Rincones perdidos en la memoria

Una delicadeza en el ‘salón urbano’

Antaño los tinglados dieron cobijo al grano, el cacao, el bacalao, el café, el azúcar y mercancías varias, con un punto de encuentro entre el mercado marítimo y el tránsito ferroviario. Hoy las flores alegran sus domingos

09.02.2020 | 09:56
El mercado de las flores que inunda, cada domingo, los tinglados de El Arenal.

Antaño los tinglados dieron cobijo al grano, el cacao, el bacalao, el café, el azúcar y mercancías varias, con un punto de encuentro entre...

lA primera definición de tinglado en el diccionario de la RAE es cobertizo. Otro significado lo entiende como tablado armado a la ligera y tinglado equivale también a artificio, enredo, maquinación. De ese tablado armado a la ligera vengo a hablarles. De los tinglados del Arenal.

Hoy en día este espacio alberga el mercado de flores y plantas, los 13 puestos de floristas que antaño se repartían cada domingo alrededor del kiosko de El Arenal y que hace unos años ya se trasladaron a las tejavanas cercanas al Ayuntamiento. Unos años después, en septiembre de 2014, el Ayuntamiento de Bilbao, Bizkaiamendi y Slow Food Bizkaia escogieron ese mismo espacio para darle rienda suelta a Gure Lurreko Merkatua en el que participan productores y productoras de Bizkaia. Desde las 10 hasta las 15 horas de cada sábado uno no solo puede comprar deliciosos productos vizcainos de temporada, sino que además, los y las baserritarras explican de dónde proceden los alimentos y cómo los trabajan. Es una manera fantástica de acercar lo mejor de la tierra a la mesa.

El paso del tiempo ha propiciado, como ven, un reciclaje de usos y costumbres. Visitemos los orígenes de este espacio para conocer los manantiales de los que nace esta singular construcción. Los tinglados se encuentran ubicados en el paseo del Arenal, en el tramo que discurre paralelo a la calle Sendeja. En principio eran dos estructuras exactamente iguales, aunque se cerró una de ellas para albergar una oficina de Turismo de Bilbao. La que aún se conserva en su estado original, es sencilla, y está compuesta por una cubierta de tejavana apoyada en finas columnillas que hacen una pequeña concesión a lo decorativo en su remate. Su interés es doble: por un lado tipológico, ya que es único en su naturaleza; por otro lado, es una de las pocas muestras de la arquitectura del hierro propia de finales de siglo, que se conserva en Bilbao. Muestra el carácter original y la naturaleza de esta zona del paseo del Arenal, en sus utilidades y funcionalidad originales.

Bilbao ha sido hasta hace no demasiados años un puerto fluvial cuya actividad marítimo-comercial se realizaba a lo largo de los muelles de ambas márgenes en función de la naturaleza y destino de las mercancías; éstas se descargaban bien en la orilla derecha, Atxuri-Arenal para suministro de la villa, o por la existencial de ferrocarril y fábricas en la izquierda, desde Urazurrutia hasta San Mamés. Para estas necesidades se construyeron unos tinglados proyectados por el ingeniero de Caminos Canales y Puertos, Evaristo Churruca (1841-1817), director de la junta de Obras del Puerto de Bilbao (1977-1908), quien se preocupó de dotarlos con algunos recursos ornamentales para que tuvieran una estética urbana lo más bella posible, muy consciente de su situación en espacios públicos de gran concurrencia. Estos tinglados, solo difieren en su longitud, de seis metros de anchura entre pilares de fundición estriados rematados con hermosos capiteles para apoyo de cerchas metálicas, de donde salen unas artísticas ménsulas de 1,5 metros de vuelo, todo ello cubierto con tejas de hierro galvanizado; el pavimento era de adoquines de madera para evitar daños al depositar los suministros. En 1990 ya sufrieron una reparación no muy afortunada, según las voces autorizadas. La memoria del proyecto, de 1894, al referirse a su utilidad dice: "Para que pusieran las mercancías al abrigo de las lluvias tan frecuentes en esta localidad, ínterin se llevan a la Aduana las que así lo requieran o se despachan las demás en el muelle mismo". Concebidos en función de las necesidades del comercio y del tipo de los productos, bacalao, grano, cacao, café, azúcar que no requería de grandes almacenes ni de recintos cerrados. Existieron tres en la margen derecha: muelle del Teatro, (trasera del Arriaga), La Salve y estos de la Sendeja-Arenal; y dos en la izquierda: Ripa y Uribitarte. En la actualidad uno de los dos únicos que quedan, se utiliza como terminal del Bizkaibus, uso correcto y similar por la función e tránsito, en este caso de personas y autobuses, a la originaria y que salvo unos carteles y unos burladeros entre pilares, no requirió más intervención en él y no se alteró su concepto espacial.

Los tinglados forman parte de la decoración histórica de una ribera que tiene una declarada vocación peatonal como itinerario de borde fluvial continuo desde el Paseo de los Caños, Atxuri-San Antón, Arenal, Campo Volantín, o Botika Zaharra. Cuesta imaginar, en el paso de hoy en día, la refriega de estibadores y mercancías que llegaban a la villa, el guirigay que uno imagina que se formaba a diario. Eso no significa que su latido haya desaparecido. No en vano, en Santo Tomás se convierten en elegante mercado, en la noche blanca en escenario de mil y un ocurrencias, en según que días salas de exposición e incluso se han visto, bajo su techumbre, flashmobs y demás actividades que dan vida el Arenal de los disfrutes.

No hay que olvidar que este salón urbano que es El Arenal ocupa un lugar ganado a la Ría, ya que en sus orígenes fue un brazo de mar con depósitos de arena en la margen derecha de aquélla. Desde la fundación de la Villa en el siglo XIV fue empleado como zona de puerto natural y astillero, convertido junto con la antigua Plaza del Mercado en lugar de intercambios comerciales. En el año 1590 se ejecuta un muelle de cantería y en 1640 la construcción de una estacada para mejorar las zonas de atraque, aunque es en el siglo XVIII cuando se acometen las reformas más importantes de este espacio urbano.

A principios del siglo XIX se colocaron faroles de reverbero (candiles con aceite), una nueva fuente y un abrevadero mular y caballar para las bestias encargadas del transporte de mercancías hasta la zona de atraque de barcos. En 1814 José Joaquín de Echezarreta donó a la Villa cincuenta castaños de indias para ser plantados en el Arenal y para 1847 ya se tiene constancia gráfica del diseño del parque, gracias a un plano del arquitecto Julián de Salces. Configurado fundamentalmente con árboles, jardines y bancos.

Con el traslado definitivo del Puerto Interior de Bilbao al Abra Exterior, en la última década del siglo XX, se elimina el tráfico portuario y las zonas de atraque, convirtiéndose la totalidad del Arenal en zona de Parque reservada para peatones.