En imágenes: Lurretza Skyrace, la carrera de montaña de GüeñesGonzalo Pérez Zunzunegui
13La Lurretza Skyrace de Güeñes recorre 19 km y 1.500 m+ entre bosques, ríos y cimas legendarias como el Luxar y el Eretza. Una prueba dura y hermosa, diseñada con mimo, donde la historia del territorio acompaña cada zancada.
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DATOS PRINCIPALES
· Kilómetros: 19,65 km
· Desnivel positivo: 1500+
· Duración: corriendo 2:15h / Caminar - correr: 3:20h / Senderismo 4:20h
LLEGADA AL PUNTO DE PARTIDA
· Desde Bilbao, salimos por San Mames y tomamos la A-8 sentido Santander. Casi inmediatamente tomamos la salida para coger la BI-636 que nos conducirá en primer lugar por autovía, más tarde por nacional hasta Gueñes.
· Desde Donostia saliendo por Amara nos incorporamos a la AP-8. Vamos por hasta Bilbao donde cogemos la BI-636 hasta Gueñes.
· Desde Vitoria, salimos por Lakua para por medio de la N-622 llegar a Altube donde cogemos la AP-68 hasta Bilbao. Una vez allí circunvalamos la ciudad para acceder a la BI-636, la cual seguimos hasta Gueñes.
· Desde Pamplona, por medio de A-15 y después de la N-1 llegamos a Vitoria. Allí tomamos la salida 352 por la cual nos incorporamos a la N-622. A partir de aquí continuamos los pasos del punto anterior.
DESCRIPCIÓN
La Lurretza Skyrace de Güeñes se ha consolidado como una de esas pruebas que no necesitan grandes campañas para hacerse un hueco en la memoria de quienes la corren. Basta con vivirla una vez para entender que aquí la montaña no es un decorado, sino un personaje más. Sus 19 kilómetros y 1.500 metros de desnivel positivo no son un simple dato técnico: son la columna vertebral de un recorrido que atraviesa bosques antiguos, laderas cargadas de historia y cimas que han sido testigo de generaciones enteras de pastores, mineros, carboneros y caminantes. La carrera une estos puntos tanto como parte de un mapa como parte de la historia.
Primeros compases de la carrera
Organizada por el pequeño club de montaña de pueblo Azpigorri Mendi Kluba que ademas organiza salidas al monte con socios y socias desde 2013, arranco en 2024 con su primera edición con 160 participantes. En esta tercera edición se ha alcanzado la cifra de 385 inscripciones, lo que habla muy bien de la gente que la gestiona. La salida desde Güeñes tiene ese ambiente de pueblo que tanto caracteriza a las pruebas de Enkarterri: voluntarios que conocen cada curva del monte, corredores que se saludan por nombre, familias que madrugan para animar y un silencio previo que no es nerviosismo, sino respeto. Porque todos saben lo que viene: el Luxar, la primera gran muralla del día. Desde los primeros metros, el sendero se empina entre robles y castaños, recordando que esta zona fue durante siglos un territorio de aprovechamiento forestal. Los viejos del valle cuentan que en estas laderas se hacían carboneras, y que el humo negro que subía por las mañanas era señal de que el monte seguía vivo, trabajado, habitado.
Estitxu en la dura pala final del Luxar
La subida al Luxar tiene algo de iniciación. El bosque se cierra, el sendero se estrecha y la pendiente obliga a encontrar un ritmo propio. La pala final, tan directa como famosa, es un examen de honestidad: aquí no hay zigzags, no hay tregua, no hay sombra. Solo piernas, respiración y la sensación de que cada paso te acerca a un lugar que siempre ha sido frontera. No en vano son unos recorridos llenos de naturaleza, ya que pasan por parte del Biotopo protegido de los Montes de Triano a su paso por el barranco del Grazal y la cumbre del Eretza. También llenos de historia ya que atravesamos las trincheras del Cinturón de Hierro del Luxar y avanzamos a través de ellas por la cresta del monte Ganzabal.
Lexuri en la cima del Luxar
En tiempos antiguos, el Luxar era un punto de referencia para orientarse cuando la niebla cubría los valles. Los pastores lo utilizaban como hito para saber si el ganado había subido demasiado o si era momento de bajar antes de que el tiempo cambiara. Quizá por eso, al coronarlo, uno siente que ha recuperado algo esencial, como si el monte te hubiera permitido entrar en su territorio. Es por ello el cuidado que tienen con el entorno: la señalización, todas las marcas son cintas de tela y banderines reutilizables para no generar residuos ademas de balizar el dia anterior e incluso algun tramo el mismo dia. De esa forma las balizas nos estan ni 24 horas, algunas ni cuatro horas, avituallamientos, no hay vasos con lo que hay que portar su propio vaso o botella, límite de participantes, 100 personas para la marcha, 200 para la carrera corta y 200 para la carrera larga. Con ello se reduce el impacto que supone la afluencia excesiva de gente en la montaña.
CONSEJOS PARA REALIZAR ESTA RUTA
Hidratación. Al ser carrera hemos tenido avituallamientos pero sino en el refugio del Eretza tenemos fuente.
Calzado. Importante un calzado multi superficie ya que tenemos de todo, asfalto, pista, senda y algo de piedra
Dificultad. ruta muy sencilla de seguir pero no de hacer por la dureza. Eso sí con calma se hace sin problemas.
