donostia. "Soy inocente. Juro que estaba en Manila el 16 de julio de 1997 y, sin embargo, aquí estoy, encarcelado y sentenciado a morir por un crimen que no cometí. No dejéis que me maten". Esta fue la última petición de clemencia ante el Tribunal Supremo de Filipinas hace seis años del condenado de origen vasco Paco Larrañaga. La inyección letal esperaba a este hijo de un pelotari de Alegia, quien en 1966 dejó atrás su oficio de carnicero para probar fortuna en el entonces próspero deporte del frontón en Manila.

Por fortuna, la presidenta del país asiático, Gloria Macapagal abolió la pena de muerte en 2006 y Paco Larrañaga fue castigado a 40 años de prisión. Ya el pasado año, el condenado de raíces guipuzcoanas fue trasladado a la cárcel de Martutene para cumplir la condena, merced a un acuerdo entre el Gobierno central y el filipino.

La oscura desventura de Larrañaga puede terminar hoy si Macapagal lo indulta junto a otro millar de presos, en una medida de clemencia anual, enmarcada en el aniversario de la Declaración de Independencia de España.

El abogado de Larrañaga, Javier Viada, continuaba expectante ayer a la espera de noticias sobre su posible excarcelación, si bien la diferencia horaria -seis horas más en Filipinas- impidió conocer la posible decisión, dado que se publicará en el Boletín Oficial de ese país.

Viada espera que hoy mismo acabe la pesadilla para este joven que, en el momento en que cambió su suerte, un 16 de julio de 1997, estudiaba en la escuela de Artes Culinarias de la capital filipina.

Precisamente, sus profesores y compañeros de clase declararon durante el juicio que estuvieron con él la noche en que la Policía le acusó del secuestro, violación y asesinato de dos adolescentes junto a otros seis jóvenes -denominados los siete de Chiong-, un grupo procedente de algunas de las familias más influyentes de la isla de Cebú, donde ocurrieron los hechos.

Durante meses, la defensa presentó pruebas exculpatorias -testigos que aseguraban haber estado con él de copas esa noche, fotografías...-, y las pesquisas de la Policía se dirigieron hacia un delincuente común -que a su vez implicó a Larrañaga-, pero el juez rechazó dichas pruebas porque interpretó que eran una manipulación.

Esa fue la continuación de una pesadilla que hoy puede convertirse en un sueño de libertad.