POR una vez en lo que va de temporada, Fernando Llorente no fue el más pitado por las gradas de San Mamés. El dudoso honor recayó en Cristiano Ronaldo, un artista con el balón, que volvió a ser el mejor sobre el césped de La Catedral, pero que con su actitud y su soberbia levantó las críticas de una afición que entiende de señorío y de buenas maneras que, precisamente, le faltan al astro portugués. Y eso que decían que el 7 del Real Madrid había sentado la cabeza esta temporada, que había dejado lo extradeportivo fuera de su forma de actuar. Pero es que, vistos los antecedentes y lo ocurrido anoche en el último clásico sobre el viejo San Mamés, parece que a Cristiano le pone tener a la afición en contra. Como si rindiera un poco más, y solo con ese plus, él solo se bastó para sostener a su equipo, que, como le ocurre al Barça con Messi, sin su participación baja muchos enteros. Todos rotan menos él.

Nada más arrancar el encuentro, cuando el cronómetro no había llegado al primer minuto, una falta inocente de Herrera a Cristiano cuando este se encontraba de espaldas a la portería, sirvió en bandeja la primera oportunidad de gol para los hombres de José Mourinho. Y sin tiempo para entrar en calor, la estrella madridista lanzó de forma impecable la falta. Gorka Iraizoz se estiró, pero para mejorar la instantánea. El Athletic no había pasado de medio campo y ya iba en desventaja. Ramalho, el hombre destinado a bailar con la más fea, no había tenido tiempo de entrar en contacto con el portugués. Luego, el sustituto de Iraola en el lateral derecho, se mostró seguro y valiente para sumarse al ataque hasta que le duró la gasolina, como el resto de sus compañeros, que mostraron una versión mucho más intensa y solidaria que la mostrada en la mayor parte de los partidos de este curso.

Protegido por Teixeira Vitienes (el hermano menor lleva camino de hacer bueno al mayor), que no permitió que el portugués sufriera contacto alguno por parte de los jugadores rojiblancos, la parroquia bilbaina fue aumentando su ira sobre Cristiano, que con los dos tantos de ayer suma ya diez los conseguidos ante el Athletic. Nadie discute su calidad, pero anoche se volvió a llevar la bronca de La Catedral por detalles y gestos que sobran en todos los jugadores, pero más en el que es considerado por muchos como uno de los mejores futbolistas de los últimos tiempos, ya que debería ser un ejemplo de fair play. Aunque mucho tiene que cambiar para que en Bilbao se le aplauda.

pique con aurtenetxe Tras el paso por los vestuarios, el Real Madrid dio un paso adelante y de nuevo apareció Cristiano. Antes de anotar el 0-2 de un bonito testarazo en el que ganó la partida claramente a Ramalho, el delantero portugués se las tuvo con Aurtenetxe. El lateral rojiblanco cargó con fuerza al de Madeira y este, tras varios aspavientos, se levantó y señaló al de Amorebieta con la mano de forma desafiante. Poco después, en una jugada en el que el 7 blanco cayó a la banda derecha, fue al choque cuando el balón ya se perdía por la banda para devolver la caricia al jugador rojiblanco. La versión más polémica del segundo máximo goleador de la Liga (lleva 31 tantos), que dio paso a su faceta más genial al servir en bandeja en tercer gol de la noche a Higuaín tras una buena maniobra en el borde del área.

A once del final, con la victoria en el bolsillo, Mourinho decidió reservar a Cristiano. El entrenador portugués, que ayer no entró en polémicas, era consciente de la despedida que la afición del Athletic iba a dedicar a su jugador. Una sonora pitada, la última que recibirá en el viejo San Mamés, ante la que el receptor de los silbidos respondió aplaudiendo y sonriendo de forma irónica. Cristiano puede estar tranquilo, en las próximas temporadas, si es que continúa en Madrid, habrá un campo en Bilbao con trece mil espectadores más que le podrán silbar e insultar, lo que tanto le pone.