bilbao. Pasó lo que tenía que pasar. Venció el Real Madrid y lo hizo con holgura, al menos eso es lo que dice el marcador, fruto de su portentosa pegada y un contrastado potencial físico. Sin embargo, el desarrollo del encuentro respondió a unas expectativas que seguramente muy pocos albergaban. El Athletic apechugó con la losa de verse retrasado desde el primer minuto y se marcó una actuación esperanzadora, ilusionante, practicando un fútbol que se ha echado de menos durante todo el año. Tuvo personalidad, fe en sus armas y entereza para plantear serios problemas al once de gala que puso en liza Mourinho. A lo largo de muchos minutos aspiró con legitimidad a un desenlace positivo, no tanto por su producción ofensiva, bastante limitada, como por su modo de manejar el esférico, con gracia, soltura y mucha intención. Todo lo cual no le cundió en los metros finales, pero puso al Madrid en guardia y le abocó a remangarse. Se dirá que el enorme esfuerzo y la aplicación de los rojiblancos fueron en vano, pero siempre es preferible perder con la cabeza bien alta. Anoche, el Athletic de circunstancias que diseñó Marcelo Bielsa funcionó como un grupo reconocible mientras tuvo opciones de puntuar y también luego, aunque terminase muy castigado.

Por si acaso Mourinho no se dejó nada en el tintero, puso a los mejores que tiene salvo a Casillas. Ni la más mínima concesión de entrada el día en que el Athletic aparecía más desfigurado que nunca. No es que ayer hiciese falta ningún signo premonitorio o detalle que incidiese en el vaticinio del pronóstico, pero las intenciones originales del Madrid fueron cristalinas, tanto como el indisimulado exceso de tensión de un anfitrión que saltó al verde tratando de explotar la baza anímica con la colaboración de un grada encendida y especialmente sensible hacia la figura de Cristiano Ronaldo. El problema estuvo en que el luso salió muy puesto, confirmando que la pizarra de su compatriota no era una pose. Encima, tuvo Herrera la mala ocurrencia de cometer una falta evitable en una zona ideal para que el astro blanco exhibiese sus habilidades con el empeine derecho. Para el minuto uno ya tenía el Madrid el partido donde quería. El severo contratiempo precisó de un puñado de minutos para ser digerido por un Athletic cuya aceleración era patente. Menudearon los errores en entregas y controles, mientras enfrente se limitaban a esperar. Esa actitud contemplativa combinada con la laboriosidad del Athletic propició un amplio tramo de partido donde el balón estuvo más tiempo en las botas locales y en terreno visitante.

En ese crecimiento resultó clave Herrera. Tras su habitual cuota de pases a ninguna parte, empezó a aparecer por todos lados, dinamizando las combinaciones, preferentemente por el flanco derecho, a donde caía Muniain y por donde se incorporaba valiente Ramalho. En el minuto 20, Herrera atravesaba la divisoria y servía en ventaja a Susaeta, cuyo remate raso y cruzado repelía la manopla de Diego López. San Mamés vibraba con la reacción, el equipo iba cogiendo confianza a cada minuto. San José, Iturraspe y Muniain, enredando entre líneas con criterio, iban agregando sus aportaciones a la distribución de una pelota que andaba con fluidez sin que el Madrid acertase a poner el freno.

La única pega estuvo arriba del todo, cerca del área las ansias ofensivas se nublaban. También es verdad que el rival optaba por el repliegue, acumulando efectivos e impidiendo un tráfico mínimamente fluido. Así todo, Susaeta la tuvo tras un robo de Iturraspe, pero Di María llegó a tiempo para desequilibrar lo justo al delantero en el instante de remate. Luego, fue Herrera quien probó suerte desde la frontal y, aunque el árbitro no se percató, Diego López desvió lo justo. En medio de estas aproximaciones, Di María disfrutó de una oportunidad inmejorable que estrelló en el larguero. Fue casi el único síntoma de vida que ofreció el Madrid, forzado a trabajar en la contención, sin que Modric y Xabi Alonso interviniesen en la creación.

