uSANSOLO

EL próximo martes, 14 de mayo, se cumplirán 80 años del asesinato en Usansolo del niño Iñaki San Miguel Oiarzabal, abanderado de los gaztetxus de esta localidad vizcaina y llamado a ser su presidente a no ser por la bala que se interpuso en su destino durante la celebración de unas fiestas de primavera locales.

Iñaki San Miguel era el segundo de ocho hermanos nacido en el seno de una familia profundamente nacionalista y euskaltzale. Sus padres, Eugenio y Juana, le educaron en el amor a Euskadi y al euskera, por lo que su enraizado patriotismo y su talento prometían muchos días de dedicación y entrega a la Patria.

Con tan solo 13 años ya participaba en muchas de las actividades que el batzoki de Usansolo organizaba para sus afiliados y simpatizantes y había sido uno de los impulsores del Euzko-Gastetxu Batza local. Eran los primeros años de la II República, con un clima político muy conflictivo. Las Cortes de Madrid habían aprobado el Estatuto de Cataluña, el 15 de septiembre de 1932, y ahora los nacionalistas vascos reclamaban más autogobierno para Euskadi. Los ataques de republicanos y socialistas contra los nacionalistas eran constantes, muchas veces amparados por las autoridades y sus fuerzas de orden público.

Además, en la primera mitad de 1933, la tensión religiosa reapareció con la aprobación por las Cortes de la ley de congregaciones, a la que se opusieron sin éxito los diputados nacionalistas vascos.

Por eso, no eran de extrañar los numerosos conflictos socio-políticos que se sucedían en las calles de muchos de los pueblos de todo Euskadi: el diario Euzkadi, en 1933, informaba de asesinatos asiduamente, hablaba de "los sucesos de Eibar y Lizarra", "los atropellos de Bermeo", un sinfín de detenciones, arrestos, multas a la prensa nacionalista, clausuras de batzokis, etc., muy frecuentes en aquellas fechas.

En este ambiente, el domingo 14 de mayo de 1933 se celebró en Amorebieta un acto público de carácter político que congregó a no más de un centenar de republicanos radical socialistas en torno a su diputado Vicente Fatrás. Terminado el acto, dos autobuses que se habían trasladado desde Bilbao emprendieron el camino de retorno y, en torno a las 15:15 horas, desviándose de la carretera que une Lemoa y Galdakao, se dirigieron a la Plaza San Andrés (Ander Deuna) de Usansolo donde los usansolotarras celebraban -como hoy en día- las fiestas de mayo. Al llegar a la altura del ba-tzoki, que se encontraba en lo que hoy día es Oletxe, 6, desde los autobuses se profirieron gritos de ¡Viva la República social! y ¡Viva la República española! que fueron contestados con un ¡Gora Euzkadi Askatuta! que partió de un grupo situado en el interior de la sede nacionalista.

"armar la gorda" Teniendo en cuenta que los autobuses de los expedicionarios radical socialistas tenían que volver a pasar por delante del batzoki en su regreso a Bilbao y para evitar cualquier motivo de confrontación, Gregorio Errazti, presidente de la Junta Municipal, ordenó retirar las banderas y los emblemas nacionalistas que como fiestas adornaban el edificio. Ya en la plaza de San Andrés, los radicales socialistas se jactaron de que iban a "armar la gorda" y algunos de ellos alardearon de que portaban pistolas. Muchos de los nacionalistas que se encontraban en la plaza abandonaron el lugar y se dirigieron a sus casas para evitar enfrentamientos.

Entre las 20:15 y las 20:30 horas los dos autobuses con los socialistas emprendieron el regreso a Bilbao. Delante de ellos, con la intención de provocar incidentes, caminaba un grupo que al llegar, de nuevo, frente al batzoki comenzó a gritar ¡Viva la República española! y ¡Muera el clero! Estos gritos fueron contestados en la calle por varios jóvenes con gritos de ¡Gora Euzkadi! y, a continuación, se comenzaron a escuchar varios disparos. El tiroteo a partir de ese momento fue intenso. Varios niños se encontraban en el balcón del batzoki, pero sin que les diera tiempo a retirarse, Iñaki San Miguel Oiarzabal fue alcanzado por un disparo en la zona lumbar. El joven, al sentirse herido, dio dos pasos hacia delante y cayó desplomado en la cocina del batzoki.

Por su parte, en el grupo de republicanos radical socialistas habían sido heridos Esperanza Zapata, de 54 años, natural de Zamora y con residencia en Bilbao; Juan Manuel Ruiz, de 25 años, chófer de uno de los autobuses, y Adolfo Díaz, de 27 años, natural de Bilbao. Se da la coincidencia de que Esperanza Zapata era la esposa del presidente del Comité Radical Socialista de Begoña, apellidado Seber.

Los heridos de la parte socialista originaron una gran agitación entre sus acólitos hasta el punto de que quisieron prender fuego al batzoki, hecho que fue impedido por los forales.

