Tribuna abierta

¿Y si no se hubieran convocado las elecciones?

01.11.2020 | 01:21
¿Y si no se hubieran convocado las elecciones?

ES la tercera vez que lo recuerdo aquí. Pero como a Podemos y Bildu no les gusta el recordatorio... Les basta acusar y decir la mayor de las atrocidades porque saben que, como no son el PNV, el grado de sanción social y el recuerdo son mínimo. Como Iturgaiz. Dijo Otegi: "El PNV antepone el interés económico a la vida". ¡Toma ya! Por eso conviene hacer pedagogía y recordar las tremebundeces que dijeron cuando el lehendakari, viendo un pequeño claro en las nubes, convocó las elecciones el 12 de julio. Imaginen hacerlas en octubre, cuando las propusieron los de Bildu, incluyendo al alcalde de Ordizia: estado de alarma, confinamientos perimetrales, asimétricos y comarcales, UCI con fallecidos, cierre de locales, rastreos, solo convivientes€ Por eso es preciso recordarlo. Más cuando se dicen semejantes barbaridades con semejante énfasis. La gente normal debería tener una agenda para apuntarlas junto con la sospecha tras la oreja y una pregunta: ¿Por qué y para qué lo habrán dicho? ¿Buscaban lo mejor o buscaban el caos?

El pasado jueves 22, en el Parlamento Vasco, Maddalen Iriarte se acercó al lehendakari y le pidió medidas más drásticas y ofreció total colaboración. Curiosamente, pese a un exquisito TSJPV, el estado de alarma general era lo procedente y fue el lehendakari quien le llamó a Sánchez. Y tras él, vino lo demás. Entiendo que esta influencia e interlocución se minimice diciendo que como somos menores de edad tenemos que pedir a papá estado permiso para todo. De acuerdo. No somos independientes, tampoco lo es nadie en Europa, pero la firma sobre hielo de la reforma laboral de Bildu ya sabemos dónde quedó. Por lo menos, Urkullu es un interlocutor fiable al que se le respeta y hace caso. Y eso, lógicamente, ellos tienen que criticarlo.

Aquellos dos días parecía que el mundo de Bildu bajaba en algo su crítica constante. Pero la vida es sueño y los sueños, sueños son. El domingo 25, en Gernika, se acordaron de que hacía 41 años el pueblo vasco mayoritariamente había aprobado en referéndum el Estatuto de Autonomía de Gernika, el "estatutillo vascongado" según Monzón, y allí fueron para ponerlo pringando. Son parlamentarios y hay un gobierno gracias a ese Estatuto, pero como estuvieron frontalmente contra él solo hay que decir que no sirve y es una entrega. Todo lo producido por el llamado "régimen del 78" es una basura y está superado. Nosotros conocemos bien las bondades y maldades del régimen del 78, una de las vividas fue ETA, cuyas acciones apoyaron los del puño en alto cuarenta años. Por eso, sus análisis son como siempre, del todo y la nada y de cuanto peor, mejor. Es esa su tóxica ideología de la que no tienen valentía de abjurar.

El problema de EH Bildu es que en la actualidad es un zombi político. No ha aprendido que la política tiene sus tiempos, sus renuncias, sus modos de proceder y eso se nota demasiado. Se notó cuando no querían elecciones y se nota ahora cuando de la chistera sacan continuamente argumentos peregrinos para confundir al personal, usando demasiado el doble lenguaje así como la acusación sin fundamento. Como decir que se enteran de todo por los periódicos. Tuvo que salir el Gobierno vasco a la palestra a decir que la consejera de Sanidad, Gotzone Sagardui, había mantenido un encuentro con una treintena de alcaldes de los municipios de la zona de salud del Goierri y Alto Urola sin añadir que el lehendakari les ha dicho que estará con ellos cuando los distintos consejeros hayan terminado su periplo por el Parlamento. Da igual. Lo importante es crear una matriz de opinión negativa: el Gobierno vasco no está a la altura, tiene que pedir permiso a Sánchez y encima no nos consulta nada. O la campaña contra el Gobierno en relación a la educación, tan subida de tono y tan poco vocacional, y como el curso escolar va bien, dirigen ahora su tensionamiento a la sanidad. Sindicatos que no se presentan a las elecciones, pero que quieren gobernar desde la calle, piquetes incluidos, como la brutal huelga de estibadores en el Puerto de Bilbao que le ha hecho perder rutas.

Es una manera rara de hacer política. Se ve a Mertxe Aizpurua, en el Congreso, obsesionada por desmarcarse del PNV en todo. Se llega a un acuerdo de aislamiento a Vox en el Parlamento Vasco, como hacen Macron y Merkel en sus países, y en lugar de hacer honor al compromiso y como queriendo recuperar el tiempo silente perdido en la tribuna, la portavoz de Bildu nos encaja un discurso nada creíble en la moción de censura que tuvo como respuesta de Vox la lectura de los nombres de las 835 víctimas de ETA olvidando las del GAL y otras conexas. Y luego se quejan del facherío al que siguen dando argumentos porque todavía hoy es el día en que siguen organizando recibimientos a los causantes de aquella barbarie. ¿Qué credibilidad se puede tener y qué confianza adquirir con semejante conducta? Parecería que Vox y Sortu son dos extremos que se retroalimentan. Confiemos en que tras las elecciones norteamericanas no le manden un telegrama a Trump por su resultado, como hicieron hace cuatro años.

