Diez días tras el derrumbamiento

Recelo, dudas y cautela entre los vecinos de Ermua, Eibar y Zaldibar

Los 46.000 habitantes de Ermua, Eibar y Zaldibar viven sus primeras horas bajo la alerta por dioxinas y furanos

16.02.2020 | 06:15

Podía parecer, a simple vista, una mañana cualquiera de sábado en Ermua. Por sus calles caminaban personas ultimando recados, algunos tomaban el aperitivo en las terrazas, grupos de niños jugaban con bicicletas y balones en el frontón... Pero la preocupación, la cautela y la desconfianza por la alerta que lanzó el viernes el Gobierno vasco por la contaminación del aire con dioxinas y furanos era palpable en cada esquina. "¿Cómo no vamos a estar preocupados? No tenemos información", se lamentaba Nagore Izaguirre. "La que nos llega es muy contradictoria: unos dicen que todo está bien, otros que todo muy mal...".

La falta de información era, precisamente, una de las quejas más recurrentes entre los vecinos de Ermua, que prosiguen con su día a día sin caer en el alarmismo ni la histeria. Ni aquí ni en la vecina Zaldibar se veía a gente con mascarilla. De hecho, había varios cicloturistas y mendizales que no perdonaron su habitual paseo matutino, pese a la recomendación del Gobierno vasco de no realizar actividades físicas al aire libre.

La animada calle Zubiaurre mantenía ayer su actividad, con muchas personas disfrutando de sus terrazas y comercios, aunque había quien afirmaba que estaba menos concurrida que otros fines de semana -"el pueblo está vacío", se escuchaba en algunas esquinas-; en el ambiente era notable el extraño olor generado por el incendio. Nagore Izaguirre, su marido y sus hijas también se encontraban por la zona. "Lo peor es la incertidumbre. ¿De quién te fías? Ayer -por el viernes- tenía en el buzón un folio diciendo que no teníamos que preocuparnos, que todo estaba bien, y al de unos minutos lanzaron la alerta. Te deja totalmente desconcertada", argumentaba esta familia, que limitó "a dos minutos, lo justo" el tiempo de ventilación de su vivienda. "Han ocultado esa información, nos están mintiendo", desconfiaba esta mujer, que, desde que se produjo el derrumbe, no ha atravesado la zona afectada por la autopista. "Voy a Azpeitia, pero salgo por Eibar. No me fío", teme.

Ángel Candelas y José Luis Iturricastillo comentaban lo ocurrido unos metros más allí. "Estamos muy desinformados", protestaban. "Si no puedo hacer deporte ni puedo ventilar mi casa, ¿puedo respirar el aire de la calle? ¿Cuánto va a durar esto? Porque si se prolonga en el tiempo, y en otros vertederos los incendios de metano han ardido meses y meses, no es lo mismo", se preguntaban. "Estamos hablando de algo muy serio y el no saber lo empeora todavía más".

Laura Olabe admitía que ni siquiera había abierto las ventanas de su casa para ventilar por la mañana. "La alerta se ha lanzado tarde, después de toda la semana diciendo que está bien el aire. Estamos hasta temerosos de salir a la calle y a los niños les decimos que no corran". Toñi Gómez y Narciso Labrador se levantaban de una terraza en el barrio de San Lorenzo, desde donde era visible la columna de humo blanco que emanaba del vertedero, situado al otro lado de la autopista. "No nos están diciendo la verdad, creo que hay mucho más de lo que cuentan. La desinformación es cero. Si es grave y corremos peligro, que lo digan".

En la vecina Zaldibar, a algo más de dos kilómetros del vertedero, la situación se vive con mucha más calma, aunque algunos vecinos se concentraron frente al Ayuntamiento en señal de protesta. "Creo que es un poco exagerado. Te crees lo que te dicen y de momento no estamos preocupados. No hay que ser alarmista", reconocía Begoña Hernández, quien incluso había dejado abiertas las ventanas de su casa y se dirigía a dar un paseo por el monte. "Lo imprescindible es que encuentren a los trabajadores", apremiaba. Todo lo contrario a María Gutiérrez, quien admitía que ni siquiera se había atrevido a ventilar su vivienda. "Claro que nos preocupamos, ¿cómo no lo vas a hacer cuando te dicen que tengas las ventanas cerradas?", planteaba. En la farmacia de la localidad admitían no haber percibido una alarma. De hecho, todavía les quedaba una mascarilla, que les llegan con cuentagotas por la crisis del coronavirus. "En diciembre vendimos una, en enero dos y en febrero otras dos; no se han vendido más por el incendio".