Mientras tanto, los heridos eran trasladados al hospital civil de Bilbao, pero Iñaki y Esperanza llegarían cadáveres. En un principio, las primeras informaciones oficiales quisieron hacer creer que el niño herido era una víctima radical socialista que iba en el estribo de uno de los autobuses. Más tarde, sin embargo, quedó comprobado que ello no era así y que la agresión había partido de los radicales socialistas.

A las 21:30 horas llegaron a Usansolo los Guardias de Asalto, acompañados de la Guardia Civil y los forales, que después de practicar una inspección ocular, clausuraron y sellaron las puertas del batzoki.

Al anochecer del domingo comenzaron a practicarse detenciones. Las primeras fueron a miembros de la junta directiva de EAJ-PNV, entre ellos, su presidente, Gregorio de Errazti; su vicepresidente, Valeriano de Amuritza; el tesorero, Lorenzo de Irusta; Pablo de Etxebarria, José de Arrizabalaga y algunos vocales más. También fueron arrestados los concejales nacionalistas del Ayuntamiento de Galdakao, el capellán de la fábrica La Dinamita y un tradicionalista, José Miguel de Goyenaga. En total 34, a pesar de no haber ninguna prueba incriminatoria contra ellos. Además, el alcalde de Galdakao, Simón Linaza, y los forales fueron destituidos de su cargo. Todos los nacionalistas encarcelados y procesados serían absueltos en noviembre de 1934.

falsedad en la 'hoja del lunes' Mientras que Esperanza Zapata recibía su último adiós por familiares, amigos y correligionarios, en Bilbao, el día 15 por la tarde, el 16 el Bizkai Buru Batzar de EAJ-PNV emitió un comunicado en el que manifestaba "su más enérgica protesta contra la información falsa y tendenciosa" recogida en la Hoja Oficial del Lunes, en la que se trataba de presentar a los nacionalistas de Usansolo como "pistoleros emboscados en el batzoki" cuando la verdad era que "todas las provocaciones partieron de los elementos extraños al pueblo" y que la fachada del batzoki se hallaba llena de impactos (no menos de 60), demostrativos del nutrido tiroteo que se hizo contra el edificio.

Ese mismo día 16, el cadáver del gaztetxu San Miguel Oiarzabal fue trasladado del Hospital Civil de Bilbao al cementerio de Derio y de allí a Usansolo. Posteriormente, miles de emakumes, gaztetxus, vecinos y abertzales desplazados desde todos los rincones de Euskadi acompañaron hasta el cementerio de Galdakao los restos mortales del niño asesinado. Entre ellos se encontraban los diputados Manuel de Irujo, Manu Robles Arangiz y Manu Egileor; el destituido alcalde, Simón de Linaza; el presidente del Bizkai Buru Batzar, José Mª de Garate, Ceferino de Xemein, y varios miembros de la ejecutiva vizcaina como Ramón de Azkue, Alfredo Ruiz de Castaño y Carlos de Billalaberria; el vicepresidente de Sabin Etxea, Elezkano; directivos de Juventud Vasca; representantes de las organizaciones municipales de Durango, Zornotza, Bedia, Lemoa, Galdakao, Eibar, etc.

Tal era el gentío que la comitiva fúnebre tardó más de una hora en llegar desde Usansolo hasta el cementerio de Galdakao. Ocho jóvenes de Euzko Gaztedi de Usansolo fueron los encargados de trasladar el cadáver, concretamente, Félix de Biteri, Marcos de Lejarza, Ramón de Zarandona, Valentín de Basterra, Juan de Madariaga, Macario de Imeldi, Sabin de Amuritza y Agustín de Unamunzaga.

más ataques Pocos días después, el 4 de junio, los socialistas volverían a atacar a los nacionalistas vascos, esta vez en Galdakao, en la persona de Ramón Gandarias, un joven abertzale que fue tiroteado por la espalda y herido de gravedad en un cruce de caminos. El semanario Jagi-Jagi denunciaba la actitud permisiva de las autoridades respecto a los ataques a los nacionalistas vascos y en su editorial del 10 de junio bajo el título El pistolerismo rojo se dirigía al gobernador civil en los siguientes términos: "¡Ah, si la víctima hubiese sido socialista a estas horas todo el pueblo nacionalista de Galdakao hubiese estado en Larrinaga detenido; algunos hogares atropellados por las fuerzas a sus órdenes; el batzoki clausurado y el Ayuntamiento popular en pleno, destituido". Durante los tres años siguientes, a mediados de mayo, Usansolo se convertiría en centro de reunión y cita obligatoria para gaztetxus y abertzales de casi todas las organizaciones municipales de EAJ-PNV de Bizkaia, que rendían homenaje al malogrado gaztetxu. El poeta y periodista vasco Esteban Urkiaga Lauaxeta fue uno de ellos.

Posteriormente, con el inicio de la Guerra Civil, entre las diferentes compañías de gudaris que se crearon para hacer frente al avance franquista, a principios de septiembre de 1936, la que recibió el nombre de Iñaki San Miguel -formada con voluntarios de Usansolo, Galdakao, Etxebarri, Zornotza, Durango, Abadiño, Apatamonasterio y Ermua- fue la primera de las que integrarían el Batallón Ibaizabal.