Desde la cima, la bajada hacia el río Grazal es un cambio de mundo. El sendero se vuelve húmedo, estrecho, casi íntimo. El bosque aquí es más cerrado, más fresco, más antiguo. El Grazal baja con ese rumor constante que acompaña a los corredores durante varios minutos, como si el río quisiera contar su propia historia. En las orillas se conservan restos de antiguos caminos que unían caseríos y ferrerías, porque esta zona fue durante siglos un corredor natural para transportar mineral y carbón vegetal. Correr por este tramo es como avanzar por un túnel verde donde cada raíz y cada piedra parecen colocadas para recordarte que estás en un lugar que ha sido transitado mucho antes de que existieran las carreras.
El bosque y su verde lo envuelve todo
La cima de Eretza
Pero la tregua dura poco. Al dejar atrás el río, el sendero gira hacia la montaña y aparece la gran protagonista del día: el Eretza, la cima más emblemática de las Encartaciones. Conocido como el vigía, el Eretza ha sido durante siglos un punto estratégico. Desde su cima se dominan los valles de Güeñes, Galdames, Barakaldo y parte de la costa. Las leyendas locales cuentan que en tiempos de peligro se encendían hogueras en su cumbre para avisar a los pueblos cercanos. También se dice que los mineros de Galdames lo miraban cada mañana para prever el tiempo: si el Eretza amanecía cubierto, era señal de lluvia segura.
Ultimos metros por la campa herbosa antes de hacer cima
La subida es tan dura como hermosa. El sendero se empina sin contemplaciones, y pronto aparecen los tramos con cuerda, instalados para ayudar en las zonas más verticales. No son largos, pero sí lo bastante exigentes como para recordar que esta carrera no regala nada. Aquí el corredor entra en un estado de concentración absoluta: manos, pies, respiración, equilibrio. El silencio del monte se vuelve más denso, más intimo. Es un silencio que pesa, que acompaña, que obliga a escuchar el propio cuerpo.
El disfrute se comparte con el sufrimiento
A medida que se gana altura, el bosque se abre y aparece el terreno limpio, verde, amplio, que caracteriza la parte final del Eretza. Es un tramo que invita a levantar la vista, a mirar el horizonte, a sentir que la cima está cerca. Y cuando por fin se alcanza, el paisaje se despliega como un mapa antiguo: al norte, la línea del mar; al este, los montes de Triano; al sur, los valles que se hunden hacia la meseta; al oeste, la sucesión de cimas que conectan con Balmaseda y el Kolitza. Es un lugar que impone, no por su altitud, sino por su presencia. Aquí arriba, uno entiende por qué tantas historias han nacido en torno a esta montaña.
Vistas desde el Eretza hacia Bilbao
La bajada del Eretza es rápida al inicio, técnica después. Las piedras sueltas, los giros cerrados y los tramos de hierba obligan a cambiar de ritmo constantemente. Es una bajada que exige cabeza y piernas, pero también confianza. Cuando el sendero se abre y enlaza con la pista que rodea el Luxar, el cuerpo siente que la meta está cerca. Es un tramo final que permite correr, soltar, disfrutar. Y al llegar a Güeñes, el ambiente vuelve a envolverlo todo: aplausos, voces, nombres, abrazos. La sensación de haber completado algo que no es solo una carrera, sino un recorrido por la memoria del territorio.
En fila hacia la cima
La Lurretza Skyrace es dura, sí. Exigente, sin duda. Pero también es una prueba profundamente hermosa, cuidada con un mimo excepcional. Se nota que está pensada de corredores para corredores, con un respeto absoluto por el entorno y por la historia de las montañas que atraviesa. Cada cima, cada sendero, cada tramo tiene algo que contar. Y quienes la corren, aunque sea solo una vez, pasan a formar parte de esa historia.
PLANES ALTERNATIVOS
A continuación, un par de planes extras con los que completar nuestra jornada de monte:
· Recorrer la villa de Balmaseda: obligada es la visita a dicha población de la comarca de Enkarterri. Pasearemos por sus calles peatonales que forman parte principal de su casco viejo. Nos acercaremos, también, al palacio Horcasitas, con su increíble fachada y sus jardines, a la iglesia de San Severino, donde su órgano y sus vidrieras llamaran poderosamente nuestra atención, el puente viejo, un puente medieval de tres arcos, el ayuntamiento donde su planta portificada de acceso nos dejara sin palabras. También tenemos para ver la iglesia de San Juan, el palacio Urrutia y el reloj Solar. Además de esto no podemos perdernos dos museos, el de la historia de la Villa y por supuesto el centro de interpretación de la Pasión.
· Museo de boinas La Encartada Situada a las afueras de Balmaseda, en la ribera del Cadagua, La Encartada Fabrika Museoa pretende difundir el valioso legado industrial de esta emblemática fábrica textil que se dedicó a la producción de artículos de lana, principalmente boina, desde su fundación en 1892 hasta su cierre en 1992. La fábrica tiene varios edificios: la fábrica-museo, las casas para alojar a los operarios, una capilla que también servía de escuela, etc. La visita guiada conoce otras áreas de la fábrica como el antiguo secadero de lana, la nave de hilatura, las áreas de confección de boinas y acabado o la nave de mantas y paños. La Encartada se encuentra en un hermoso paraje natural a menos de dos kilómetros del casco histórico de Balmaseda, junto al río Kadagua, cuyas aguas accionaron la sofisticada maquinaria de la fábrica durante todo un siglo. Boinas La Encartada nos guía por los comienzos de la industrialización en Euskadi y por la historia de una de nuestras prendas más afamadas: la txapela.