Getafe 1 - 1 Athletic

Aceptable empate del Athletic en el Coliseum

El Athletic se amolda a la propuesta del Getafe pero no evita que Ángel equilibre el gol de Villalibre

30.11.2020 | 01:14
Unai Simón coge un balón aéreo.

GETAFE: Soria; Damián Suárez (Min. 85, Nyom), Djene, Chema, Olivera; Mata (Min. 75, Portillo), Arambarri, Timor (Min. 46, Cabaco), Cucurella; Cucho Hernández (Min. 85, Enes Unal) y Ángel.

ATHLETIC: Simón; Capa (Min. 79, De Marcos), Yeray, Iñigo Martínez, Yuri (Min. 49, Balenziaga); Vencedor, Vesga, Williams (Min. 72, Raúl García), Muniain (Min. 72, Sancet), Berenguer (Min. 79, Morcillo) y Villalibre.

Goles: 0-1: Min. 9; Villalibre. 1-1: Min. 75; Ángel.

Árbitro: Melero López (Comité Andaluz). Amonestó a Cucho Hernández, Cabaco y Bordalás, del Getafe; y a Capa, Vesga, Morcillo e Iñigo Martínez, del Athletic.

Incidencias: Partido correspondiente a la undécima jornada de LaLiga Santander entre el Getafe y el Athletic, disputado en el Coliseum Alfonso Pérez a puerta cerrada. Antes del inicio del encuentro se guardó un minuto de silencio en memoria de Diego Armando Maradona.

Ni blanco ni negro. Empate. Que fuera no está mal si previamente se han hecho los deberes en casa, como sucede en esta ocasión. Por fin el Athletic enlazó dos jornadas sumando, estrenó en el Coliseum lo que se suele denominar media inglesa. Una cadencia de puntuación gratificante, mucho si se convierte en hábito. Bueno, algún día había que empezar y fue domingo. Los prolegómenos volvieron a ser noticia al dejar intacto Gaizka Garitano el once que goleó al Betis. Lo que es el partido no tuvo demasiado que resaltar, su desarrollo vino marcado por el gol tempranero de Villalibre y el gasto invertido para oponer resistencia al característico tesón del conjunto madrileño. Al Athletic le faltó temple o quizá personalidad para sacudirse la incomodidad de ese fútbol de rompe y rasga y proponer algo distinto, algo que desactivase al Getafe aunque fuera a ratos. Fueron demasiados los minutos de iniciativa local, en general baldía, hasta que Ángel, el más listo de la clase, cazó una y ahí se acabó la historia.

Seguramente ambos bandos dieron por bueno el desenlace. Dentro de lo equilibrado que resultó todo, el Athletic concentró sus mejores prestaciones en el primer acto, luego no supo o no pudo mantener el nivel que le había permitido generar situaciones de peligro suficientes para sentenciar. Una pena, pues dejó flotando la sensación de que poseía argumentos más sólidos con el balón y de haber perseverado€ Claro que no resulta fácil soportar el elevado índice de agresividad que impone el Getafe, pero el domingo el espíritu guerrero fue lo único que mantuvo en pie al cuadro local, paupérrimo con pelota, sin filo por las alas ni contundencia arriba, virtudes que le encumbraron las dos últimas campañas.

Las mejores imágenes del partido. Fotos: EFE/Athletic Club


No, no era casual que el Getafe acumulase tantas jornadas sin victoria. No está fino, si es que ese término encaja con una concepción futbolística que reniega de la sutileza y lo basa todo en el despliegue físico. Es por ello que hasta podría afirmarse que los rojiblancos desperdiciaron una oportunidad para asentarse cerca de las plazas europeas. Cobrar ventaja tan pronto allanaba el camino en un campo donde lo contrario suele ser sinónimo de derrota, pero paulatinamente el duelo fue perdiendo brillo para derivar en esa batalla frenética donde lo que importa, porque así lo ordena el catecismo de José Bordalás, es ganar metros, como sea. Si se sumasen los que robó el Getafe con la complacencia de Melero López en saques de banda y de falta, daría para recorrer tres campos. Trucos muy vistos, al igual que el catálogo que despliegan Damián, Chema y compañía en las disputas, pero que funcionan. No siempre, por ejemplo en la acción del 0-1, Arambarri se empeñó en sujetar a Villalibre dándole la espalda al envío de córner de Berenguer y gracias a ello el ariete cabeceó lejos del alcance de Soria.

Para entender por qué derroteros discurrió el choque especialmente a partir de la media hora, conviene repasar el capítulo de faltas señaladas: casi cuarenta, veintiuna a cargo del Athletic. Y hubo unas cuantas más, sobre todo del Getafe, no señaladas por un juez que se guía por el oído y emplea dos raseros, uno para defensas y otro para atacantes. Si a estas interrupciones se añaden las producidas por saques de banda (medio centenar), córners y fueras de juego, es comprensible que el juego no adquiriese un mínimo de fluidez. Si además se computan los errores en las entregas, se extingue el margen para jugadas ligadas, simples combinaciones de cuatro o más toques. Un apartado este en el se impuso ampliamente el Athletic, si bien nunca con la continuidad precisa para alterar la dinámica que le interesa al Getafe.

remates contados
 

Por tanto, la clave estribaba en amoldarse a las condiciones del encuentro, salvo que asomase con fuste la inspiración de las piezas más dotadas para alterar la ley de la patada a seguir. Esto no tuvo lugar, por lo que en líneas generales lo que hizo el equipo de Garitano fue emplearse con idéntica intensidad que su oponente. Así se explica que solo concediese tres opciones de gol al margen de la que subió al marcador. Simón neutralizó los remates de Mata, flojo, y Cucho, venenoso, y la madera repelió el de Arambarri en el arranque del segundo tiempo.

En el área opuesta el más activo fue Vesga, a sendos servicios de Williams desde la línea de fondo, en las únicas apariciones del extremo. Iñigo no estuvo lejos de sorprender en un golpe franco y el balance se completa con el acierto de Villalibre, muy desasistido porque Muniain y Berenguer asomaron con cuentagotas y los laterales renunciaron a desdoblarse por la amenaza que representaban los incordiantes Cucurella y Cucho. Como se ha apuntado, el Athletic no se acercó a Soria después del descanso, la lesión de Yuri pudo influir en ello, pero el dato refleja una bajada en el rendimiento que no se corrigió con la entrada de Raúl García y Sancet. Para entonces, el mando correspondía a un Getafe inoperante, aunque insistente.

Al amparo de esta realidad, el Athletic albergó motivos para soñar con el triunfo. Bordalás adelantó al central Djené a la media y luego retiró al punta Mata para poner a Portillo, un interior. No tuvo nada que ver el cambio, pero en la siguiente acción Ángel, que no había olido la bola, agarró una cerca de la frontal y ajustó raso a un palo. Simón llegó a tocar lo que no pareció un balón tan complicado. El tiempo restante estuvo de sobra. Ninguno tenía fuerza ni ideas para atreverse a alterar el signo del choque. Iñigo aprovechó para provocar la tarjeta con la que completa ciclo y Garitano da otro pasito en su objetivo de ahuyentar fantasmas. Un empate en el Coliseum nunca sabe mal.

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