En homenaje a 'nuestro capitán' en la Fundación Sabino Arana
Bilbao. Han pasado catorce largos años desde que un 12 de octubre de 1999, Antón, mientras veía por televisión el desfile militar del Día de la Hispanidad, sufriera un gravísimo accidente cardiovascular. Entonces creíamos que no saldría del hospital de Cruces, pero Antón se ha agarrado todos estos años a la vida con la ayuda de su inseparable María Luisa, con los cuidados de sus hijos, los paseos con Manolo y últimamente con Erwin, el cariño de Antontxu, Paul y de todos sus nietos, con las esperadas visitas semanales de Piti, a quien creo que Antón y María Luisa han terminado queriendo casi como a un hijo, y con una admirable vitalidad. Desde hace ya unos cuantos años Antón ya no podía acercarse a Sabin Etxea a celebrar con el equipo de la Fundación sus cumpleaños ni asistir en silla de ruedas a la entrega anual de los premios Sabino Arana, pero Antón seguía aferrado a la vida. Antón iba apagándose poco a poco. Catorce largos años. Con cada visita veías que se nos iba yendo, pero hasta hace apenas unas semanas todavía concentraba toda su fuerza al saludarte apretándote la mano. Cuando ya Antón no podía hacerse entender, creo que era la forma de comunicarse con nosotros.
Antón ha sido un maestro, un ejemplo, para todos los que trabajamos con él en la Fundación Sabino Arana, como antes solo lo había sido su gran amigo Uzturre. Nunca olvidaré aquellas comidas con Antón y Jesús en el Baserri Maite con los invitados internacionales de la Fundación que antes habían visitado la Casa de Juntas de Gernika. A Antón solo se le podía poner entonces un pero: Juntas Generales jamás pagaba aquellas comidas.
Y es que Antón era de una honestidad inquebrantable. Capitán de la Marina Mercante con mucho mundo navegado, cuántas veces nos reímos con él con los picantes "sucedidos" que siempre le habían pasado en los puertos de todo el mundo "a un buen amigo". "¿No sería a José Luis Robles?", le preguntábamos sin obtener respuesta, pues durante años navegó con el después alcalde de Bilbao, con quien fue uña y carne siempre. Y cómo no recordar las discusiones con el también desaparecido Jesús Mari Egia, tesorero de la Fundación, sobre la diferencia entre mamparas y mamparos, a la hora de mejorar las condiciones de los locales de la fundación. Y es que, aunque Antón era originario de un baserri de Ajangiz, siempre fue un hombre de mar en tierra.
El euskera de Antón era precioso y preciso, siempre en un cultivado bizkaiera, aunque para él lo importante era que utilizáramos el euskera. Impulsor y presidente de la ikastola de Algorta. Cómo se alegraba, cuando Piti le chapurreaba en su incipiente euskera. Y cómo disfrutó cuando, con Iñigo Urkullu e Iñaki Ruiz, tocó el txistu en la Filarmónica en una entrega de los premios Sabino Arana donde nunca le faltaba un beso y un afectuoso saludo para todos nuestros socios y colaboradores. De profunda fe cristiana, entendía la religión como servicio. Sus firmes convicciones no le impedían ser flexible y cultivaba las relaciones con personas de otras ideologías, como bien pueden corroborar representantes de otros partidos políticos en el Parlamento de Bizkaia.
Entregado a tope a su labor en Juntas Generales y después en la Fundación, ha dejado un recuerdo imborrable entre los trabajadores de ambas entidades. Cariñoso, siempre preocupado por los demás, trabajador infatigable, elegante, anfitrión inmejorable, buena persona? Vasco de carácter, era también capaz de transmitir cariño hasta cuando me soltaba su "Gurbildo, traidor", pues nunca se olvidó que, después de liarle a él, yo había dejado la Fundación para dirigir Radio Euskadi en aquel lejano otoño de 1999. Apenas un pósit con un "sería bueno que?" y Antón, con absoluta disciplina, se ponía a la labor. Sabía como pocos abrir puertas y escribía siempre con una gran sensibilidad aquellas notas manuscritas en las que enviaba sus condolencias a las familias de veteranos abertzales fallecidos, en muchos casos donantes de documentación al Archivo del Nacionalismo. Me gustaría ahora, en el día en que hubiera cumplido 86 años, ser capaz de tener esa misma sensibilidad para con María Luisa, Ander, Alazne y toda la familia de un abertzale íntegro y honesto como pocos, al que nunca olvidaré.