El hundimiento del barco republicano 'Elorrio'

20.12.2020 | 01:12
Vecinos de las localidades cercanas a Ribamontán al Mar ayudaron a sacar cadáveres del mar.

Mañana lunes se cumplen 60 años del naufragio de un navío vasco en Cantabria en el que solo se salvó un tripulante

el bando republicano vasco registró en sus filas un buque cuya botadura a la mar se celebró con el nombre de Aldekoa. Durante la Guerra Civil navegó con nombre falso: Murduan. Dos décadas después, en 1957, fue rebautizado Elorrio, como la turística villa medieval de Bizkaia. Según un libro del investigador Rafael González Etxegarai publicado en los años setenta del siglo pasado, esta embarcación fue un navío de carga seca que quedó desde el comienzo de la contienda a merced del gobierno del lehendakari Aguirre. El vapor pasó a la historia con un final trágico junto a los acantilados del pueblo de Langre, término municipal del ayuntamiento cántabro de Ribamontán al Mar.

El Aldekoa se construyó en los años 20 en los astilleros vascos de igual nombre. Durante la Guerra Civil española, realizó viajes a puertos rusos del mar Negro. En ellos fue escoltado en sus recaladas al Estado español por la marina republicana. De hecho, formó parte, junto con los buques Antonio de Satrustegi y Mar Caribe, en el convoy del histórico combate de Cabo Cherchel, quedando, finalmente, averiado sobre la costa de Argelia.

El historiador Igor Basterretxea Kerexeta (Elorrio, 1970) aporta detalles al respecto a DEIA. "El crucero pesado Baleares –del bando sublevado– interceptó y atacó el convoy frente al cabo y puerto de Cherchel, en la costa argelina, cuando éste se dirigía, proveniente de Rusia, hacia Cartagena".

Una vez reparado, volvió a Euskadi y acabada la guerra bajo el nombre de Elorrio sufrió su peor final. Basterretxea Kerexeta transmite que mañana lunes se cumplen 60 años del "triste naufragio" de este buque mercante a vapor en las costas cántabras de la localidad de Langre. Antes de entrar en detalles, el investigador asegura que fue "una auténtica agonía, una prolongada angustia, sin ningún tipo de esperanza", lamenta.

El barco navegaba junto a la costa de Langre con 21 tripulantes a bordo. La hemeroteca de El Diario Montañés, en su edición del jueves 22 de diciembre de 1960, recuerda que el navío quedó "materialmente destrozado" por la fuerza del mar Cantábrico contra los acantilados de Ribamontán al Mar. Desde el ayuntamiento de este concejo, confirman que no habrá acto de conmemoración de este suceso, pero "es muy recordado aquí, sin duda", valoran fuentes municipales a este diario. Consultada la alcaldesa de Elorrio al respecto, Idoia Buruaga (EH Bildu) valora como "curioso" que un barco histórico llevara el nombre del municipio vizcaino que gobierna. "Hace años un hombre del pueblo me contó que había estado en un pueblo cántabro y que había conocido el suceso. Desde entonces, siempre lo he tenido en mente, pero la actualidad diaria no me ha permitido ahondar en ello. Me gustaría conocer la razón por la que le pusieron ese nombre".

Basterretxea aporta que el resultado de aquella catástrofe fue escalofriante. Solo un tripulante salvó la vida, el engrasador José Trillo, quien tras caer al agua se aferró a una roca y fue salvado por la ciudadanía presente. "Curiosamente sobrevivió a cuatro naufragios", comunica Basterretxea. Sus veinte compañeros no tuvieron tal suerte: perdieron la vida y, por desgracia, también un vecino de Langre llamado Ismael Hoz que intentaba salvar a los tripulantes.

El historiador elorriarra narra que el último viaje mercantil del malogrado buque lo realizó desde Baltimore (Estados Unidos) con una carga de 8.000 toneladas de trigo que desembarcó en Gijón. "Desde luego, el Aldekoa o Elorrio, para su edad de cerca de 40 años y su largo historial –no olvidemos su paso por la guerra– había cumplido ya con creces", pondera Basterretxea y va más allá: "Seguramente habría comenzado a dar algunos problemas, de hecho, sabemos que en el último viaje sufrió varias averías, y la competencia de barcos más modernos, más veloces y de mayor tonelaje tampoco ayudó. Tanto es así que desde Gijón se había decidido que fuera trasladado hasta Valencia para su desguace, del que se encargaría la empresa de armadores Arinazabal".

Sin embargo, estando atracado aún en Gijón, realizando los últimos preparativos para soltar amarras hacia el puerto ubicado en las costas Mediterráneo, el infortunio quiso que un tiempo durísimo del noroeste le hiciera perder las anclas. "Aun así, el Elorrio, sin anclas y con alguna avería, salió de Gijón a las 5 de la madrugada del día 20 de diciembre. Según parece, su capitán, Vicente Moreira Portilla, intentó cumplir con lo acordado y en un principio tomó rumbo noroeste, dobló incluso el Cabo de Peñas –el más septentrional de Asturias–, pero el temporal provocó una vía de agua en el casco que no era posible de taponar", agrega el investigador. Ante tal situación, Moreira Portilla decidió volver hacia atrás y dirigirse hacia Santander, como puerto de acceso más sencillo que la dársena asturiana y tenedero seguro, sin fondeo.

Pero, como dejó publicado Rafael González Etxegarai en uno de sus libros: "Estaba escrito que no llegaría nunca". Y, a pesar de soportar el duro temporal que azotaba el mar Cantábrico durante más de un día, de repente, sorprendido por un parón de la máquina a la altura de Cabo Mayor, con la vista de la bahía de Santander desde proa, "perdió totalmente su rumbo y quedó a merced de las olas hasta estrellarse donde la mar decidió, escogiendo esta, diabólicamente, el lugar más difícil, inhóspito e incomunicado de aquel litoral, en la barrera de peñas que llaman La Manilla".

Un vecino de Galizano se percató de lo que estaba acontecimiento y alertó a un residente de Langre. Juntos tocaron a rebato la campana de la iglesia de San Félix y de este modo lograron reunir a un nutrido grupo de personas, tanto de Langre como de Galizano y Somo. Los vecinos de estas localidades acudieron al acantilado, a más de 25 metros de altura, provistos de largas cuerdas para intentar el salvamento de los náufragos.

Mientras tanto, el barco embarrancó y se fue escorando hasta acostarse de estribor. Basterretxea ilustra que "la mar se lo fue quedando para sí –tragando– durante cinco larguísimas horas, las mismas que algunos de sus navegantes aguantaron, antes de desfallecer, aferrados a las barandillas del puente. Y todo ello, ante la impotencia de quiénes se habían acercado hasta allí a ayudar, lanzando cabos desde lo alto del acantilado. La escena, sin duda, debió ser espeluznante sin ningún tipo de esperanza", concluye.

Solo un tripulante salvó la vida, José Trillo, que fue rescatado por los vecinos de Ribamontán al Mar. Sus otros 20 compañeros fallecieron

"El 'Aldekoa' o 'Elorrio' –que participó en la Guerra Civil– había cumplido con creces", asegura el historidador Igor Basterretxea Kerexeta