Athletic 2 - 1 Granada

Alex Berenguer vuelve a agitar su varita mágica

En un duelo muy condicionado por el perfil experimental del once de Marcelino, el extremo marca en el tiempo añadido el gol que permite derrotar al Granada

08.03.2021 | 01:25
Berenguer, de nuevo decisivo, se abraza con Morcillo tras obtener el gol de la victoria.

ATHLETIC: Simón; Capa, Nuñez (Min. 46, Yeray), Balenziaga, Lekue (Min. 84, Berenguer); Ibai (Min. 69, De Marcos), Vencedor, Dani García, Morcillo; Sancet (Min. 69, Raúl García) y Villalibre (Min. 78, Williams).

GRANADA: Rui Silva; Quini (Min. 46, Víctor Díaz), Germán, Domingos Duarte, Foulquier; Yangel Herrera, Montoro (Min. 86, Eteki), Puerta (Min. 82, Marín), Quina (Min. 60, Soldado), Fede Vico (Min. 60, Kenedy); y Jorge Molina.

Goles: 1-0: Min. 3; Villalibre. 1-1: Min. 81, Jorge Molina. 2-1: Min. 90; Berenguer.

Árbitro: Martínez Munuera (Comité Valenciano). Amonestó a Dani García y Vencedor, del Athletic; y a Yangel Herrera y Víctor Díaz, del Granada. Mostró la roja a Diego Martínez, técnico del Granada, en el túnel de vestuarios por protestar la jugada del segundo gol del Athletic.

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo sexta jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés a puerta cerrada.

Todo apuntaba al enésimo empate a un gol cuando, ya en el tiempo añadido, irrumpió Berenguer, el jugador que mejor personifica el estado de gracia del Athletic de Marcelino, para colar en la red un violentísimo zurdazo y deshacer las tablas ante un Granada que pagó así, cruelmente la verdad, el discreto tono exhibido anoche en San Mamés. La victoria podría haberse fraguado de un modo menos imprevisible y sobre todo más sosegado, pero Raúl García desperdició un penalti que hubiese establecido una ventaja definitiva en el marcador y poco después Molina equilibró el tanto que en el mismo arranque firmó Villalibre. Pero si algo distingue al Athletic es la formidable capacidad que muestra para apurar sus opciones, son incontables las ocasiones en que se ha buscado la vida o resuelto problemas en el tramo decisivo, preferentemente en el marco de la Copa. El domingo, en un contexto que una vez más no invitaba al optimismo aplicó idéntica fórmula para dar un valioso paso adelante en la clasificación.

En una semana con mucha tela que cortar, pues incluye tres jornadas, la cita de anoche concitaba serias dudas debido a que Marcelino se vio en la necesidad de darle la vuelta al calcetín y diseñó una alineación irreconocible. Algo había apuntado al respecto, pero fue el día en que toda previsión se quedó muy corta. Nunca antes había elegido un bloque tan distinto a lo habitual, ni en las visitas al Ibiza y al Alcoyano. Saltó al césped un grupo plagado de suplentes y con incrustaciones curiosas como la ubicación de Balenziaga como central o la presencia de salida de Ibai un año después. Una apuesta de riesgo que a la hora de la verdad resultó, ofreciendo un comportamiento muy digno y, desde luego, suficiente para plantar cara al Granada. Cierto es que a causa de la extensa lista de lesiones que arrastra, Diego Martínez tampoco dispuso de su once favorito, aunque pudo contar con bastantes hombres que son asiduos o casi.

En circunstancia tan singular, tratar de competir o, si se prefiere, pelear, vaciarse, era el único requisito exigible, dado que objetivamente la viabilidad del plan se antojaba cuestionable. Sin embargo, el Athletic entró bien, activo, dispuesto a exprimir sus bazas, lo cual supuso que por fin, que esto también es noticia, el primer gol cayese de su lado. Sancet y Villalibre conectaron enseguida y el ariete dejó en evidencia al curtido Germán con una finta elemental y un remate cruzado, imposible para Rui Silva. Apenas se había cumplido el tercer minuto y el premio tuvo un efecto inmediato en las filas locales.

La pareja de arriba participaba con inteligencia, sacaba de sitio a sus pares, y el conjunto maniobraba con agilidad haciendo parecer torpe y lenta la estructura nazarí. Esa fase inicial fue la más destacable por la frescura que transmitía el fútbol realizado. Lekue era otro con ganas de aportar, aparecía por todas partes; Balenziaga, en su línea de sobriedad; muy atentos, los medios. Entre todos, con robos y rápidos desdoblamientos, minimizaron al Granada, impotente para tomar la iniciativa y descosido en la contención. No hubo más llegadas nítidas y mediado el primer acto se percibió un paulatino asentamiento andaluz, nada que inquietase o que discutiese el control de un Athletic que se retiró el descanso sin permitir que Simón interviniese. La única aproximación a su área nació en un horrible saque del portero, pero Molina no acertó a imprimir fuerza a su cabezazo.

El Athletic experimental había cumplido con nota, con una aplicación y seriedad seguramente impensables, no en vano además de llevar la delantera se las había arreglado para mantener a raya a su oponente. Fue una puesta en escena muy meritoria. Claro que faltaron cosas, pero poco más cabía pedir a futbolistas que nunca actúan juntos o que, simplemente, no actúan salvo a ratos. El técnico, consciente de que la propuesta podría haberle salido rana ante un rival potente y muy pragmático, albergaba razones para sentirse satisfecho. Pero aún quedaba por gestionar medio partido y convenía apuntalar el resultado a sabiendas de Martínez forzaría la máquina.

Lo hizo a la vuelta del vestuario ajustando posicionalmente al Athletic, compareció un Granada más intenso, pero en vista de que ni así generaba peligro, no tardó en acompañar a Molina con Soldado y Kenedy. De entrada, Marcelino se limitó a proteger a Nuñez supliéndole por Yeray, pero después también buscó más profundidad con De Marcos y Raúl García. Y la jugada estuvo a punto de salirle redonda. Villalibre penetró hasta la línea de fondo y forzó un córner. A la salida del mismo Kenedy cometió penalti sobre Vencedor. Ahí tuvo la sentencia el Athletic, pero en el duelo de especialistas el instinto de Rui Silva se impuso a la pegada firme de Raúl García. Es el cuarto penalti que detiene el luso esta campaña.

Perdonar suele conllevar penitencia. El Granada se había librado y perseveró. Sin grandes alardes, empujó porque era su obligación, le bastaba con cazar una y en un centro mal defendido y tras inoportuno resbalón de Capa, Puertas sirvió con delicadeza para que Molina rematase a bocajarro. Ya estaba Williams en el campo y Marcelino agotó el cupo de cambios con el hombre tocado por la varita. Prácticamente no asomó Berenguer, ni el resto de las piezas ofensivas, de hecho no se contabilizó oportunidad alguna hasta que De Marcos templó provocando un despeje a zona de nadie. La pelota recorrió varios metros alejándose de la portería y Berenguer no se lo pensó. Listo, asunto liquidado. Todo le salió a pedir de boca a Marcelino. Mes y medio después de golear al Getafe, el Athletic volvió a sumar tres puntos.

 

Pasatiempos Deia