Un nuevo campo de refugiados escenifica el desprecio de la UE a los migrantes en Grecia

Pese a que mejoran las condiciones de vida, son instalaciones cerradas, rodeadas de alambre de espino, con muchas cámaras y altas vallas que aumentan su aislamiento

19.09.2021 | 01:04
Migrantes desembarcan en la isla de Samos, Grecia, en octubre de 2019. Foto: Efe

atenas – El primero de los cinco campos de refugiados cerrados, con vigilancia reforzada y aislados de la población local que Grecia va a construir en las islas del Egeo con financiación europea fue inaugurado ayer en la isla de Samos.

El llamado Centro Polivalente de Acogida e Identificación (MPRIC), viene a sustituir a los Centros de Recepción que se crearon a raíz de las llegadas masivas de solicitantes de asilo en 2015, muy criticados por el hacinamiento y la insalubridad que los ha caracterizado.

Aunque el más conocido fue Moria, destruido el año pasado en unos incendios, el de Samos no es muy diferente. Tiendas de campaña, chabolas, montañas de basura y ratas entre olivares son la imagen más característica de un lugar pensado para acoger a menos de 700 personas, pero cuya capacidad se llegó a superar unas diez veces.

"El nuevo centro controlado y cerrado ofrece condiciones de vida mucho mejores. Está fuera del tejido urbano y se han incrementado las medidas de seguridad para proteger a los beneficiarios, los trabajadores pero, también, a las comunidades locales", aseguró ayer a la televisión pública griega ERT, frente a las puertas del centro, el ministro de Migración griego, Notis Mitarakis.

Aunque en la inauguración del centro quedó claro que las instalaciones son más completas y ordenadas, no faltaron las críticas por el aislamiento y control al que se verán sometidos los refugiados a partir de mañana, cuando las primeras 500 personas serán trasladadas allí.

En sus 62 hectáreas brilla la presencia de habitaciones con calefacción y aire acondicionado, suficientes aseos, duchas, lavadoras, agua corriente e incluso una cancha de baloncesto, todo ello imprescindible pero inexistente hasta ahora. Sin embargo, también destacan las omnipresentes cámaras, las altas vallas y el alambre de espino que rodea las instalaciones.

vigilancia y sanciones Las puertas estarán cerradas de 8 de la tarde a 8 de la mañana y aquellos que no se presenten antes del cierre podrán sufrir medidas disciplinarias. Estarán controladas por decenas de agentes de policía y seguridad privados y todas las personas alojadas contarán con un pase electrónico. En teoría, los hasta 3.000 refugiados que pueden vivir en el centro no estarán completamente aislados, pero dependerán de los cuatro autobuses al día que de momento pasan por ahí. "El nuevo centro es la ilustración perfecta de la política de la Unión Europea en materia de migración: retener y detener a personas que huyen de la violencia y castigarlas por querer estar a salvo. Es una vergüenza", lamentó Patrick Wieland, coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Samos.

El anterior Gobierno griego, liderado por el izquierdista Syriza, fue muy criticado por las condiciones inhumanas en las que mantuvo a miles de personas en estas islas, algo que muchos vieron como una política disuasoria. Nueva Democracia por su parte ha reconocido esta estrategia y, ante la crisis en Afganistán, ha reforzado su misión de no volver a pasar por una crisis como la de 2015.

El ministerio de Migración ha preparado una campaña para desanimar a los afganos que quieran huir de los talibanes en Grecia, por valor de unos 73.000 euros, con financiación propia y europea. Muestra sin pudor en redes sociales y prensa afgana el futuro que pueden esperar si deciden entrar a Grecia de forma ilegal y solicitar protección internacional.

La UE ha dedicado de momento a la sustitución de los centros de recepción del Egeo 276 millones de euros. Con ellos, además del de Samos, se abrirán campos cerrados en las islas de Kos y Leros y, en otoño de 2022, en Quíos y Lesbos, donde a pesar de la carga de acogida los trabajos de construcción aún no han comenzado.

"La UE detiene y retiene a personas que huyen de la violencia y les castiga por querer estar a salvo. Es una vergüenza"

Patrick Wieland

Coordinador de MSF en Samos

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