bilbao - Fue una de las primeras decisiones que tomó José Ángel Ziganda a los pocos días de ser presentado, el pasado mayo, como nuevo entrenador del Athletic. El de Larraintzar dio el visto bueno a una petición de la dirección deportiva. Se trataba de activar o renunciar a la opción de renovar el contrato de Enric Saborit (Barcelona, 27 de abril de 1992) por una temporada más. El lateral no había dado el salto cualitativo que se esperaba de él y su irregularidad generaba cierta incertidumbre. Ziganda, en cambio, se inclinó por darle una nueva oportunidad. Manejaba datos propios para confiar en el canterano, que recaló en Lezama en edad cadete. Era el último tren para Saborit, consciente de que se la jugaba en su deseo de tener más recorrido como rojiblanco a corto y medio plazo.
Ziganda se exponía con un futbolista al que rescató para el Bilbao Athletic en el verano de 2015, después de que su cesión en el Mallorca no fuera tan fructífera como se intuía. El barcelonés recorrió esa campaña en Segunda División solo 17 partidos en las filas del club bermellón. Saborit, que ya había comparecido durante cinco encuentros en la primera temporada de la segunda etapa de Ernesto Valverde, necesitaba un nuevo estímulo, sobre todo porque no entraba de nuevo en los planes del Txingurri. Con todo, el lateral no dio todo el punto competitivo que se esperaba, lo que causaba sorpresa entre sus defensores.
El fútbol da muchas vueltas y Saborit vive su pico más alto desde que ejerce como león. La lesión de Balenziaga, que se rompió en el derbi ante la Real y cuyo regreso no se intuye cercano, le ha dado un nuevo margen para reivindicarse, merced a la confianza de Ziganda. El defensa, que ha ganado músculo defensivo, se ha conjurado y ha cumplido en sus prestaciones, hasta el punto de gozar de su mayor continuidad desde que es futbolista del primer equipo. Es la primera ocasión desde que debutara hace cuatro años y medio en que presume de seis partidos consecutivos, los cuatro últimos como titular, un matiz que le sirve de estímulo y de referencia para demostrar su valía pese a que debe corregir algunos desajustes.
Saborit es consciente de que el reloj corre en contra. Su contrato expira el próximo 30 de junio y la semana pasada conoció el fichaje del rumano Cristian Ganea, que puede ejercer tanto en el lateral izquierdo como en una posición más adelantada. La incorporación del aún jugador del Viitorul y formado en el fútbol vizcaino no es una buena noticia para él e incluso lleva un mensaje: el club ha querido reforzar ese puesto, con lo que no deja en buen lugar a los que han pujado al mismo por detrás de Balenziaga, habitual y fijo para Valverde y Ziganda.
El futuro, por tanto, de Saborit, que el viernes rindió a un buen nivel en Getafe, está en el aire. El propio jugador lo confirmó la semana pasada: “No estoy hablando (sobre su renovación), pero estoy tranquilo. Disfruto de estar jugando. Estaría encantado de seguir, pero esto es fútbol. Mi intención al cien por cien es continuar”. Para ello, debe confirmar su salto y esperar a la decisión del club.