Duración: 54:04 minutos de juego; 22:16 de juego real.

Saques: 1 de Martínez de Irujo (tanto 22).

Pelotazos: 475 pelotazos en juego.

Tantos en juego: 5 de Bengoetxea VI, 1 de Untoria, 10 de Martínez de Irujo y 2 de Rezusta.

Errores: 2 de Bengoetxea VI, 7 de Untoria, 1 de Martínez de Irujo y 1 de Rezusta.

Marcador: 0-1, 1-4, 2-5, 3-9, 5-10, 6-10, 6-11, 7-13, 7-14, 8-20 y 8-22.

Botilleros: Ejercieron de botilleros Rubén Beloki (con Bengoetxea VI-Untoria) y Jokin Etxaniz (con Martínez de Irujo-Rezusta).

Apuestas: Se cantaron de salida posturas de 100 a 80 a favor de Martínez de Irujo-Rezusta.

Incidencias: Partido correspondiente a la tercera jornada de la liguilla de semifinales del Parejas de Primera disputado en el frontón Ogueta de Gasteiz. Buena entrada. 1.310 espectadores.

Gasteiz - El rumbo del partido empujó a Álvaro Untoria a lanzar una patada al cuero. Efecto secundario del envite, que marcaba qué dueto se metía en la final del Parejas, fue la impotencia. Impotencia del najerino por aguantar un bombardeo; impotencia por el acierto de un Juan Martínez de Irujo serio y desatado; impotencia de los colorados por tener que tejer redes kilométricas para terminar el tanto; impotencia de Oinatz Bengoetxea al verse sobrepasado, acumular pasos hacia atrás y una tarde de tortícolis; impotencia por no poder hacer más, porque el duelo se deshilachó por el lado de Asegarce sin remisión. Con el zaguero de La Rioja buscando oxígeno a paladas, esperando una bombona auxiliar sustentada por el sotamano de su compañero, ya que el mundo se le hacía largo y amargo por las ganas de partir la cancha del bombardero zurdo de Bergara, olvidado el accidente del Astelena, y la frescura de Irujo, perfecto.

Los actuales campeones capearon en el Ogueta de Gasteiz con la peor de las tormentas, de nuevo, tal y como les pasó la semana pasada en el Labrit ante Olaizola II y Urrutikoetxea. De cabo a rabo, el dominio fue de los manistas de Aspe, con excedente de pólvora, la cancha se transformó en el Vietnam de Untoria, en el potro de tortura de las necesidades, y el partido, debatido a gran ritmo y con muchos pelotazos de aire, quedó sentenciado. El gatillo de Irujo fue la puntilla.

Cerraron con autoridad su camino en la segunda fase del Parejas Martínez de Irujo y Rezusta, golpeando con holgura en la mesa imaginaria del campeonato. Si bien habían marcado la pauta en cuartos de final, con trece triunfos de catorce; las semifinales se les mostraron espinosas: por la derrota ante Aimar-Urruti y por la librada ante Artola-Albisu. Ayer pusieron rumbo al decisivo encuentro del próximo sábado 9 de abril en el Bizkaia de Bilbao devolviendo en el espejo la mejor de las imágenes; quizás, buscando igualar lo mostrado en el Labrit por el dueto de Asegarce el sábado, contra quienes se verán las caras en el templo de Miribilla. Será la final soñada por las empresas y en la que se medirán los manistas más destacados del campeonato.

Como a Martínez de Irujo no le va el suspense, guionizó para cardíacos. Centró el inicio en sí mismo, descargando de protagonismo a Beñat, engrandecido por su labor, y no especuló. Trazó el plan: dominio y zarpazo. Sin apuestas. Sin riesgo. Todo a azul. El primer tanto, largo, lo terminó el de Ibero atrás y marcó el devenir del envite: los colorados, al límite, expuestos en defensa, pero expuestos al fin y al cabo, mientras los azules echaban madera en la sala de máquinas, desplegando en cada pelotazo una largura amplia, una intención, un clavo más para Untoria.

Llegaron después dos arreones rápidos del delantero de Aspe al tercer pelotazo, ampliando las ventajas. Un yerro del guardaespaldas de La Rioja puso el 0-4 y abrió una distancia que no se cerró en ningún momento. Ni cuando los campeones encontraron sus mejores sensaciones, siempre más cerca de la agonía que del fogonazo; más lija que seda. Gran parte de la culpa, también, residió en la cobertura de dos contrincantes con golpe.

Rezusta no acusó demasiado los posibles bandazos del partido y de la tensión porque Irujo, al que no le va el experimento cuando hay habichuelas de por medio, se echó el duelo a la espalda. Tuvo que arriesgar Oinatz con una parada al txoko para romper la dinámica. Tras el 1-4, Irujo mostró el poder que tiene de aire al suprimir el saque a la derecha al zurdo de Bergara, que mandó, Untoria sufrió y el gato se lo llevó un gancho de Bengoetxea. Después, el partido se rompió.

El martillo azul personificado en el fibroso y espigado zaguero bergararra le dio un poco más al terremoto de Ibero. Este, acertado, abrió la brecha hasta el 2-9. Hubo cierta pimienta entonces, al encadenar dos fallos consecutivos los de Aspe -uno cada uno- y un saque-remate de Oinatz. El oasis colorado duró poco. Del 5-9, casi de modo directo, la superioridad en pegada de Irujo y Rezusta mostró de qué madera están hechos y dejó a Untoria tocado. El zaguero de Nájera, omnipresente, de tanto trabajo, se vio abrumado, neutralizado. Impotente. Como Oinatz, contestón, pero superado. De este modo, el luminoso se alejó hasta el 6-13, el 7-20 y el final 8-22. Rezusta fue el pegador de la semifinal, pero el comandante de la clasificación fue Irujo, acertado y sobrio, el de los domingos, el de los días grandes. Atrás queda el duelo gris en el Astelena de Eibar o el del Bizkaia de Bilbao, llegó la resurrección y se erigen, gigantes, hacia una final merecida, que apunta a apasionante: los cuatro mejores pelotaris del campeonato en la cita más grande.