durante todo el día la ciudad fue un flamear de banderas, un coro de cánticos. Había en la ciudad una sensación de noche grande y una kalejira llegaba a San Mamés con la ilusión por bandera. En el vestuario del Valencia nada de eso influía. Uno cierra los ojos y se imagina a Bordalás y los suyos volcados sobre los mapas para buscar una grieta, para sellar cada centímetro libre, para detectar la situación de cada enemigo. Era lo previsto. No entienden de emociones: lo suyo es fútbol mercenario que también gana batallas.
En los preámbulos un San Mamés en llamas rojiblancas jaleaba a Erika Vázquez y sus 414 partidos jugados como leona. La mujer que más lejos ha llegado con estas camiseta.
Todo parecía dispuesto para dibujar una noche de gloria pero el Athletic no fue capaz de zafarse de las zarpas del Valencia. Sin ritmo, los rojiblancos cayeron presa de los nervios, sin las todopoderosas maneras que acostumbran en defensa y sin capacidad para volar por las bandas. En ese fútbol cojitranco y encasquillado las faltas del Valencia desquiciaban a los leones -16 en la segunda parte, sin ir más lejos...- y el Athletic no encontraban camino. La afición salió con la sensación de que había caído a los pies de un Anticristo futbolístico. Esperan la resurrección en Mestalla.