bilbao. La inesperada presencia de Llorente en la alineación inicial en Riazor, donde volvió a marcar después de siete meses, eclipsó en cierta medida la actuación del equipo justo el día en que el rendimiento global alcanzó uno de los picos más elevados de la temporada. Resulta incuestionable el impacto que obtiene todo lo relacionado con el ariete, tanto en el plano mediático como en el ánimo del sensibilizado entorno del club. Llega incluso a desviar la atención de lo sustancial, que en este caso sería el comportamiento colectivo en una cita muy delicada. Como no podía ser de otro modo, pues en definitiva la decisión de que Llorente juegue o deje de hacerlo le compete en exclusiva, también Bielsa se ve salpicado por esta cuestión y sucede que con sus explicaciones abona la especulación, deja flotando un interrogante de cara al futuro inmediato, incluso contribuye a que la madeja se enrede más. No obstante, si el mensaje del técnico se lee entre líneas habría que inclinarse por pensar que Llorente se perfila como el elegido para afrontar como titular lo que queda de campeonato de Liga.
La posibilidad de que Llorente le tomase la delantera a Aduriz para estos seis partidos cobra sentido si ahora el argumento de mayor peso en el análisis de Bielsa es que Llorente mejora su aportación jugando de inicio al ser incapaz de "asimilar el ritmo del juego" con el partido en marcha. Causa extrañeza que Bielsa haya necesitado una temporada casi completa para caer en la cuenta de que quien fuera estandarte del ataque rojiblanco tiene dificultades para aprovechar esa media hora que, por regla general y con indiscutible generosidad, le ha otorgado en innumerables encuentros oficiales. Pero como nunca es tarde para rectificar, después de tanto experimento en vano habría llegado, a su juicio, el momento de abordar un planteamiento distinto en la gestión del puesto de delantero centro.
Desde luego los hechos conducen a la conclusión que enuncia el técnico, puesto que desde agosto hasta bien entrado el mes de abril son 23 las veces que Llorente se ha incorporado a un partido en la segunda parte y, aparte de que sólo anotó gol en una de ellas, es palmario que prácticamente en ninguna otra mejoró la situación del equipo, más bien fue al revés. Quizás la verdad completa para justificar la reiterada condición de suplente otorgada a Llorente salga de reconocer que Aduriz ha sido tan importante para el Athletic que cuestionar su jerarquía era absolutamente ridículo. Los veinte puntos en que se han traducido los goles del donostiarra ahorran mayores disquisiciones al respecto.
AVALES Partiendo de la reflexión anterior, confiar en que Llorente sea más fiable que Aduriz para encarar las seis jornadas que restan de campeonato es mucho confiar. Con el equipo jugándose el pellejo, mientras las matemáticas no digan lo contrario, bien está contar con alternativas ofensivas, sobre todo ante las dificultades que para los rojiblancos entraña subir goles al marcador, pero a Aduriz le avalan su trayectoria, su índice de efectividad y el papel que ha asumido en un grupo deprimido y huérfano de inspiración. Desde luego que Aduriz no es el mismo que hace dos o tres meses, el desgaste de la competición le ha pasado factura y su puntería se ha resentido, aunque no haya desentonado, menos si se le compara con otros habituales en el once. De Llorente no cabe decir algo similar: ha invertido la cuarta parte de sudor y tensión sobre la hierba que su competidor directo y lógicamente goza de una mayor frescura física, faltaría más.
Al respecto de este tema, Bielsa ya dejó caer su opinión después de perder con el Real Madrid: "La forma física de Llorente es de las mejores que ha tenido durante mi estancia aquí, pero el estado de forma futbolístico sí está mermado en relación a que no compite con la regularidad de la parte más importante de su carrera. Para alguien de noventa kilos la falta de competición tiene influencia". Estas palabras servirían para entender por qué contra el Deportivo fue titular Llorente por segunda vez en el curso de una semana. A su vez, la decisión apuntaría a que, de repente, Bielsa pretende que adquiera el tono que no ha tenido. El problema es que lo hace a costa de Aduriz, que se ve relegado al banquillo, dado que con un ariete es suficiente en el dibujo táctico del argentino. Existe además un dato más que refuerza esta hipótesis en favor de Llorente: Aduriz llegaba descansado a Riazor por cuanto causó baja por sanción en la cita con los merengues.
Un tercer aspecto que jugaría en contra de Aduriz es que Bielsa le quitó a los 13 minutos de que supliese a Llorente para reajustar el equipo tras la expulsión de Iturraspe. Si hay que defender con diez, conviene hacerlo con los diez que más defienden y pocos como Aduriz para tal labor en el juego aéreo, presumible recurso del Deportivo en ese tramo, o para aguantar la posesión y desahogar. Esa falta de remilgos para descartar al mejor de la plantilla es tan significativa como el posterior déficit de elocuencia en un orador tan fino como Bielsa: equiparar este episodio con el que protagonizó con Iker Muniain en el choque ante el Granada es inaceptable porque el navarro hizo méritos para ser retirado, pero Aduriz no dio motivo alguno y no se merece semejante trato.