Rincones perdidos en la memoria

Un faro en el Mar Modernidad

Es el mástil del Bilbao moderno, un icono de la transformación de la ciudad para el siglo XXI. Torre Iberdrola está repleta de modernidades y rincones secretos. Vean, sino, la fotografía de Bilbao con tecnología NASA de la planta 25

01.03.2020 | 06:15
Imagen geopanorámica de Bilbao de 278 fotos de 200.000 x 23.700 pixeles, firmada por Juan Ignacio Llana Ugalde y hecha con tecnología de la NASA, que ilustra la planta 25 de Torre Iberdrola

HUBO algún que otro runrún de reproches por ese desafío al skyline de Bilbao con su escala todopoderosa que, sin embargo, le ha convertido en un icono de la transformación de Bilbao, miembro de la Santísima Trinidad Urbana, junto al museo Guggenheim y Metro Bilbao. Torre Iberdrola recibió su primera piedra el 19 de marzo de 2007 en Bilbao, y su edificación se dio por finalizada en 2011, al decir de su arquitecto , César Pelli. La inauguración oficial, presidida por el rey Juan Carlos I, se celebró el 21 de febrero de 2012 y en apenas estos ocho años de vida ya va convirtiéndose en una de esas historias que se ganan las credenciales de De Bilbao de toda la vida.

Puede decirse que es un faro en el Mar de la Modernidad de la luna de Bilbao. No era la elegida. En aquel plan maestro de Cesar Pelli de 1993 ya estaba previsto una torre de similares características aunque no con el apellido que hoy gasta. No en vano, el actual rascacielos es el sustituto de la Torre Foral prevista. Se trataba de un proyecto de similares características al actual, destinado a aglutinar en un mismo edificio todas las oficinas que la Diputación Foral de Bizkaia tenía repartidas por la ciudad, y que finalmente fue cancelado en el año 2003 debido a su alto coste de realización y de mantenimiento.

¿Qué se le pide a un rascacielos...? Si fuésemos hijos de Chicago, el primer Himalaya de la arquitectura que se conoció, la pregunta estaría de más pero Bilbao es una tierra mortal en este tipo de edificaciones. Es por ello que merece la pena preguntarle a Elena Lázaro, directora de Torre Iberdrola. Ella conoce los misterios y los pormenores de ese universo vertical. Queda uno con ella y la cita se traslada a la planta 25 de la Torre, el mirador turístico que volverá a abrirse, sábados y domingos, a partir del 4 de abril. Merece la pena. Más allá de las vistas disfrutables hacia el exterior, en esa planta se sitúa la que probablemente sea la más completa fotografía que jamás se haya hecho de Bilbao. Está sacada, les anuncio, desde el monte Arraiz. Se trata de una imagen geopanorámica de Bilbao de 278 fotos, con una calidad de 200.000 x 23.700 pixeles, firmada por Juan Ignacio Llana Ugalde y sacada con tecnología de la NASA. Resumiéndola: tiene tanta calidad que si uno fija la mirada ve lo que sirven de primero en cada casa que, al descuido, tenga las ventanas abiertas. Es La Foto, dicho así, en lenguaje grandilocuente.

La historia de esta Torre tuvo un ir y venir continuo, más allá de lo ya contado. Sin ir más lejos en los primeros planes se habló de un 50% de propiedad de hoteles Abba con la otra mitad a manos de Iberdrola. Pronto cambió el plan y a la entidad hotelera le sustituyó otra entidad, la finaciera de Kutxabank. Hoy en día los porcentajes hablan de un 68% en manos de Iberdrola y un 32% en los cajones de Kutxabank. Su vida, según reconoce la propia Elena Lázaro, está diseñada para "empresas de todos los tamaños, desde un trabajador a 600". Porque es justo ese rasgo de carácter el que le distingue en el mercado: se trata de un edificio pensado para los servicios, con una tecnología que lo diferencia de tanto como existe en el marcado.

