Paisajes suaves y ondulados, tonos rojizos y manto de viñedos, cereal y frutales es lo que nos viene a la mente cuando alguien pronuncia La Rioja. Y se nos llena la boca de buen vino y pan muy blanco y nos suena en el oído el crepitar de las chuletillas de cordero chamarito dorándose sobre los sarmientos.

No es poco. Pero La Rioja es mucho más. Hay una Rioja verde y atlántica que se enrosca en carreteras de montaña entre hayedos y robledales surcados por pistas y senderos que saltan de valle en valle. Paisajes inesperados, trazas de viejas explotaciones mineras, una naturaleza poderosa, poblaciones recónditas apiñadas en las laderas, miradores que quitan el aliento y mesones que lo reponen entre gentes tan amables como auténticas.

El pantano de Mansilla. J.Gamboa

El Alto Najerilla

El curso alto del Najerilla supone un buen ejemplo. Las sierras de la Demanda y Urbión dan a luz al río y cobijan el entorno. El paisaje es de una belleza sin maquillajes. Arroyos cristalinos cortan los valles. Los bosques son tupidos y antiguos. La naturaleza es generosa. El Parque Natural del Alto Najerilla protege más de 45.000 hectáreas. La Laguna de Urbión es una joya de origen glaciar que se encuentra a más de 2.000 metros de altitud. Los bosques de hayas, robles y fresnos no tienen fin. Sus noguerales dan la afamada nuez de Pedroso, un fruto seco excepcional recolectado a los pies de la sierra de la Demanda.

Mansilla de la Sierra se encuentra ahí, tras un recodo y un paso sobre el enorme embalse. Es un pueblo atípico y fascinante en el que veraneó la adolescente Ana María Matute. El antiguo núcleo se encuentra sumergido bajo las aguas. En el nuevo, que data de los años 60 se conservan escudos heráldicos y un puente gótico sobre ningún curso de agua que hace hoy de mirador. 

Viniegra de Arriba se encuentra a casi 1.200 metros de altitud. Calles empedradas, arquitectura popular, silencio alterado por los cencerros de vacas y caballos. El aire, perfumado por la encina al fuego, y el sol resultan tan auténticos que es fácil caer en la tentación de sentirlos en la piel y dejar que sea el tiempo quien corra. Sin hacer nada. Solo respirar y llenarse los pulmones. 

A unas revueltas de asfalto surge Viniegra de Abajo con su trazado de calles ortogonales, nada que ver con la abstracción adaptada a la montaña de, por ejemplo, la magnética Ventrosa. Las casonas palaciegas de quienes cruzaron el Atlántico o se acercaron al Mediterráneo para triunfar y regresaron se ordenan en la parte baja con sus rejas y jardines.

Una de las calles empedradas de Ventrosa. J.Gamboa

Villavelayo, Brieva de Cameros o Canales de la Sierra, con sus viejos puentes sobre el Najerilla, también merecen la visita. Y la parada para tomar un vaso de vino con su cuña de queso y unas rodajas de buen chorizo riojano encuentra en Baños del Río Tobía. La conversación versará sobre cómo pasó o vendrá la temporada de hongos. Y por donde anda el jabalí. Pasará alguna escritora pensativa. O un artista plástico huido de la ciudad. En Canales de la Sierra, su teatro, conocido popularmente como La Corrala, es una joya única construida en el siglo XVIII que se alza como el teatro barroco más antiguo de La Rioja y uno de los más singulares de España. 

Anguiano y Valvanera

Mucho más abajo, donde el Najerilla tras tallar cañones comienza a regar vegas, se encuentra Anguiano, la cuna de los mejores caparrones del mundo: la alubia de Anguiano es una legumbre roja de piel finísima y textura mantecosa que no se deshace en la olla. La localidad presume de vida callejera, rúas estrechas y adoquines en pendiente por donde se lanzan los danzadores, y también una danzarina, con sus zancos. El espectáculo pone los pelos de punta y deja como cosa para eméritos la práctica de deportes de riesgo. Pero lo exige la tradición que abarrota balcones, plazas y cantones. 

