Rincones perdidos en la memoria

Un palacio que nace de las minas

El Palacio Chávarri, creado como vivienda familiar de los hermanos Víctor y Benigno, es hoy la sede del Gobierno civil sin una ventana igual y toda una historia a sus espaldas que habla de la pujanza de la industria en Bizkaia

09.02.2020 | 02:16
La primavera adorna el porte flamenco del Palacio Chávarri, de inspiraciones belgas.

NACIÓ en 1854 en la calle popularmente conocida como calle del Medio (en la actualidad lleva su propio nombre, calle Víctor Chávarri) y en una familia que ya anunciaba. No por nada, su padre fue Tiburcio Chávarri del Alisal, casado con Natalia Salazar Mac Mahón, procedente de una de las más blasonadas familias de Portugalete. Víctor parecía destinado a ajustar cuentas con su pasado familiar -su padre vino a menos, tras la propiedad de minas de su abuelo...-, debido a su tesón inquebrantable. Pronto se descubrió su necesidad de logro que siempre le caracterizó y que se vio reforzada durante su estancia en Lieja. De aquella experiencia en Lieja, en cuya universidad se graduó como ingeniero de artes y manufacturas (1878), prolongada en Alemania, le quedaron contactos industriales y ganas impetuosas de progresar, de triunfar en Bizkaia, a donde regresó en 1878 comenzando a trabajar para los Ybarra. Sin embargo, pronto se independizó. De Bélgica trajo nuevas ideas para la organización industrial y cierta asunción de riesgo, cualidades que supo aprovecharlas ante la primera oportunidad de negocio que tuvo: la creación de la Sociedad de Metalurgia y Construcciones Vizcaya, en 1882, germen junto con Altos Hornos de Bilbao de la futura Altos Hornos de Vizcaya. La Vizcaya fue una gran fábrica siderúrgica, una de las dos -la otra era Altos Hornos de Bilbao (de la familia Ybarra)- más importantes del País Vasco.

Viene al caso esta visión panorámica de la biografía de Víctor Chávarri para explicar la portentosa trayectoria de un hombre que se enamoró de Bélgica, hasta el punto de que en su momento llegase a realizar el curioso encargo del proyecto de la residencia familiar al arquitecto belga Paul Hankar a finales del siglo XIX. La presencia de Víctor Chávarri, en la fundación de importantes sociedades o su participación como consejero o accionista en otras, pone de relieve el carácter de su imprescindible personalidad en la construcción del mundo económico, de finales del XIX, en Bilbao y en Bizkaia.

Así nace el palacio Chávarri, sede desde 1943 del Gobierno Civil de Bizkaia. Se sitúa en el corazón del ensanche bilbaino con fachada principal en chaflán a la plaza Moyúa y línea de fachada que se prolonga hacia la Gran Vía y la calle Elcano. Se trata de una obra ecléctica inspirada en revivalismos neoflamencos, construido en 1888 para Víctor Chávarri y su hermano Benigno por el arquitecto Atanasio de Anduiza, según el mencionado proyecto del arquitecto belga Paul Hankar. Está registrado que algunos de sus salones fueron decorados por el pintor José Echenagusia Errazquin. El palacio Chavarri ha sufrido importantes reformas tanto en su estructura interna como en accesos, para adaptarse a la función que desempeña. La principal reforma se llevó a cabo en los años 1943-1947 por Eugenio María de Aginaga, acondicionando la casa para convertirla en sede del Gobierno Civil de Bizkaia.

Digamos que Atanasio Anduiza no era un arquitecto cualquiera. A él se deben diferentes obras arquitectónicas en el término de la Villa y en otros ámbitos de Bizkaia. Valgan como ejemplos el Ayuntamiento de Portugalete y el Ayuntamiento-Escuela de Galdames, entre otras maravillas arquitectónicas.

Pero entremos en la casa de Víctor y su hermano Benigno. Llama poderosamente la atención la complejidad, diversidad y relativa falta de simetría de las fachadas de la construcción bilbaina que yerguen hacia el cielo para aunarse en un todo. El Palacio Chávarri dispone en una planta semisótano, una planta noble en situación de entresuelo, tres plantas superiores y una planta cubierta amansardada. Da frente, su fachada principal, a la plaza a la que se ajusta, en lo que a forma se refiere, a su alineación. En su zona trasera se habilita un jardín en el que, con posterioridad a su inicial construcción, se realizaron algunas edificaciones complementarias. Hay que resaltar que su ubicación en la plaza Moyua coincidía, en los momentos en que se edificó el Palacio, con lugares semejantes a las de este; es decir, con diferentes palacetes que configuraban el entorno de un pequeño parque, jardín romántico, en cuyo centro se levantaba el monumento a Doña Casilda Iturrizar que hoy se puede contemplar en el parque que lleva su nombre. Como curiosidad y reto para el visitante, digamos que entre la multitud de ventanas que los adornan... ¡no hay una igual!

Colorido y composición Llama la atención de su fachada ,el peculiar colorido y composición, que presenta la particularidad de poseer todas sus ventanas diferentes y un espectacular tejado. Concluidas las obras en 1894, el palacio está inspirado en el hotel Zegers-Regnard construido en Bruselas por Paul Hankar en 1888, como un tipo de casa de ciudad y al mismo tiempo con características de vivienda unifamiliar. Transmite reminiscencias historicistas y modernistas con referencias del renacimiento flamenco, en una imagen dinámica.

Allá en el siglo XIX, Indautxu era la zona de expansión de Bilbao para una burguesía adinerada que quería dejar huella de su riqueza y su éxito industrial. Un ejemplo de ello es el Ensanche que empezó a prosperar a principios del siglo XX y que tuvo en 1915 un momento de ebullición arquitectónica. Las acaudaladas familias de Bilbao erigieron sus mansiones sin reparar en gastos. Grandes arquitectos de la época, como Leonardo Rucabado, Atanasio de Anduiza o Julio Saracibar, dejaron su impronta en estas villas y palacetes. El estilo regionalista marcó la tendencia arquitectónica en edificios, como el Chalet Allende, prácticamente la única muestra que queda en pie de las casas y palacetes que se edificaron en esta zona residencial de Indautxu, y que competían en belleza con la originalidad del Palacio Chávarri, la imponente y barroca fachada del Palacio Foral o la sorprendente sencillez de Villa María, que fue el primer hogar de Sir Ramón de la Sota.

El Palacio Chávarri preside y se constituye en el símbolo más notable de la plaza Moyúa, rodeado de otras arquitecturas no menos interesantes: La Aurora, Hotel Carlton, etc. y, a despecho de las actuales utilizaciones, es un testimonio y un referente de aquella sociedad bilbaina de finales del siglo XIX de cuya iniciativa y empuje se fue cuajando el Bilbao industrial de los tiempos modernos.

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