Los regalos de Pradales: 'Guernica' y guiños al euskera y el quechua que aprendió el Papa en Perú
El lehendakari ha llevado al Vaticano unos obsequios que reivindican la obra de Picasso como símbolo universal contra la guerra, y las lenguas minorizadas
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La asistencia del lehendakari Pradales a la audiencia general del Papa León XIV tiene carga simbólica, porque el pontífice ha destacado por sus mensajes pacifistas en este año de mandato que le ha tocado llevar las riendas del Vaticano en plena escalada bélica. De ahí que Pradales acudiera con tres regalos que no estaban escogidos al azar: dos de ellos guardaban relación con el Guernica de Picasso como símbolo universal contra las guerras, y el tercer obsequio era un poema redactado en euskera y traducido al quechua, lengua minorizada que aprendió el propio León XIV en su etapa como misionero en Perú para poder comunicarse con los pueblos de los Andes.
El lehendakari le regaló el libro Guernica, Pablo Picasso, escrito por Juan Larrea (Bilbao, 1885-Argentina, 1980). El Gobierno Vasco destacó de este libro que es "fundamental" para comprender la dimensión del cuadro no solo como denuncia de la masacre sufrida por Gernika, sino también como un "símbolo universal contra la violencia y la destrucción". Larrea "mantuvo una relación cercana con Picasso en el momento de la ejecución del encargo para el Pabellón de la República", añade el Gobierno. Ahí lo deja, aunque esta acotación permite aclarar que Larrea estaba perfectamente al tanto de la intención de Picasso con esta obra, frente a las teorías de la conspiración de la derecha y la extrema derecha, que cuestionan incluso que el cuadro trate sobre Gernika.
El segundo presente fue una reproducción de una pintura, la relectura sobre el Guernica que hizo en 1999 José Luis Zumeta (1939-2020), con "caseríos en llamas, personas mutiladas y símbolos universales de barbarie, en una composición libre, donde la gestualidad expresiva y la explosión de color acentúan la desolación".
El tercer regalo fue una poesía en euskera y quechua de Jon Sarasua, a modo de "agradecimiento del pueblo vasco al Santo Padre por su implicación y compromiso, durante una importante etapa de su vida, con las lenguas indígenas, y, por ende, con todas las lenguas y culturas minorizadas del mundo". El poema fue redactado en euskera, que el Gobierno Vasco reivindica como "lengua minorizada de Europa, hablada a ambos lados de los Pirineos por una comunidad lingüística pequeña pero comprometida", pero se entrega redactado también en quechua, "como gesto de respeto, aprecio y hermandad hacia una lengua amiga". Traducido al castellano, el poema dice: "Desde la infancia de la humanidad / nos llega el aroma / la harina que molieron / de generación en generación. / El euskera / comunidad y tarea / anhelo, alegría y dolor / de tantas culturas marginadas / esfuerzo que recibimos / sueño que ofrecemos / voluntad de embellecer una tierra / tesón de mantener un nosotros / del espíritu / soplo del gran fondo / creado para abrirse / desde lo particular hacia todos y todas".
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