Los danzadores de Anguiano abarrotan los balcones, las calles y las plazas. CROMA FOTOGRAFOS

A una docena de kilómetros por unas de las curvas más bonitas por las que se puede conducir o pedalear en cualquier carretera, el corazón espiritual de La Rioja: el Monasterio de Valvanera y su hostería. El entorno conecta a quien llega con la Tierra. Nudo de senderos, basta el callar para escuchar a quienes se esconden de las rapaces que trazan espirales junto a las nubes. Hay que tener cuidado: Valvanera atrapa y siempre alarga la estancia. Inocula la necesidad de regresar.

El río Najerilla, que salta de una localidad a otra, constituye el gran paraíso de los pescadores en el norte peninsular. Su cauce de aguas cristalinas, bravas y oxigenadas desciende de la sierra creando el hábitat perfecto para la trucha común autóctona.

Esta es una parte de La Rioja en la que no se adivina el Ebro y los viñedos solo se pueden imaginar. Un Rioja de altura.      

Monasterio de Cañas y Santa María la Real de Nájera, imprescindibles

El Monasterio de Santa María del Salvador en Cañas, una localidad en la que el monte San Lorenzo gobierna el horizonte, es una joya del gótico primitivo. Y es visitable. Los grandes ventanales apuntados en los que el alabastro cumple la función del vidrio inundan la iglesia con una luz blanca. El sepulcro de la beata Urraca merece la pena por sí mismo, se trata de una obra maestra de la escultura funeraria gótica. El museo anexo sorprende.

Visita guiada al claustro de Santa Maria la Real de Najera.

A unos minutos se encuentra la que fuera orgullosa capital del Reino de Nájera-Pamplona. Su joya, además de sus gentes, es el Monasterio de Santa María la Real de Nájera. El imponente edificio, visitable, refleja la riqueza de quienes lo levantaron: el claustro de los Caballeros luce calados platerescos de gran belleza y los arcos detienen al caminante. El Panteón Real, donde yacen los restos de reyes navarros y castellanos, conserva esculturas góticas policromadas casi haciendo guardia a la cueva mística donde el rey Don García encontró la imagen de la Virgen. Como en Cañas, el museo adjunto resulta más que interesante. Igual que la coqueta sala para exposiciones temporales. 

El Monasterio de Santa María del Salvador, en Cañas.

AutorIA, la muestra de la que hablará quien pase por La Rioja

Una gran muestra diseñada para situar a la región como referente internacional, no solo en el origen histórico del idioma español, sino también en su proyección de futuro y los retos digitales. Eso es AutorIA.

Su ubicación en el Monasterio de Yuso y en San Millán de la Cogolla supone toda una declaración de principios. Está prevista su inauguración en el segundo semestre de 2026 con una duración mínima de tres meses como exposición temporal, para después convertirse en una instalación permanente que enriquecerá la visita habitual al monasterio.

El concepto de la exposición gira en torno a un relato cultural que une patrimonio, conocimiento y tecnología. Se estructura en un viaje que abarca desde las primeras manifestaciones escritas del español, las Glosas Emilianenses, hasta los desafíos contemporáneos del idioma frente al desarrollo de la Inteligencia Artificial aplicada a la lengua.

Para acoger el montaje museográfico, el monasterio ha acometido una transformación y rehabilitación integral. Gracias a ello, la exposición permitirá al público visitar estancias hasta la fecha cerradas a las vistas como la sala de códices y cantorales, la Sala Preciosa y el coro alto, el Salón de los Reyes y el claustro alto o las antiguas celdas de los monjes y la capilla de convalecientes.

La muestra combinará herramientas interactivas, recursos audiovisuales avanzados y tecnologías inmersivas. Además, servirá para el reencuentro de piezas históricas muy simbólicas con su lugar de origen; por ejemplo, se expondrá la Virgen de la Manzana, una talla policromada de los siglos XIII-XIV que fue robada del Monasterio de Suso en 1963 y recuperada recientemente.

AutorIA supone un hito cultural al nivel de las grandes exposiciones nacional, equiparable en trascendencia para la La Rioja a lo que implicó la celebración del Milenario de la Lengua en 1977.