¿En qué se puede destacar un espacio tan singular como el presente? Desde la cúpula, donde se ubica un helipuerto hasta los olivos del hall, sobre los que trabajó el equipo de paisajistas de César Pelli. No en vano, llegaron desde Estados Unidos para elegir los olivos más adecuados al espacio. Es curioso. Según confiesan desde la gestión de la torre recuerdan que los decoradores buscaban árboles autóctonos que le diesen savia y vida a la torre. Vista la escala de distancias que se manejan en Estados Unidos, los olivos pertenecen a esa estirpe vegetal. Son árboles cercanos a esta tierra. No por nada, sobre los suelos de mármol travertino, que son las señas de identidad de un edificio que aspira a convertirse en referente para los centros de negocios a nivel internacional, arraigan unos omaravillosos olivos que fueron rescatados de los viveros para darles vida en el vestíbulo del local, donde pueden observarse las obras de artistas vascos que tratan o usan materiales que nos recuerdan la apuesta de la torre por la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. Es el caso del enorme mural 'Natura Imaginis', creado por el pintor Jesús María Lazkano que recrea las raíces de la reserva natural de Urdaibai.

Bienvenidos sean los visitantes a un espacio que tiene vida propia. Digamos que, de salida, el rascacielos cuenta con 25 ascensores dispuestos en el colosal edificio. Se siente perfectamente en los oídos la presión al ascender y es que el ascensor más lento sube a una velocidad de 3,5 metros por segundo (el triple que uno normal), el más veloz a 6 metros por segundo, casi supersónico.

Entre los hierros oxidados de una crisis siderúrgica, que puso en el paro al 30% de su población, y las inundaciones por las riadas en 1983, Bilbao encontró la piedra filosofal para renacer y convertirse en un modelo de recuperación urbana que hace escuela en el mundo. La Torre fue uno de los espacios que aportaron savia nueva a la regeneración de Bilbao. Describamos sus características, más allá de lo ya contado. Sin ir más lejos conviene detallar que se trata de un prisma triangular con caras curvas de 165 metros y 41 plantas, el quinto de España en altura. Tiene un bonito y elegante atrio de entrada donde se han plantado los citados olivos y arbustos aromáticos y su eje se encara, como la proa de un barco, hacia la calle Elcano y la plaza Moyúa, de donde parten las vías más importantes de la margen izquierda del Nervión. Desde su helipuerto se abarcan los 360 grados de la ciudad, un botxo (hoyo) rodeado por montes, que son los que marcan el auténtico skyline de Bilbao. Al este y al sur quedan las cuadrículas de los barrios de Abando y de Indautxu; al noroeste, Deusto; al sudoeste, el estadio de San Mamés.

En el día a dia, el trajín es mayúsculo. La juventud le irradia sangre fresca. No por nada, el 60% de los trabajadores y trabajadoras que participan en la torre son menores de 35 años y muy duchos en cuestiones tecnológicas. La torre de Pelli la flanquean sendos edificios de viviendas de Carlos Ferrater con estructura metálica. A su lado, siguiendo la curva de la nueva plaza Euskadi, está el Artklass, 190 viviendas de lujo del luxemburgués Rob Krier que lucen una veintena de fachadas diferentes, con arcos, miradores, frisos, cariátides y más de cien tipos de ventanas. Se trata de una colorista y delirante interpretación de los edificios clásicos del Ensanche. En una de sus cúpulas, una frase, en euskera, del astrónomo y matemático Johannes Kleper "Lo imposible con esfuerzo se consigue", es toda una declaración de principios de este Bilbao reinventado.

Con 165 metros de altura, este elegante edificio de oficinas se ha convertido en una obra de arte de la arquitectura terciaria, referente por su diseño, tecnología y sostenibilidad. Torre Iberdrola cuenta con una de las máximas calificaciones: la prestigiosa Certificación LEED CS 2.0, otorgada por el USGBC que evalúa y reconoce a aquellos proyectos que hacen uso de prácticas más respetuosas con el medio ambiente. Los puntos eléctricos de recarga, los servicios multiusos del Corte Inglés, un gimnasio, restauración y espacios polivalentes edifican una ciudad entera en su interior.