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Vuelta a las trincheras de Lemoa

Jóvenes de todo el mundo rastrean restos de la batalla de Lemoatx, librada durante la Guerra Civil

Vuelta a las trincheras de LemoaZigor Alkorta

Lemoa. A comienzos de 1937 las tropas del general Mola iniciaron su negra marcha hacia el control de Bizkaia, el único territorio que les quedaba por conquistar en el norte, aún en manos de abertzales y republicanos. En su empeño por atravesar el Cinturón de Hierro, se toparon en Arratia con una resistencia inesperada que desencadenó una épica batalla por uno de los rincones más estratégicos de la cornisa cantábrica: Peña Lemona. Su proximidad con Bilbao -a solo 20 minutos- y su condición de cruce de caminos hacia Vitoria y Amorebieta, hacían de este enclave una perita en dulce para los franquistas. La cruenta lucha por pisar las últimas defensas de la libertad dejó mil muertos, según los estudios posteriores, cuyos restos aún yacen esparcidos por las laderas de Lemoatx.

Veinte jóvenes llegados desde todos los rincones del planeta contribuyen a rescatar este pasado histórico desde el martes Quieren poner orden en los acontecimientos dando a cada uno el lugar que le pertenece. Lo hacen a través de uno de los campos de trabajo que el Gobierno vasco financia cada verano desde hace 29 años, en colaboración con el Ayuntamiento de Lemoa, donde se ubican las verdes praderas que un día acogieron el horror. Bajo hayas centenarias que fueron testigos mudos del desastre, chavales turcos, taiwaneses, alemanes, rusos, franceses, españoles y vascos comparten tajo ante las impresionantes vistas que ofrece el paraje.

Su objetivo pasa por desenterrar una de las trincheras que utilizaron los republicanos para protegerse de los ataques enemigos y guardar material armamentístico. En la tarea están invirtiendo los días, azada en mano, cortando helechos y excavando lo que, por el momento, es un profundo e inesperado pozo que parece no tener fin. "Está siendo más profundo de lo que parecía. Es lo que tiene ponerse a indagar, que cuando empiezas, no sabes con qué sorpresas te puedes encontrar", explica Asier Izagirre, de la sociedad Aranzadi, que colabora en los trabajos.

Tras una primera semana de labores de desentierro, los jóvenes asistirán al paso de las máquinas detectoras de metales a la espera de encontrar los ansiados restos que sigan arrojando luz sobre lo acontecido hace más de 75 años.

Mientras esperan toparse con algún casco, cinturón o metralla, los jóvenes descansan tras el esfuerzo en las escuelas de Lemoa, todos juntos en una experiencia que está dejando satisfechos a los llegados de más lejos. Según cuenta la turca Ijden, natural del norte del país, este viaje le está sirviendo para conocer "cosas sobre Euskadi" que, por el momento, le están gustando. "Encuentro similitudes en la cultura y también en la comida", relata la joven de 22 años y amante de los guisantes que había comido el día anterior. "Es todo muy familiar. La gente viene aquí a relacionarse; todos te hablan y te integran", alaba la turca mientras su compañero, un ruso llamado Aleksei Zénistichev, asiente convencido. En un perfecto castellano, a pesar de que el campo de trabajo tiene al inglés como lengua vehicular, el viajero de 21 años explicó que su gusto por los campos de trabajo le está llevando a conocer rincones interesantes a los que no llega el turismo.

Tras este campo de trabajo, las tareas de recuperación del pasado continuarán a pocos metros. En lo más alto de Lemoatx, una ermita corona el monte. Será recuperada, desacralizada y reconvertida en refugio de montaña por los propios vecinos de Lemoa.