Tres puntos de oro ganados desde el Búnker

Defender bien fue rentable

Un gol en propia puerta del Leganés da todo el sentido al conservador planteamiento que Gaizka Garitano diseñó para la visita a Butarque

09.02.2020 | 01:24
Leganés - Athletic.

Un gol en propia puerta del Leganés da todo el sentido al conservador planteamiento que Gaizka Garitano

LEGANÉS 0-1 ATHLETIC

LEGANÉS: Cuéllar; Juanfran, Tarín (Min. 76, El Zhar), Omeruo, Siovas (Min. 45, Bustinza), Kravets (Min. 67, Braithwaite); Rubén Pérez, Gumbau; Eraso, Carrillo y En-Nesyri.

ATHLETIC: Herrerín; Lekue, Yeray (Min. 78, Balenziaga), Núñez, Íñigo Martínez, Yuri; San José, Mikel Rico; Williams (Min. 86, De Marcos), Córdoba y Aduriz (Min. 79, Kodro).

Gol: 0-1: Min. 42; En-Nesyri en propia puerta.

Árbitro: Iglesias Villanueva (Comité gallego). Mostró cartulina amarilla a Tarín del Leganés y a Córdoba y De Marcos por parte del Athletic.

Incidencias: Partido correspondiente a la trigésimo cuarta jornada de LaLiga Santander, disputado en el Estadio Municipal de Butarque ante 4.155 espectadores.

Paso de gigante de Athletic en pos del objetivo de competir en Europa. Volvió de Leganés con lo que fue a buscar, tres puntos que adquieren un gran valor si se combinan con los resultados de muchos de los rivales directos en la tabla. El triunfo, que rompe una mala racha a domicilio, se fundamentó básicamente en la solidez defensiva. De nuevo y van muchas, la portería propia quedó inmaculada, fruto de la aplicación mostrada en tareas destructivas y de un planteamiento expresamente diseñado para neutralizar los argumentos de un Leganés que se marchó a la ducha sin saludar a Herrerín. Esto y la fortuna en forma de gol en propia puerta, bastó para resolver un compromiso que por lo demás como espectáculo resultó insoportable.

Butarque acogió un duelo abocado a terminar como empezó, sin goles. La impotencia local y la firmeza visitante depararon una exhibición de juego feísimo, con el balón volando constantemente o yendo de las botas de unos a las de los otros a cada instante debido a la absoluta falta de precisión o el desinterés por elaborar algo de fútbol. Ayer la propuesta, al menos en el bando rojiblanco, estaba muy clara y desde luego no contemplaba nada que no fuese poner todos las trabas que fuese preciso a fin de eludir daños. Con semejante actitud las probabilidades de no recibir gol son considerables habiendo enfrente un enemigo que tampoco destaca por su repertorio creativo. Y a partir de ahí, siempre cabe que se produzca un lance aislado, una falta, un córner, un error ajeno o un arrebato de inspiración que rompa el equilibrio.

Anoche, la vía por la que el Athletic accedió al gol fue un saque de esquina, bien botado por Lekue aunque fuera rematado por un jugador del Leganés. En-Nesyri se sacó un cabezazo espectacular a la altura del primer palo que coló por la misma escuadra. Estaban los contendientes a punto de llegar el descanso después de dedicarse a repartir melones a diestro y siniestro cuando llegó ese premio llovido del cielo. Ni siquiera puede decirse que el Athletic fabricase una ocasión para marcar, sencillamente fue un golpe de suerte que le despejó el camino hacia la victoria. La importancia de adelantarse era obvia conocida la trayectoria del Leganés, que no ha perdido un partido en la presente liga cada vez que ha firmado el primer gol.

Pero es que el Leganés nunca estuvo cerca de cobrar ventaja. Anotó tres o cuatro remates, todos desde más allá de la frontal del área. También en este apartado el Athletic se mostró superior pues cerca del final logró atribuirse la única jugada de la noche que mereció subir al marcador. En un duelo tan rácano la génesis de la jugada en cuestión a la fuerza tenía que ser curiosa: una arrancada del recién ingresado Balenziaga fue prolongada por Córdoba, el lateral atravesó la divisoria y trazó un pase perfecto para Williams, quien en carrera recortó ante Gumbau y no supo embocar ante la salida de Cuéllar. Remató al muñeco y frustró así la opción de liquidar definitivamente al Leganés, que se pasó toda la segunda mitad metido en terreno de Athletic.

Hasta aquí lo rescatable para un espectador sin afinidad con los equipos. Desde la óptica de los seguidores del Athletic es de ley analizar el modo en que Gaizka Garitano preparó el choque. De entrada se inclinó por colocar tres centrales, imitando la habitual disposición táctica de Mauricio Pellegrino, dejando para Lekue y Yuri la función de proyectarse por unas bandas que quedaron despejadas porque Williams y Córdoba tuvieron la orden de moverse por dentro, cerca de Aduriz, una de las novedades no previstas. La otra se llamó Mikel Rico, acompañante de San José en el círculo central.

Patada a seguir

El trío Yeray-Núñez-Iñigo se ocupó de anular a En Nesyri y Carrillo, las torres que ocupan el frente del ataque madrileño. Apenas hubo apuros, si bien trabajo no les faltó. En la zona comprendida entre ambas áreas se organizó, por decir algo, un monumental atasco alentado por la presión mutua y levemente aligerado por Eraso, que ligó a menudo con el lateral Juanfran. Eso en lo que respecta al Leganés, pues por parte del Athletic salvo Córdoba nadie intentó asociarse o conducir a ras de césped. Las combinaciones del Athletic se desarrollaron a cincuenta metros de Cuéllar, con la participación estelar de centrales y laterales, que no tuvieron ningún reparo en recurrir al envío en largo para progresar, lo que en rugby se conoce por patada a seguir. Que hubiese o no un compañero para recibir fue secundario.

Se trataba de mantener al Leganés lejos, de aislar a sus puntas, que no tuviesen suministro, sobre todo gracias a la estrategia, objetivo que se cumplió a rajatabla. Con semejante panorama, el cero a cero se antojaba inevitable. Sin embargo, el azar se alió con el Athletic que hasta el último pitido redobló las precauciones, cedió metros y pelota, confiado en su contundencia y organización. El paso de los minutos le fue cargando de razones, su área era coto vedado para el Leganés que fue paulatinamente asumiendo riesgos con las entradas de Braithwaite y El Zhar. Las maniobras de Pellegrino fueron estériles, aunque El Zhar sembró una pizca de inquietud con su individualismo.

Poca dinamita para volar un muro realmente sólido. Lo prueba que Herrerín permaneciese inédito en su regreso a Butarque, una estación que hasta la fecha no había deparado alegrías al Athletic. Ayer cambió el signo, la idea con la que viajó Garitano se plasmó en lo sustancial. Quería sumir al Leganés en la impotencia y no solo se salió con la suya sino que encima no le dejó ni las migas. Quizá lo más justo hubiera sido el empate, pero volvió a comprobarse la rentabilidad de un planteamiento muy conservador si se ejecuta sin errores. Europa queda ahora a un paso.