Cepillarse los dientes es uno de esos hábitos tan automatizados que pocas personas se preguntan si lo están haciendo bien. La respuesta, según la odontóloga Jacqueline Polanco (@jacque.polanco) de Fresh Dental Atlanta, es que la mayoría lo hace mal. No por falta de constancia, sino por falta de técnica. La técnica, en este caso,y según dice, importa más de lo que parece.
El primer error
Antes de hablar de movimientos, la doctora Polanco señala dos condiciones previas que muchos incumplen sin saberlo. La primera es el tipo de cepillo: debe tener cabeza pequeña y cerdas extra suaves. Ni medias, ni suaves estándar: extra suaves. Un cepillo de cerdas duras o incluso medias puede dañar el esmalte y las encías con el uso, provocando una recesión de las encías que con el tiempo deja las raíces expuestas y los dientes sensibles.
La segunda condición es la fuerza con la que se sujeta el cepillo. "Agarrando el cepillo de una forma suave y ligera, nunca apretando", insiste la odontóloga. "Si aprietas tu cepillo de esa misma manera, vas a lastimar tus dientes y tus encías". El error habitual es apretar el mango como si con más presión se limpiara más. Ocurre exactamente lo contrario: la presión excesiva desgasta el esmalte, irrita la encía y hace que las cerdas se doblen perdiendo efectividad.
El método
El paso más importante de la técnica que enseña la doctora Polanco es dividir la boca en cuatro zonas: parte superior derecha, superior izquierda, inferior derecha e inferior izquierda. Cepillar en orden, cuadrante por cuadrante, garantiza que ninguna zona quede olvidada y que el tiempo de cepillado se distribuya de forma uniforme por toda la boca.
Dentro de cada cuadrante, la doctora recomienda empezar siempre por la parte de atrás, es decir, por los molares, que son las piezas más difíciles de alcanzar y las que más placa acumulan. El movimiento debe ser circular o redondeado, no horizontal de lado a lado, que es el gesto más lógico pero también el que más desgasta el esmalte cervical.
Cada diente tiene tres superficies: la parte frontal o visible, la parte interior que da hacia la lengua o el paladar, y la parte de la mordida. La doctora Polanco indica que hay que pasar el cepillo diez veces por cada una de esas superficies. Si se hace así, el tiempo necesario para un cepillado correcto es considerablemente mayor al minuto y medio que la mayoría dedica en la práctica. Las recomendaciones sitúan el mínimo en dos minutos.
Una vez terminadas las cuatro zonas, la doctora cierra la rutina con un barrido en la lengua. La misma acumula bacterias que son responsables de buena parte del mal aliento y que, si no se eliminan, vuelven a colonizar los dientes en minutos. Un par de pasadas de delante hacia atrás con el mismo cepillo es suficiente para reducir significativamente esa carga bacteriana.