Acelerar la recuperación y disminuir las complicaciones de las mujeres intervenidas de un cáncer ginecológico es el principal objetivo de la Guía de Recuperación Intensificada en Ginecología Oncológica lanzada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (Sego).

El documento, que ha visto la luz recientemente, incluye hasta doscientas medidas basadas en la evidencia científica -con sus respectivos indicadores- para optimizar la recuperación y reducir la respuesta al estrés quirúrgico, permitir una mayor rapidez en la recuperación de la función intestinal, mejorar el control del dolor, reducir la estancia hospitalaria, los reingresos y las complicaciones, y favorecer la incorporación de la paciente a su vida normal.

El documento, dividido en tres partes, incluye recomendaciones tanto para la fase preoperatoria, como para la intraoperatoria y la posoperatoria. En la primera de ellas, el consejo, preparación y acompañamiento a la paciente adquiere una relevancia fundamental. Se trata de explicar y empoderar a la paciente en todo el proceso de su intervención, implicándola en el objetivo de acelerar su recuperación.

La optimización de la anemia es una cuestión crucial en esta fase, por lo que a las pacientes con este problema se les debe aportar hierro de forma venosa u oral durante dos semanas antes para evitar la transfusión de sangre durante la operación.

Es también muy importante en la primera fase el componente nutricional, y por ello, se recomienda la evaluación a través de un test para decidir si la paciente necesita un complemento nutricional de proteínas.

Otro aspecto clave en el preoperatorio es evitar la preparación mecánica del colon, algo que se hacía antiguamente, y que implicaba preparar el intestino de forma muy compleja.

Por su parte, en la fase intraoperatoria, se desaconseja el uso de yodo (Betadine) para desinfectar la piel, recomendándose en su lugar el empleo clorhexidina al 2%, o el rasurado del vello púbico, que no se estima necesario por lo general, y, en caso de que sea preciso, debe realizarse con maquinilla eléctrica.

También se recomienda limitar al máximo el uso de morfina o mórficos para el dolor y practicar una analgesia multimodal a fin de evitar las posibles adicciones, así como el posible impacto que tienen estos fármacos en los factores de crecimiento de los tumores.

En cirugía abierta se recomienda, si resulta necesario, utilizar la anestesia regional o epidural, de manera que la paciente esté 48 horas sin dolor. Se desaconseja igualmente el uso de drenajes abdominales, cuya eliminación mejora el confort y disminuye las secreciones intraabdominales. En caso de tratarse de cirugía laparoscópica, en lugar de la anestesia epidural, se aconseja la infiltración de los trócares de los puertos de trabajo con el mismo objetivo de disminuir el dolor posoperatorio. En general, y siempre que sea posible, la recomendación es la de realizar una cirugía mínimamente invasiva (robótica o laparoscópica).

Otra cuestión relevante es iniciar la movilización de las pacientes a las seis horas de la operación.

Cumplimiento del 80% de las medidas

La guía, elaborada conjuntamente por un grupo multidisciplinar de profesionales del ámbito estatal, ha salido a la luz después de que diferentes estudios hayan evidenciado con resultados la eficacia de estos procedimientos. Uno de ellos es el estudio PROFAST, el cual muestra como la media de estancia hospitalaria tras una intervención de cáncer ginecológico se redujo dos días, los reingresos bajaron un 20%, y también se vio una disminución de la morbilidad de complicaciones menores.

Otro beneficio adicional de la puesta en marcha de estas actuaciones es que, si las pacientes se recuperan antes y se van antes a casa, pueden también iniciar antes los tratamientos oncológicos (quimioterapia, etc.), lo que también podría tener un impacto a futuro en la supervivencia.

Sobre la totalidad de las acciones que incluye, los responsables de la guía consideran que se debe cumplir un 80% de los ítems para que haya un impacto en la estancia mediana, en el descenso de los reingresos y en la comorbilidad. En la adherencia a estos protocolos, la implicación y empoderamiento de la paciente también es crucial, así como la colaboración de los diferentes profesionales y especialidades resulta fundamental.

El aspecto psicológico es a su vez importante, para lo cual los psicólogos crean habitualmente grupos de pacientes, en los que siguen una serie de protocolos, a través de mindfulness, para prepararlas psicológicamente en la técnica del control del dolor, la técnica respiratoria y técnicas de bio-feedback para control mental.

Por último, los responsables de la publicación recalcan que el objetivo de la misma no es otro que ayudar a estandarizar circuitos y procedimientos, promoviendo su conocimiento por todos los especialistas y su aplicación en la práctica asistencial, de forma que repercuta de forma efectiva en una mejora medible de los resultados en salud.