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El gas de la discordia

15.06.2020 | 00:34
El gas de la discordia

Uno de los conflictos político-económicos más extraños de hoy en día se llama Nord Stream 2 y evidencia cómo nadie que en los macro negocios la ley de la demanda y la oferta pesa menos que la ley de la fuerza. Concretamente, en el negocio de los hidrocarburos el primer criterio es justamente este: la fuerza.

Nord Stream 2 es un gasoducto (trazado paralelo al Nord Stream 1, que ya funciona) que ha de llevar gas natural de Rusia a Alemania a través del Báltico y el Mar del Norte. Un recorrido 2.460 km y un proyecto que protagonizan el consorcio monopolístico Ruso Gasprom conjuntamente con cinco empresas energéticas europeas occidentales. Para que el gasoducto pueda se operativo falta colocar los últimos 160 km de tubería.

Y esto no se atreve a hacerlo nadie. En primer lugar, a causa de la amenaza estadounidense de imponer graves sanciones a cualquier empresa que lo haga. Hasta hoy no se ha atrevido ninguna empresa a colocar las tuberías del último tramo; ni siquiera el gigantesco navío ruso capaz de llevar a cabo semejante trabajo –Akademik Tcherski– que ya está en el punto final del gasoducto, el puerto alemán de Mukran. Y en segundo lugar, porque el tramo pendiente transcurre en aguas territoriales alemanas, lo que somete todo el proyecto a la normativa jurídica comunitaria.

De acuerdo con esta, Nord Stream 2 infringe la legislación antimonopolista ya que en el proyecto primigenio el único abastecedor de gas y operador del gasoducto es "Gasprom". Para que el proyecto pueda recibir el vistobueno jurídico comunitario tendría que el gasoducto fuera regentado por cualquiera menos Gasprom y estar abierto a cualquier empresa petrolífera€ lo que, a su vez, choca con la legislación rusa que concede a Gasprom el monopolio gasista en Rusia.

Washington boicotea el futuro gasoducto tanto por razones económicas –quiere vender su propio gas a Europa– como estratégicas. Teme que una gran dependencia comunitaria de los hidrocarburos rusos ponga a los países del Viejo Continente a merced de Moscú. Además, en el terreno político, los EE.UU. defienden los intereses ucranianos frente al Kremlin y con los dos Gas Stream en funcionamiento, los viejos gasoductos que pasan por Ucrania resultan superfluos, privando así a Kiev tanto de unos pingües derechos de tránsito como de una baza político-económica en sus relaciones con Rusia.

Por si todo este galimatías no bastara para amargarles la vida a los socios del Nord Stream 2, la coyuntura económica ha variado últimamente, con una bajada de los precios del gas licuado (principal competidor del gas natural) y un descenso del consumo europeo de hidrocarburos. La reducción de este consumo ha sido tal, que en las pasadas semanas, que los gasoductos que llevan gas ruso a Europa Occidental a través de Polonia han estado haciendo este tráfico en dirección inversa.

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