SIN COMPLEJOS El descanso llegó en plena pitada al árbitro por haber señalado como falta una disputa a la carrera de Llorente y Pepe, que se fue al piso en cuanto sintió el contacto del ariete, quien apenas pudo lucir, muy flojo en el plano físico. La ausencia de suministro, con un Ibai poco lúcido en sus centros, permitió que los centrales apenas se viesen exigidos, no así el resto de los merengues, poco acostumbrados a la brega que propuso el anfitrión, con sus laterales proyectados muy arriba y todos muy concentrados para ayudar al compañero, así como para efectuar la presión y el robo. Más que digna la primera mitad rojiblanca. Verse en desventaja no amilanó al conjunto de Bielsa, que durante mucho rato hizo las cosas que sabe con un índice de acierto muy estimable, desprovisto de todo complejo, alegre y al mismo tiempo prudente para evitar sorpresas desagradables. Seguía mandando el gol de Cristiano, pero la posibilidad de que fuese neutralizado planeaba a los ojos de la concurrencia, cada vez más feliz con el comportamiento de los suyos.

La reanudación arrancó con un breve show de niño mimado a cargo de Cristiano y con una grave omisión del colegiado, a quien Xabi Alonso dio motivos sobrados para que se echase la mano al bolsillo. El guipuzcoano saltó con el codo por delante y arrolló a San José. Era amarilla, como mínimo, y por lo tanto debería haber tomado el camino de la ducha, pero? Enseguida contó Benzema con un balón ideal para hacer el segundo e Iraizoz replicó con eficiencia. Fue un lapsus, un paréntesis en una tónica que prolongaba lo presenciado previamente. El Athletic perseveró en su intento por elaborar, salir tocando, progresar con sentido común.

De nuevo fallaba la culminación, el pase que concediera una opción para exigir a Diego López. De todos modos, el Madrid también dio un paso al frente, no quiso pasar más tiempo a verlas venir y dispuso de más y mejores posesiones. Ahora ya sí asomaban Modric y compañía, Marcelo subía, ya era otra cosa, al Athletic tenía que invertir más gasto para recuperar y salir de su campo. Consciente de ello, Bielsa quiso refrescar la banda derecha, pero entonces cayó el 0-2. Toquero e Iraola saltaron después de que Cristiano se elevase para conectar una falta templada por Xabi Alonso.

Fin de la historia. La probabilidad del empate se esfumó y el cansancio empezó a aflorar en las filas de un Athletic que ya no pudo sino poner su máximo empeño para evitar un estropicio, un marcador que no reflejase con cierta fidelidad su encomiable rendimiento. No pudo ser. Higuaín, ese cazador, anotó el tercero enseguida. Los espacios se iban agrandando, perseguir el balón empezaba a ser un martirio, los de Mourinho campaban a sus anchas y hasta buscaban el lucimiento personal. No quedaba combustible para impedir que el rival exhibiese su repertorio técnico, pero el Athletic había cumplido.

ATHLETIC: Iraizoz; Ramalho (Min. 68, Iraola), Ekiza, San José, Aurtenetxe, Iturraspe, Herrera, Muniain (Min. 80, Morán), Susaeta, Ibai (Min. 68, Toquero) y Llorente.

REAL MADRID: Diego López; Sergio Ramos, Albiol, Pepe, Marcelo, Xabi Alonso, Khedira, Modric, Di María (Min. 60, Callejón), Cristiano Ronaldo (Min. 79, Morata) y Benzema (Min. 70, Higuaín).

Goles: 0-1: Min. 1, Cristiano Ronaldo; 0-2: Min. 68, Cristiano Ronaldo; 0-3: Min. 71, Higuaín.

Árbitro: Teixeira Vitienes I (comité cántabro). Por parte del Athletic, amonestó a Muniain (Min. 59), Iturraspe (Min. 65) y Toquero (Min. 74). Por parte del Real Madrid, mostró tarjeta amarilla a Modrid (Min. 17) y Xabi Alonso (Min. 40).

Incidencias: San Mamés rozó el lleno en el último clásico antes del cambio de campo. Hasta el minuto 10 de partido no entró parte del fondo Norte para reclamar justicia en el caso de la muerte de Iñigo Cabacas, que falleció hace un año tras recibir el impacto de una pelota de la Ertzaintza.