Bilbao - Antes de que acabe el día se hará oficial la identidad del presidente y la directiva que conducirán el Athletic los próximos cuatro años. Durante la larga jornada que se vivirá en el Palacio Ibaigane, el socio optará por uno de los dos candidatos que con su deseo de suceder a Josu Urrutia han hecho posible la celebración de elecciones. Alberto Uribe-Echevarría y Aitor Elizegi han asumido una responsabilidad cuya dimensión trasciende el ámbito estrictamente deportivo, por cuanto aspiran a representar y gobernar una institución que goza de un arraigo sin igual en la sociedad vizcaina.

Por tanto, cada una de las 41.354 almas en posesión del carnet rojiblanco con derecho a voto, contrae también una obligación moral al depositar la papeleta en la urna. De la voluntad que exprese con su voto dependerá en buena medida el futuro del club en una época que se augura complicada de gestionar a causa de la evolución del mundo del fútbol. En el mandato anterior ya se han padecido las amenazas y riesgos que se ciernen sobre una institución que pretende continuar fiel a un modo singular de ser y de funcionar. El futuro inmediato discurrirá por idéntica senda, no se prevé en el corto plazo que vaya a pinchar el globo de los millones que alumbra el fútbol, lo que examinará el pulso, el criterio y la perseverancia de quien tome las riendas del Athletic.

Fue en 2011 cuando se celebraron los anteriores comicios y pese al tiempo transcurrido y a las diversas voces que reclamaban nuevas elecciones, tras el anuncio de Urrutia de que no seguiría se hizo el silencio. No estuvo claro que se fuese a retirar el precinto de las urnas, los rumores apuntaban más bien a un relevo técnico. Finalmente se confirmó la existencia de una plancha nacida del seno de la directiva vigente y solo unas horas después saltó a la arena otro socio que previamente había amagado con dar el paso y luego reculó.

Listo, a falta del trámite de las firmas, la ansiada campaña era una realidad y quedaba así garantizado el debate de ideas e iniciativas, el contraste de programas y de mensajes, un escenario que, a decir de muchos, beneficiaría al club. No obstante, la primera cuestión que se planteó versó sobre los requisitos económicos que conlleva el proceso electoral (el aval del 15% del presupuesto) y el desigual punto de partida de los precandidatos en el uso de las finanzas del club. Dos asuntos marcados por la legislación que generaron una polémica no exenta de acritud.

Por ahí comenzaron unas hostilidades que no se atemperaron e incluso fueron subiendo de tono entrelazándose con otros temas. A nadie se le escapa la importancia del dinero y en este caso se da la circunstancia de que la Ley del Deporte otorga a la plancha de Uribe-Echevarría un considerable margen de maniobra para gestionar (fruto de la labor desarrollada por la directiva de la que formaba parte) del que no puede beneficiarse ningún aspirante a la presidencia ajeno al mandato anterior.

tácticas La norma es nítida, pero Elizegi ha insistido en utilizarla como arma arrojadiza contra su rival y, en un afán vano por relativizar su desventaja, se atrevió a cuestionar datos auditados que Uribe-Echevarría elaboró en calidad de contador. Una táctica cuando menos curiosa porque es precisamente el ejercicio de su responsabilidad en el área económica durante ocho cursos, el principal crédito del economista bilbaino de cara al socio.

En una campaña de perfil bajo, Uribe-Echevarría ha establecido una cierta distancia respecto a la figura de Urrutia a sabiendas de que su gran baza estriba en un balance inmaculado en materia tan sensible como es la economía. Su proceder en estos ocho años, traducido en 300 millones de beneficio acumulado, asoma como garantía a los ojos de un electorado que ha asistido a un cruce de ofertas y promesas que se apoyan básicamente en el voluntarismo. La mayoría de las ideas expuestas como novedades, ya sean de índole deportiva o social, se han enunciado desde la ilusión, el amor a los colores y la promesa de una plena dedicación. En este sentido, estas elecciones no se alejan en exceso de las políticas. Por supuesto, todo lo que ha salido de los diferentes portavoces de las planchas anuncia mejoras aquí y allá, optimización de recursos y audiencia sin cortapisas para el socio.

Elizegi es consciente de que sus probabilidades pasan por aglutinar el descontento, sea cual sea y por el motivo que sea. Sin censuras muy directas a Urrutia, aunque un buen día le tildó de “iluminado”, ha querido tejer complicidades con sectores del cuerpo social sin conexión entre sí, lo que le ha hecho incurrir en contradicciones flagrantes, por ejemplo en el delicado asunto de la filosofía. Tampoco estuvo muy atinado al abordar el manido tema de la animación en el campo, pues una grada exprofeso supone mover a miles de socios de su localidad actual.

Elizegi se ha esforzado en llegar a mucha gente y ha hecho ruido, pero ha sido poco cuidadoso en los contenidos de su propuesta, mientras que Uribe-Echevarría no se ha apartado de un guión presidido por la prudencia, acaso porque conoce la casa por dentro y sabe cuál es la distancia que separa el deseo de la realidad en que se mueve el fútbol y dentro de él, el Athletic.