El sábado 24, cuando Pedro Sánchez estuvo en el Vaticano con el Papa, este le dijo: "Las ideas sectarizan y deconstruyen la patria". Mucho más en pandemia. Pero los comisarios de la revolución no son cristianos ni tienen por qué hacer caso a tan sabio consejo. Tampoco hay que extrañarse. La idea del barro político, la confrontación y ahora la encubierta lucha de clases contra el neoliberalismo y Confebask es una constante histórica del marxismo. Su apología acompaña a sus programas ideológicos y emocionales. La hostilidad y la rivalidad contenida en ella configuran sus representaciones del mundo. Con pandemia o sin ella. No buscan consensos ni reconciliaciones. La imposición sobre el otro, la manipulación de la realidad y la confrontación ocupan toda su atención. En este contexto ideológico, se incentiva la idea de que todo está mal, asociado con el supuesto de la justicia social, históricamente ignorada, aunque no sea verdad.

Como herencia decimonónica, este núcleo conceptual permeó cultural y políticamente a diversas sociedades. Desde luego, al mundo de ETA, del que Sortu es heredera ideológica. Y cada vez se nota más. Desde entonces, la idea de la lucha de clases y su papel como "motor de la historia" revela la inherencia marxista a la inevitabilidad de la confrontación total, aunque ahora el discurso será el del rodillo PNV-PSE. El pelo de la dehesa en la política vasca está ahí. Bildu, Sortu, ELA, LAB, grupos sandinistas, Sierra Maestra y organizaciones de este estilo organizaron hace unas semanas una manifestación contra Estados Unidos ante el Arriaga por lo que llaman el bloqueo de Cuba, que es un embargo, poniendo al receptor de su famoso telegrama, Donald Trump, como gran responsable de todo, pero sin decir una palabra en relación con los derechos humanos en Cuba, la libertad de expresión y de movimientos, el poder organizar una empresita para poder vivir con mayor dignidad y minucias así. O la bronca que anunciaron nos iban a montar en Gernika y Bilbao el 27 de octubre por la visita del Premio Sajarov, Lorent Saleh, y el clásico tuit, "el PNV al servicio del fascismo, el golpismo y la corrupción saqueadora al servicio de los yanquis".

Siguen sin cambiar en nada. Me decía un jelkide, concejal de oposición, que EH Bildu, pueblo a pueblo, está muchísimo más cerca de Arkaitz Rodríguez que del exalcalde de Errenteria, Julen Mendoza, que los comunicados de rechazo de la violencia son solo una faena de aliño despojada de cualquier asunción real ética y democrática, que forman parte de la misma estrategia de lavado de imagen que ha situado a personas de perfil bajo y escaso pasado político en las alcaldías, mientras la verdadera administración y decisión municipal recae en la ortodoxia revolucionaria. Como en el Parlamento Vasco. Me dijo: "Te pongo un ejemplo: a finales de 2018, organizamos, en el marco de los debates de la Comisión para la Memoria y la Convivencia un ciclo de cine-fórum con diversos documentales sobre el reencuentro de víctimas de la violencia, etc. EH Bildu votó a favor para, a renglón seguido, dictar una orden interna de boicot. Ningún concejal, ni ningún dirigente local, ni ningún simpatizante de la izquierda independentista acudió a las diferentes sesiones; el entonces candidato para las municipales de 2019, hoy alcalde de Bildu, pasó delante de nosotros a la entrada del cine donde se iba a proyectar uno de aquellos documentales; saludó pero no entró. Había interiorizado perfectamente la orden". Ese es el doble discurso.

Escribió Arnaldo Otegi en el decimoquinto aniversario del fallecimiento de Idigoras, el pasado marzo, un consejo que le daba el de Zornotza. "Ronaldinho, tenemos que cambiar. Esto de creernos los más altos y los más guapos, pero sin salir del ghetto de Varsovia no es el mejor camino". Otegi lo ponía en valor, pero siguen en el ghetto y con la misma mentalidad de Sierra Maestra de hace 40 años. Cuando, en 2003, Otegi presentó el documento Anaitasuna, Arzalluz, al inaugurar el batzoki de Altsasu, les dijo: "Aquí llevamos apelando a la unidad de los abertzales desde hace ya muchos años. Lo que pregunto a Otegi y su gente es si están dispuestos a dejar de lado su dogmatismo marxista, a reconocer lo bueno y lo malo, a debatir con sentido práctico, a ceder en sus postulados y a respetar los votos de todas las opciones políticas. A partir de ese momento, el diálogo político será posible". Más claro, agua. Pero siguen en el ghetto.

* Parlamentario de EAJ-PNV 1985-2015