Bizkaia concentra actualmente más de la mitad de las personas desaparecidas que la Ertzaintza está buscando en Euskadi. En cifras, en estos primeros días del mes de junio permanecen desaparecidas 99 personas en el territorio histórico, lo que representa cerca del 54% de las 184 personas desaparecidas contabilizadas en el conjunto de Euskadi, según los datos del departamento de Seguridad del Gobierno Vasco. De las 99 personas desaparecidas en Bizkaia, 50 son adultas y 49 menores de edad, un reparto prácticamente equilibrado que refleja la diversidad de perfiles afectados. Entre las personas adultas desaparecidas destacan además 18 mayores de 60 años, un colectivo especialmente vulnerable por las circunstancias que suelen concurrir en este tipo de casos. En el resto de Euskadi permanecen desaparecidas 44 personas en Gipuzkoa y 19 en Araba, mientras que otras 22 tienen su origen fuera de la CAV. A nivel estatal hay unas 6.000 denuncias activas de personas que no se han encontrado.
Los datos del departamento de Seguridad del Gobierno Vasco reflejan, sin embargo, una elevada eficacia en la respuesta policial. Durante 2025 se interpusieron en Bizkaia un total de 702 denuncias por desaparición y, de ellas, únicamente ocho continúan sin esclarecerse a día de hoy. Esto supone que el 98,86% de los casos denunciados fueron resueltos, ya sea mediante la localización de la persona desaparecida o el esclarecimiento de las circunstancias. Esto sitúa a la Ertzaintza como la mejor policía del Estado en esta materia. No obstante, el comisario jefe de las Secciones Centrales de Investigación Criminal y Policía Judicial de la Ertzaintza, Hugo Prieto, prefiere evitar hablar de porcentajes: “No me gusta hablar de porcentajes porque en cualquier delito si hablas del 97% de resoluciones es un éxito policial, pero aún nos queda un 3%. Es decir, si hablamos de que tenemos 1.500 denuncias de desapariciones al año y no encontramos un 4%, son casi 50 personas”.
Un sistema único. La Ertzaintza cuenta con un sistema que no tiene el resto de policías estatales. Tal y como explica el comisario jefe de las Secciones Centrales de Investigación Criminal y Policía Judicial, el propio sistema informático lanza avisos a los agentes investigadores en los que les dice que se tiene que realizar alguna gestión, hablar con la familia, preguntar si ha aparecido. “A veces aparece y no se nos comunica o tienen constancia de dónde está y no se nos ha informado”, apunta Hugo Prieto. Entonces el propio sistema recuerda que ha pasado un tiempo y el agente tiene que realizar una serie de gestiones.
En cuanto a las desapariciones, Prieto insiste en eliminar el mito de las 24 horas para presentar una denuncia, algo que en las películas y series suele ocurrir, pero que en la realidad no es así. La decisión de actuar se debe tomar en el momento en el que una ausencia está “fuera de todo comportamiento habitual, cuando ese retraso empieza a ser preocupante”. Antes de ponerlo en conocimiento de la Ertzaintza hay que hacer unas gestiones previas: llamar por teléfono -sin abusar para no agotar la batería porque va a ser una herramienta para la localización-, ir a su casa, llamar a alguna persona con la que haya estado o pudiera estar. “Cuando esas gestiones mínimas no han dado ningún resultado, de inmediato ponerlo en conocimiento de la Ertzaintza, del 112”, indica Prieto. A diferencia del resto de policías estatales, cuando se llama al 112 se abre inmediatamente una ficha de persona desaparecida que va a ser enviada a las comisarías de la Ertzaintza y las policías locales. Esto antes de que se presente una denuncia formal, que en muchos casos no se llega a poner porque la persona ya ha sido encontrada. “En ese intervalo en el que se nos hace la comunicación y se hacen las primeras gestiones se localizan a un montón de personas que estaban desaparecidas”, añade.
Reconstrucción de los hechos
Las desapariciones pueden ocurrir en cualquier momento y en el entorno de uno mismo. “Los que somos aitas o amas y hemos estado en el parque con nuestro hijo o hija, le hemos visto en el caballito, hemos girado la cabeza para saludar a un amigo, hemos vuelto la vista y no está. Entonces lo buscamos entre los niños, nos acercamos, se nos pone un nudo en el estómago, tenemos una sensación momentánea de segundos, de vértigo, de no saber qué hacer y de repente aparece la cabecita por el tobogán. Eso es lo que pretendo cada vez que se hable de personas desaparecidas. Esa sensación de 10 segundos, que pensemos cómo los familiares la mantienen dentro de ellos años, meses, semanas...”, ejemplifica.
Además de poner todos los medios disponibles para encontrar a la persona desaparecida, el protocolo de la Ertzaintza es abrir una investigación policial para conocer hábitos, telefonía, etcétera, que pueda ayudar a la localización de esa persona. Se reconstruyen las últimas 24 horas, sus últimas semanas, su último mes o incluso su último año desde que se supo de su desaparición. “Analizar todo ese periodo es lo que nos va a permitir conocer posibles situaciones: enfermedades que igual no ha comentado a la familia, situaciones de presión o de coacción que pueda estar sufriendo, adicciones o simplemente que al final esa persona ha decidido hacer un cambio de vida, que a veces también nos ha sucedido”, analiza.
No obstante, no siempre se da con la persona. “Nosotros intentamos por todos los medios localizarlas”, señala Hugo Prieto, quien lanza: “¿Cómo puede desaparecer alguien hoy en día con todas las cámaras que hay o con todos los dispositivos que llevamos encima?”. La respuesta es clara: “Ocurre más de lo que desearíamos y sucede, porque aunque no lo creamos, hay veces que ni siquiera aparecen en las cámaras. Por ejemplo, va alguien andando y no aparece por ninguna cámara. A veces lo vemos, pero lo perdemos... entramos en una serie de situaciones en las que no vemos a las personas desaparecidas”.
“Termina cuando aparece”
Hugo Prieto subraya que “la búsqueda de una persona desaparecida solo termina cuando aparece”. Sin embargo, si esa persona no aparece existe la fase administrativa para poder llevar a cabo trámites de la persona desaparecida. “Hay que esperar un año desde las últimas noticias de la persona desaparecida para poder declararse defensor del ausente”, comenta Prieto. Sin embargo, antes de que se complete este año sí se puede hacer solicitando “al juzgado unas medidas excepcionales para atender esa necesidad” para, por ejemplo, la firma de unos documentos que hasta que uno no se declara defensor del ausente puede tramitarlos. La siguiente fase llega a los diez años para la declaración de fallecimiento o cinco en el caso de que la persona desaparecida haya cumplido 75 años, aunque eso no quiere decir que la Ertzaintza deje de buscarla. “Es un trámite administrativo reversible en caso de que aparezca la persona”, añade.
La investigación se da por concluida bien si aparece un cadáver y se le identifica como una persona desaparecida. Automáticamente se cierra la ficha y se abre un proceso judicial. De hecho, únicamente dan por terminadas las pesquisas si de una forma oficial certifican que la persona ha aparecido bien y está libre. “Una llamada de teléfono no nos sirve porque yo puedo estar coaccionado y hacer esa llamada de teléfono”, aclara Hugo Prieto. Incluso han recibido comunicaciones de personas que se niegan a acudir a la comisaría por lo que la ficha como persona desaparecida va a continuar abierta. Esta situación perjudica seriamente a la persona. Un ejemplo claro es que cuando quiera montarse en un avión no lo podrá hacer porque saltaría una alerta.