Aunque tarde, muy oportunamente asomó una de las mejores versiones del Athletic en muchísimo tiempo. Jugó el equipo de Marcelo Bielsa para ganar, debió hacerlo después de haberse mostrado muy superior en todo momento al resucitado Deportivo, pero se tuvo que conformar con un empate, resultado que obedeció principalmente al nulo aprovechamiento del gran caudal de fútbol ofensivo desplegado en Riazor. Fue un continuo ir hacia el área de Aranzubia, especialmente en la primera mitad, borrando del terreno al anfitrión que se tuvo que retirar encantado a la ducha después de haber logrado puntuar con un único remate de fundamento. La descompensación que reflejó el marcador atendiendo a la producción ofensiva de cada equipo fue exageradísima, desesperante desde la óptica rojiblanca. Ayer tuvo el Athletic la gran ocasión para haber dejado prácticamente zanjado su objetivo de procurarse tranquilidad y se le escurrió de mala manera, si bien queda el consuelo de ver que lo apuntado en jornadas precedentes ante Sevilla y Real Madrid tuvo prolongación y algo más, puesto que salvo en los metros finales hay que hablar de una actuación muy completa, tan convincente que Iraizoz quedó inédito.

La segunda tarjeta mostrada a Iturraspe, quien cometió una falta que en absoluto era merecedora de semejante castigo, puso una inesperada dosis de tensión en los diez últimos minutos. Esta circunstancia, que tampoco implicó mayores agobios en defensa, impidió probablemente que el Athletic lanzase su carga final, con Aduriz e Ibai, frescos, recién incorporados, pero no cabe achacar a la misma el frustrante desenlace registrado. La opción de triunfo se desperdició previamente, cuando el equipo monopolizó la posesión e imprimió tal ritmo que obligó al Deportivo a volcarse en tareas de contención. Ni siquiera lo hizo bien el conjunto gallego, pese a replegarse con descaro, pero en definitiva pudo salir con vida del envite gracias a que enfrente se empeñaron en destrozar todos los avances, uno detrás de otro.

Percutió el Athletic como en los viejos tiempos, no tan viejos en realidad, pero bueno, son ya muchos meses sin transmitir la soltura en la distribución y los desdoblamientos vista en la bombonera coruñesa. Con personalidad, con un Iturraspe que se hinchó a tocar y borró del terreno a Valerón, la referencia del Deportivo, y con una banda derecha incisiva a más no poder, donde volvieron a entenderse un veloz Susaeta y un Iraola siempre dispuesto a colaborar, hicieron auténticos destrozos en la estructura rival. Fue un baño en toda regla, pero pudo parecer otra cosa porque casi siempre faltó el remate, en la mayoría de las veces por no levantar la cabeza y servir en condiciones o por errónea colocación de Llorente.

El ariete fue la sorpresa de la alineación. No lo hizo mal, pero tampoco bien. Marcó el gol y dispuso de media docena de situaciones para ampliar su cuenta, la más nítida cumplida la hora. Ahí no acertó a embocar un doble remate con el Deportivo al aire, descolocado, panza arriba. Entre la madera y el cuerpo de Aranzubia y luego de un central el 1-2 de marchó al limbo. Fue sin duda la acción del partido porque sirvió además para neutralizar un amago de reacción del Deportivo a la vuelta del descanso. Luego, el cansancio de Llorente resultó evidente, pero Bielsa tardó demasiado en cambiar. También Herrera, a cesión de Llorente, contó con un balón franco para sentenciar a un enemigo que se limitaba a perseguir en vano el esférico.

EL COLMO Sin embargo, fue en la primera mitad cuando el Athletic generó fútbol hasta hartarse. En este período, saldado con tablas, se plasmó la desgracia de un grupo que fue acumulando méritos minuto a minuto sin obtener ningún fruto. El colmo fue cuando una de las escasísimas pérdidas en campo propio permitió a Bruno Gama agarrar un chutazo desde la frontal que adelantaba a los suyos. Era el único intento local y establecía un desequilibrio que era como para tirarse de los pelos. Por fortuna, no se hizo esperar en exceso la igualada, para lo que fue necesario que el centro tuviese su origen en la franja central. En vez de profundizar como había venido siendo la tónica hasta ese instante, apurando hasta pisar la línea de fondo, Iraola eligió la alternativa de templar desde lejos y Llorente, con un leve desvío de cabeza, la puso fuera del alcance de Aranzubia.

Era lo mínimo a lo que había aspirado el Athletic, que había metido en los dominios del portero riojano no menos de una docena de balones, en todos los casos con ventaja del centrador. De esa reiteración se sacó un remate Muniain, frustrado por la ágil salida de Aranzubia, y tres remates defectuosos de Llorente, emperrado en buscar el primer palo. El resto de las jugadas no halló un finalizador. La sensación de autoridad persistió después, quizás con menos claridad, pero sin que el Deportivo pudiese discutir la iniciativa. Estaba temeroso, albergaba motivos, pues era incapaz de impedir las colección de pases de un Athletic que tenía todas las de ganar. Solo faltaba una pizca de puntería.

Prueba de que todo apuntaba al éxito rojiblanco fue que Vázquez suplió a Valerón con Assunçao, un perro de presa para la zona ancha. Quedaban veinte minutos y la tónica se mantenía, pero entonces llegó la broma pesada de Pérez Montero, cuya mala conciencia afloró en el modo en que dejó que el tiempo añadido se consumiese sin que apenas rodase el balón. Había cercenado la ambición del Athletic dejándole en inferioridad y Bielsa, que de nuevo tardó en reaccionar, no tuvo más ocurrencia que a uno del noventa retirar al recién incorporado Aduriz para asegurar con San José. Las explicaciones posteriores del argentino también le delatan a él. Un tirito desde la lejanía de Gama fue cuanto extrajo el Deportivo de tan favorable coyuntura. Lógicamente, enfrente se tentaron la ropa, no era cuestión de que aquello terminase en desastre.

Ayer, la nula profundidad del cuadro gallego, una constante que habla muy bien de la intensidad y concentración exhibidas por los visitantes, alcanzó a la postre idéntico valor que la verticalidad de Susaeta, De Marcos y compañía. El Athletic regresó a Bilbao cariacontecido. Hizo mucho más de lo imprescindible para alzarse con la victoria a su paso por un Riazor lleno hasta la bandera y se tuvo que contentar con acariciar, sobar y resobar un botín que llevaba impreso su nombre. Haber cortado la inercia de derrotas se antoja un premio muy escaso y además le obliga a perseverar con idéntica dedicación en jornadas venideras.

DEPORTIVO: Aranzubia; Manuel Pablo, Aythami, Kaka, Silvio, Juan Domínguez, Alex, Gama, Valerón (Min. 71, Assunçao), Pizzi y Riki (Min. 87, Nelson Oliveira).

ATHLETIC: Iraizoz; Iraola, Gurpegi, Ekiza, Aurtenetxe, Iturraspe, De Marcos, Herrera, Susaeta, Muniain (Min. 76, Ibai) y Llorente (Min. 76, Aduriz; Min. 89, San José).

Goles: 1-0: Min. 38; Bruno Gama; 1-1: Min. 44; Llorente.

Árbitro: Pérez Montero (comité andaluz). Del Deportivo, mostró tarjeta amarilla a Riki (Min. 59). Por parte del Athletic, expulsó por doble amarilla a Iturraspe (Min. 32 y 81) y amonestó a Herrera (Min. 23), Susaeta (Min. 50) y Ekiza (Min. 91).

Incidencias: Cerca del lleno en Riazor.