Faltan solo unas horas. Este lunes Iruñea vuelve a teñirse de blanco y rojo con el esperado Chupinazo. Con las fiestas a la vuelta de la esquina, es el momento idóneo para rescatar los datos de la radiografía más exhaustiva realizada hasta la fecha. Porque los Sanfermines son emoción y tradición, pero también un potente motor económico que mueve cifras de vértigo en nuestra comunidad y que este año puede volver a batir récords.

La gran pregunta que siempre flota en el ambiente es: ¿cuánto dinero nos dejamos en la calle durante estos días? Según el macroestudio, financiado con fondos europeos Next Generation a partir de más de 2.700 encuestas de calle, el gasto medio por persona se sitúa en 412,20 euros. Y el dato más llamativo es que jugamos en casa y eso se nota en el bolsillo. Las personas residentes en Pamplona presentan el mayor gasto medio, con 511,60 euros, fundamentalmente porque viven las fiestas de principio a fin, con una estancia media que supera los seis días (6,41). Eso sí, la fiesta no sale igual de barata para todos: un 18% de los asistentes confiesa un gasto superior a los 900 euros, lo que supone el doble de la media general.

La hostelería, el gran motor de ingresos

Si sumamos el goteo constante en barras, almuerzos y cenas, no es de extrañar que la hostelería sea el sector que más ingresa. Con 95 millones de euros facturados, los bares y restaurantes se llevan el 55% del total del impacto económico indirecto. El resto del pastel económico se lo reparten las pernoctaciones en alojamientos turísticos (28 millones), el comercio de la ciudad (22 millones) y otras partidas, como el transporte y las actividades, que inyectan a la economía otros 35 millones de euros.

Personas disfrutando de las barracas en el recinto ferial.

En términos macroeconómicos, la movilización de las más de 424.000 personas que disfrutaron de las fiestas (un 15% de ellas extranjeras) se traduce en una inyección financiera histórica. Los Sanfermines del año pasado generaron un impacto económico global de 259 millones de euros, sumando los 10 millones de impacto directo de la organización, los 174 millones de impacto indirecto por consumos, y los 73 millones de impacto secundario vinculados a la cadena de suministros. Un oxígeno financiero que generó para el PIB de Navarra un rédito de 157 millones y permitió la creación de 2.431 nuevos empleos.

De todo ese volumen de dinero que entra en la ciudad, la inyección del turismo nacional e internacional alcanzó los 99 millones de euros (el 56%), mientras que los residentes en la capital aportaron 47 millones (26%) y quienes vinieron a pasar el día se dejaron otros 28 millones (16%).

La cara B: huella de carbono y ruido

Pero la balanza de una celebración de este calibre también tiene su inevitable contrapeso. Las multitudes y la intensa actividad pasan factura al medio ambiente y a la convivencia. En la pasada edición, Pamplona registró la emisión de 11.847,71 toneladas de CO₂, un aumento del 28% en las emisiones respecto a 2024. El 85% de esta huella de carbono fue consecuencia directa de la movilidad externa, es decir, de quienes llegaron a la ciudad en avión, tren o autobús interurbano.

Cuadrillas disfrutando del almuerzo antes del chupinazo.

El ruido es la otra gran asignatura pendiente. Pese a que el 80% de las más de 2.600 inspecciones realizadas fueron correctas, las plazas del Castillo, de los Fueros y de la Cruz, junto a Antoniutti, se consideraron zonas críticas por superar los niveles de ruido recomendados por la OMS. El año pasado, en un contexto condicionado además por la huelga de villavesas, se levantaron 90 actas por exceso de ruido y 97 por música muy alta, en unas fiestas donde la elevada luminosidad nocturna también fue protagonista en puntos como la Ciudadela, debido a los conciertos, pantallas y fuegos artificiales.

Con todo, el balance de quienes viven las fiestas roza el sobresaliente, con una valoración promedio de 8,9 sobre 10. Venimos a Pamplona atraídos por el ambiente festivo inigualable (93%) y la alegría en las calles (92%). Y aunque el encierro sigue siendo el factor clave de atracción para el 71% de los asistentes, su interés es transversal.

Una fiesta que se vive mayoritariamente en cuadrilla (40%) y que destaca por su innegable valor social, el papel de la Casa de Misericordia y su carácter pionero tanto en la gestión inclusiva como en el rechazo rotundo a la violencia de género.

El transporte público, la limpieza y la seguridad ciudadana se marcan como los grandes retos a pulir hacia la excelencia, pero la conclusión es rotunda: el 95% de los asistentes espera volver a los Sanfermines. Y a partir de este lunes, con tiempo plenamente veraniego, las calles de Pamplona volverán a ser suyas.