Iruñea - La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha dejado bien claro al mostrarse contraria a culpar a la población infantil o a su estilo de vida de la obesidad que les afecta. El argumento escuchado durante años, décadas incluso, de que los problemas de sobrepeso son resultado de un estilo de vida, es a juicio de los responsables de la OMS una “excusa usada por los gobiernos” para evitar intervenir en esta pandemia.

Y todo, a pesar de la cantidad de informes médicos y científicos que hacen hincapié en la necesidad de poner coto a la amplia gama de productos alimenticios ultraprocesados. El último trabajo en el que se aborda este asunto viene firmado por Nerea Martín Calvo, especialista en Pediatría en el departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra.

La investigación Consumo de bebidas carbonatadas azucaradas y obesidad en la infancia/adolescencia: un estudio de casos y controles, analiza la asociación entre el consumo de bebidas carbonatadas-azucaradas y la obesidad en la infancia y adolescencia. Para el estudio se contó con 174 niños/adolescentes obesos y 174 no obesos. Entre las conclusiones del informe, la investigadora subraya que “encontramos que el consumo de bebidas carbonatadas-azucaradas (los refrescos más comunes) se asociaba significativamente con la obesidad en los niños de nuestro estudio. Asimismo, descubrimos que la obesidad era 3,46 veces más frecuente entre los niños que consumían más de cuatro raciones de este tipo de bebidas a la semana; es decir, este consumo semanal conlleva un incremento relativo del riesgo de obesidad del 246%”.

El estudio, premiado por el Colegio Oficial de Médicos de Gipuzkoa, indica que “cada ración extra diaria de este tipo de bebidas multiplicaba por 1,69 el riesgo de obesidad en el citado colectivo sometido a control, lo que “supone un incremento relativo del riesgo de obesidad del 69% para cada ración extra diaria”. De acuerdo con la industria de bebidas, el consumo de refrescos ha aumentado en paralelo a la epidemia de obesidad y, de entre los diferentes tipos de refrescos, los carbonatados son los más consumidos, mientras que la producción de bebidas light (sin azúcares añadidos) ha aumentado pero representa apenas un 25% de la producción total.

Con este escenario sobre la mesa adquiere más relevancia uno de los consejos que lanzaba la OMS en su documento de trabajo: la responsabilidad moral de frenar la obesidad infantil recae en todas las sociedades, “y les provoca a actuar en nombre del niño para reducir el riesgo de obesidad a través de una variedad de acciones”. El proyecto SENDO (Seguimiento de Escolares Navarros para un Desarrollo Óptimo) es una vía más para poder atajar la obesidad infantil. - DEIA/Efe