Las rutinas de skincare se han convertido en uno de los contenidos más consumidos en redes sociales. Cremas hidratantes, sérums, exfoliantes o mascarillas aparecen a diario en vídeos que prometen una piel perfecta si se sigue una serie de pasos concretos. El problema surge cuando estos mensajes, pensados para adultos, llegan a un público cada vez más joven. En los últimos años ha comenzado a consolidarse el fenómeno conocido como Sephora Kids: niñas y niños que utilizan productos cosméticos de adulto, muchas veces de gama alta, imitando rutinas que ven en TikTok o Instagram. Lo que puede parecer un simple juego encierra, según los dermatólogos, riesgos reales para la salud de la piel infantil y para el desarrollo emocional de los menores.
La principal razón por la que este fenómeno resulta preocupante es que la piel de un niño no funciona igual que la de un adulto. La dermatóloga Sara Carrasco explica que “el sistema hormonal que activa la glándula sebácea en el niño todavía no se ha desarrollado”, y que este proceso no comienza hasta la preadolescencia. Es esa activación hormonal la que provoca los cambios propios de la piel adulta, como la producción de grasa o la aparición del acné.
Una piel que aún no está preparada
En la misma línea, la dermatóloga Sara Ibardia señala que la piel infantil presenta diferencias estructurales claras: “La barrera cutánea es mucho más inmadura y más permeable, lo que hace que determinadas sustancias externas puedan penetrar más profundamente”. Además, tiene menor producción de grasa, un pH menos ácido y mayor tendencia a la pérdida de agua, lo que la convierte en una piel más frágil y reactiva.
Estas características hacen que aplicar productos diseñados para adultos no solo sea innecesario, sino potencialmente dañino. Como resume Carrasco, “no tiene ningún sentido utilizar retinoidales, ácidos, productos antimanchas o antioxidantes en una piel de un niño”, ya que no responden a ninguna necesidad real.
Riesgos del ‘skincare’ adulto
El uso continuado de cosmética inadecuada puede alterar el equilibrio natural de la piel. Carrasco advierte que el sobreuso de productos “va a hacer que la piel no funcione de forma equilibrada, va a alterar el microbioma y la producción de grasa”. Esto puede provocar irritaciones, sensibilidad extrema e incluso que la piel empiece a mostrar problemas que antes no existían.
Ibardia añade que, debido a su mayor permeabilidad, la piel infantil es especialmente vulnerable a las reacciones adversas: “Muchos de estos cosméticos pueden provocar dermatitis irritativas que incluso pueden complicarse con sobreinfecciones bacterianas o por hongos”. Además, el contacto repetido con determinados ingredientes puede favorecer una sensibilización precoz y la aparición de alergias de contacto en el futuro.
Entre los ingredientes más problemáticos se encuentran los retinoides, exfoliantes químicos y físicos, vitamina C en altas concentraciones, niacinamida, perfumes, alcoholes y aceites esenciales. Ibardia recuerda que muchos de estos activos “son estupendos para pieles adultas, pero inadecuados e innecesarios en niños”.
Cuando la piel sana empieza a “enfermar”
Uno de los efectos más preocupantes del fenómeno Sephora Kids es que muchos menores comienzan a percibir su piel como defectuosa sin que exista un problema real. Carrasco señala que “muchos niños pueden tener la sensación de que su piel no está bien simplemente porque la aplicación continua de cosmética inadecuada está produciendo una alteración”.
Ibardia confirma que esta situación ya se está reflejando en las consultas dermatológicas: “Estamos viendo reacciones en la piel de los niños que llegan cuando la situación ya se ha pasado de rosca, porque la piel se ha desequilibrado y, en muchos casos, ha enfermado cuando estaba sana”. Es decir, se generan patologías donde antes no existía ninguna.
El papel de las redes sociales y el marketing
El auge de este fenómeno no puede entenderse sin el impacto de las redes sociales. Ibardia considera que se está produciendo una “medicalización y adultización de la piel de los niños”, promovida por influencers que no son especialistas y que normalizan el uso de activos propios de tratamientos dermatológicos.
Carrasco va un paso más allá y apunta directamente a la industria cosmética: ”“Estamos viviendo una presión de marketing por parte de casas comerciales que están creando necesidades completamente inexistentes en un target inmaduro psicológicamente. Desde su punto de vista, se está utilizando a los niños para venderles estándares de belleza irreales, como una piel sin poros, completamente lisa y uniforme. Ambas dermatólogas coinciden en que esta presión estética se apoya en imágenes irreales. Carrasco recuerda que “la piel perfecta completamente lisa solo existe con filtros”, y que la piel real tiene textura, poros, variaciones de color y cambia con el tiempo.
Más allá de la piel: el impacto psicológico
El problema no es solo dermatológico. La exposición constante a ideales de perfección puede tener consecuencias emocionales. Ibardia advierte de que se está fomentando “una relación de dependencia con los cosméticos y una necesidad estética irreal”, lo que puede generar frustración, inseguridad y una percepción negativa del propio cuerpo.
Carrasco subraya que se está jugando con el desarrollo psicológico de los menores, haciéndoles creer que necesitan productos para “arreglar” una piel que es completamente normal. Esta presión puede acompañarlos durante años y condicionar su relación con su imagen.
Qué cuidados son realmente necesarios
Frente a esta tendencia, el mensaje dermatológico es claro. Carrasco insiste en que “el cuidado de la piel no es un capricho ni un juego” y que no debería trivializarse el uso de productos activos, del mismo modo que no se juega con otros aspectos de la salud.
Ibardia resume la recomendación con una idea clave: “Cuando hablamos del cuidado de la piel, menos es más, y esto cobra todavía más importancia cuando hablamos de niños”. En ausencia de patología, los cuidados básicos se limitan a una limpieza suave, una hidratación ligera si es necesaria y, sobre todo, una correcta protección solar desde edades tempranas.
Cualquier rutina más compleja debería estar siempre pautada por un dermatólogo. El fenómeno Sephora Kids no es una moda inocente, sino un reflejo de cómo la presión estética y el marketing están alcanzando edades cada vez más tempranas. Frenarlo pasa por educar, supervisar y recordar que la piel infantil no necesita correcciones, sino protección.