LOS piratas se lo advirtieron a la tripulación del Alakrana: "¿Veis aquel barco de allí? Pues tened cuidado que en cuanto os soltemos van a tratar de cogeros ellos". Recibido el rescate, acordado entre todas las partes que los dos piratas trasladados a España serían juzgados allí para cumplir luego condena en Somalia, los captores, hasta 63 en el último momento, se dispusieron a abandonar el barco. Lo hicieron de ocho en ocho, la máxima capacidad del esquife que les trasladó a la costa somalí desde donde se avistaba el Alakrana. Cuando el último cerró la puerta y se marchó, Ricardo Blach corrió al puente, agarró el teléfono y alertó a las dos fragatas españolas que custodiaban el barco a distancia, la Menéndez Núñez y la Canarias. Se disparó entonces el dispositivo de protección.
Dos helicópteros, uno desde cada fragata, partieron hacia el atunero vasco con carácter de urgencia. En dos minutos lo sobrevolaban y sellaban su seguridad repartiéndose la tarea. Uno de ellos se quedó vigilante para intimidar al barco pirata que merodeaba la zona con la amenaza de una posible recaptura del atunero; el otro salió en busca del esquife que trasladaba a los últimos piratas que abandonaron el barco. En la persecución, el helicóptero llegó a disparar a la embarcación, "por la proa y en la zona del motor", según fuentes del Defensa, con el fin de detenerla, pero su velocidad y la cercanía de la playa lo evitaron. Los captores, entre los que no hubo heridos ni muertos, pisaron tierra firme y se perdieron entre la gente.
Era el final agitado de un secuestro que se ha resuelto por la vía diplomática, pero que Defensa barajó solucionar con dos operaciones militares que, finalmente, fueron desestimadas. La primera, porque ponía en peligro la vida de la tripulación. La operación la iba a llevar a cabo la fragata Canarias, que se encontraba a 800 millas marítimas del Alakrana cuando éste fue apresado y acudió a su encuentro para tratar de interceptarlo. Fue entonces cuando se barajó la posibilidad de un asalto al buque para reducir a los piratas y liberar a los arran-tzales. Por suerte, alguien pensó que podía resultar demasiado arriesgado. Lo era. La otra operación consistía en colocar estachas y se dejó de lado porque la configuración del Alakrana "lo hacía inviable", matizaron fuentes de Defensa.
Al poco de quedar liberado, al Alakrana se acercaron las dos fragatas, que hicieron llegar a bordo a los primeros militares en asistir a los arrantzales, que no padecen dolencias de gravedad, pero sí un desgaste físico importante derivado de la enorme carga de presión y las nefastas condiciones en las que han tenido que vivir. Ninguno de los tripulantes tuvo que ser atendido de urgencia, salvo uno que tuvo que ser trasladado a la fragata Canarias, pues se temía que pudiera padecer una angina de pecho que finalmente fue descartada. Por primera vez en 47 noches, todos los arrantzales pudieron dormir profundamente, pues una ATS les proporcionó somníferos y los militares relevaron al patrón y al capitán de las labores de guardia.
la llegada, mañana El atunero vasco navega rumbo a Seychelles a una velocidad de 19 nudos. Lo hace sin dificultades técnicas, pese a que los piratas han saqueado el barco -"está hecho una pena", lamenta el patrón gallego-, y se han llevado parte del material de pesca, algunos ordenadores y equipo tecnológico, sábanas, mantas, colchones, e incluso objetos personales. Si no surgen dificultades, el Alakrana llegará mañana sobre las 8.00 horas a Port Victoria. El regreso a casa, aunque aún no está concretado, se producirá de inmediato, como ya anunciaron a este periódico fuentes de la empresa Echebastar, propietaria del atunero, "para hacer que los arrantzales estén con sus familias lo antes posible". Algunos de esos familiares llegan hoy a Victoria en una avión militar fletado por el Gobierno español.