Deierri, un proyecto abierto desde Aralar

El Santuario de San Miguel de Aralar pretende recuperar el edificio anexo, donado a la cofradía en 1191, como centro de interpretación, biblioteca histórica, salón de actos y sede de esta entidad milenaria a través de una campaña de mecenazgo

19.01.2020 | 06:23
Imagen aérea del complejo de San Miguel de Aralar, con la casa Deierri o Lakuntzetxe, al noroeste, junto al nártex del santuario.

EL santuario de San Miguel de Aralar se ha propuesto rehabilitar la casa de Deierri, también conocida como Lakuntzetxe, un edificio anexo al nártex que el obispo Pedro de Artajona donó a la cofradía de San Miguel de Excelsis a finales del siglo XII. En el proyecto se contempla un centro de interpretación, biblioteca histórica, salón de actos y sede social de la cofradía. Con un presupuesto de 550.000 euros, sería la primera fase de un proyecto más amplio, según explica Mikel Garciandía, capellán de San Miguel. Para su financiación hay en marcha una campaña de mecenazgo. "El santuario está haciendo un planteamiento a medio plazo porque vamos arrastrando unos males de muchos años", observa el capellán. "Hasta ahora nos hemos encargado de rehabilitar los servicios esenciales, es decir, el templo, restaurante, bar y refugio, pero no tenemos dotaciones y menos cuando estamos pensando en hacer en un par de años un año jubilar, lo que requiere unas instalaciones mínimas", apunta.

El edificio adosado al santuario es también contrafuerte de la zona noroeste, la más castigada por la meteorología, especialmente dura a 1.355 metros de altitud. "El nártex está en peligro porque el edificio se encuentra en muy mal estado", explica Garciandía. Al respecto, señala que el edificio lleva más de cincuenta años tapiado y cerrado. "Cuando llegó la carretera ya no dormían peregrinos y quedó fuera de lugar", recuerda. El paso del tiempo ha degradado las vigas de madera y oxidado el hierro. "Puede colapsar y poner en peligro la propia estructura del santuario", sostiene el capellán. "Hemos hecho de la necesidad virtud y recuperar este edificio para crear un espacio abierto a Aralar", remarca. "Puestos a soñar, una segunda fase sería sacar la tienda de la sacristía y habilitar un espacio amplio para las personas que visitan el santuario. Se completaría con una tercera fase, abrir la hospedería", avanza.

Ante la falta de subvenciones directas, en el santuario pensaron en la fórmula de mecenazgo para financiar el proyecto, con lo que esperan obtener 340.000 euros. El resto, hasta completar los 550.000 euros, lo completarían con 60.000 euros de fondos propios; 100.000, de aportación del Arzobispado, y un préstamo de 50.000 euros. El capellán, recuerda que los particulares navarros desgravan un 80% de los primeros 150 euros donados y un 40%, los restantes, y que las empresas también tienen importantes beneficios fiscales. "Estamos dando un primer impulso este mes para la campaña de la renta de este año", apunta. "Queremos socializar este proyecto y también poner en marcha hacia marzo una campaña de crowdfunding. Hay un perfil de personas muy amplio que tiene vinculaciones con el santuario", dice el capellán. Las aportaciones se pueden realizar en la cuenta ES11 3008 0045 9840 7184 5517, en concepto de Mecenazgo Santuario Aralar. "Se debe dar el número del DNI y solicitar a la entidad bancaria el justificante de la aportación para recibir la bonificación fiscal", explica. Quien quiera más información la tiene en www.sanmigueldearalar.info.

Lakuntzetxe o Deierri fue donado a la cofradía de San Miguel Excelsis en 1191, según consta en la copia de un documento original que se encuentra en el archivo de la catedral de Iruñea. Los orígenes de esta institución se remontan a finales del siglo XI y su fundación se atribuye al obispo de Iruñea Pedro de Roda, según apunta José Mari Ustarroz, su actual presidente y monaguillo zaharra de Inocencio Aierbe, impulsor de esta cofradía tras décadas de decadencia. Actualmente hay unos 1.800 cofrades, número que apenas ha variado en los últimos años. "La mayoría son de Nafarroa, seguidos por Gipuzkoa y Bizkaia. También hay cofrades de Madrid o Zaragoza y del extranjero", observa Ustarroz.

El principal cometido de la institución es expandir y consolidar la devoción del arcángel San Miguel y al mismo tiempo, conseguir medios económicos para mantener el culto en el santuario. Para ello, la cofradía considera vital la recuperación del edificio que le fue donado para celebrar sus reuniones y actividades. Asimismo, inciden en que es un elemento estructural del santuario. "Hay que realizar una intervención urgente porque corre peligro", destaca Ustarroz, al tiempo que apunta que "Deierri tuvo muchos usos, sobre todo después del incendio de 1942. Era un lugar para cobijarse, donde nunca faltaba una colchoneta para pasar la noche".

40.000 COFRADES La cofradía llegó a contar con 40.000 cofrades a finales del siglo XII, cuando se produjo la donación del edificio. En la segunda mitad del siglo XIII, recibió un nuevo impulso de manos del papa Urbano IV, quién concedió cien días de indulgencia a todos los cofrades y bienhechores del santuario. Entonces contaba con más de veinte presbíteros residentes, un lugar con mucha vida al que acudían miles de personas, sobre todo a mediados de agosto, cuando se celebraba la fiesta principal con dos días de actos litúrgicos. Pero a lo largo de estos casi mil años también hubo momentos de decadencia, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIV, cuando por causas que se desconocen, empezó a disminuir el número de cofrades. Así, en 1368, el obispo de Iruñea Bernardo de Folcaut, emitió un edicto en el que habla del esplendor frecuente de milagros y recordaba las indulgencias concedidas por el papa Urbano IV. También exhortaba a los devotos de San Miguel a que contribuyeran con sus limosnas, concediendo multitud de gracias espirituales y remisiones de culpas a los que ayudasen a la fábrica del santuario y a los fines de la cofradía. El pueblo respondió a la voz de su prelado y el santuario se vio de nuevo visitado por numerosos fieles. Fue tanta la afluencia, que también acudían muchos malhechores a robar a los peregrinos.

La cofradía volvió a su esplendor primitivo, a lo que contribuyeron las nuevas gracias espirituales del Papa Inocencio VIII en 1492 y después las del Papa Paulo V, que en 1613 concedió jubileo de indulgencias plenarias a todos los cofrades. Tras largos tiempos de decadencia, a comienzos del siglo XX, el chantre Mariano Arigita impulsó la reconstitución de la cofradía, cuyos estatutos fueron aprobados por el obispo de Iruñea José López Mendoza el 9 de marzo de 1916. Posteriormente, en 1928, se reformaron.

El último capellán residente en el santuario, Inocencio Ayerbe, que estuvo al frente del mismo durante 56 años desde 1945 hasta su fallecimiento en 2001, impulsó la revitalización de la cofradía, arropado por un buen número de amantes de San Miguel. Con fecha 1 de septiembre de 1999 fueron aprobados los nuevos Estatutos en los que se define a la cofradía como Asociación Pública de Fieles, erigida canónicamente, con personalidad jurídica y civil. Lo cierto es que este bello paraje cargado de historia y de leyenda, de arte y de devoción, no sería lo mismo sin la labor que realiza la cofradía en mantener vivas las piedras de este santuario situado en lo alto de Aralar, personas que mantienen y transmiten su sentimiento de amor a ese lugar.