Tribuna abierta

La negociación del perro del hortelano

Resulta extremadamente difícil en la actualidad realizar una reflexión que dure no ya unos días sino siquiera unos minutos. Es un tiempo líquido, con política líquida y políticos del mismo estilo, muy alejados de los estadistas que el país merece y necesita

09.02.2020 | 10:28
Columnista José Luis Úriz Iglesias

aHORA parece que solo se batalla por dominar el relato, como en esos casi tres meses de peculiar pelea de gallos entre Pedro Iglesias y Pablo Sánchez. No, no es un error; no ha habido alteración inocente de nombres o apellidos, sino intercambio consciente para reflejar la igual responsabilidad de ambos, que han conseguido aburrir hasta al acomodador. Porque, en realidad, ambos han ocupado el mismo lugar en el relato de este tiempo, el del perro del hortelano.

Lo que se ha palpado en la sociedad tras tan largo sainete es cansancio y frustración. Excepto para los incondicionales, incluso palmeros, que existen en ambas formaciones, PSOE y Podemos, el resto de la ciudadanía, especialmente la que se siente de izquierdas o simplemente progresista, se ha encontrado ya harta del espectáculo que nos estaban dando. Ellos y sus adláteres. Ignoro quienes les asesoran pasean por las calles, participan de las charlas de bar o en la carnicería, la peluquería, o en las cenas de amigos, pero les recomendaría que bajaran de su torre de marfil y se dieran una vuelta entre la vecindad.

Al principio parecía que era el juego típico de cualquier negociación que se precie, pero con el paso del tiempo se ha ido pareciendo a una guerra de gallos, que generalmente acaba sin plumas y cacareando. Tendría gracia si no estuvieran jugando con el futuro de 46 millones de personas y más concretamente con los once millones que les apoyamos el pasado 28-M, fecha cercana pero que hoy parece remota.

Durante ese periodo de tiempo ha dado la impresión de que esa pelea iba a acabar mal y nos llevaba inexorablemente a elecciones anticipadas el próximo 10-N. pero ¿a quién podría beneficiar este adelanto electoral? Algunos asesores de la nada susurraron al oído del líder socialista que a ellos. Bueno más concretamente a él, que es donde parece estar situada la cuestión. Tezanos y su CIS así lo aseguraban, cerrando el círculo de la decisión. A partir de ese instante, la psicología del socialista engordó y chocó frontalmente con el supuesto socio, que no acaba de ver la que se le viene encima ese fatídico 10-N. El choque de trenes estaba dispuesto. Lo que no acababan de comprender ambos es que ese choque iba a acarrear sufrimiento y llevaría a un final abrupto el viaje a ninguna parte. Mientras, otros como PP, Ciudadanos, y Vox observaban pacientemente sentados en sus mecedoras ver pasar el cadáver de sus contrincantes.

No es casual el perfil bajo que especialmente Casado ha mostrado en las últimos semanas. No le hacía falta llevar la iniciativa porque Sánchez e Iglesias le estaban haciendo el trabajo sucio. Mientras PSOE y Podemos se desangraban en ese choque suicida, el PP olvidaba la debacle electoral sin mover un solo músculo. Si al final llegan a acuerdos con C's y Vox en Murcia y Madrid, como parece probable, su imagen saldrá fortalecía ante una ciudadanía cansada de la bronca de la izquierda. Se venderán como gente seria y responsable que es capaz de llegar a acuerdos incluso dejando pelos en la gatera.

Pero es que además en ese hipotético 10-N podrían darse dos circunstancias más. Que se llegue con un electorado de izquierdas desgastado por la lucha fratricida, dando lugar a un incremento notable de su abstención y que se traslade la operación Navarra suma al ámbito estatal. O sea, que la experiencia puesta en marcha por la derecha en Navarra de sumar UPN, PP y C's, que les permitió pasar de 17 a 20 parlamentarios, se exporte a todo el estado. Podría ser con una España suma o, como parece más probable, con una suma en cada territorio: Cataluña suma, Euskadi suma, Cantabria suma, Madrid suma... La consecuencia puede ser pasar de la actual situación de mayoría de la izquierda a otra de una derecha recuperada y fortalecida.

El lunes 22, fecha que marcaba el inicio de la investidura, de nuevo se quebró todo. La pelea de gallos volvía en su máximo esplendor y llevaba a la izquierda de nuevo a la desmoralización y el derrotismo. ¿Se iba a confirmar la traición a la izquierda de Sánchez e Iglesias? No lo sabemos, pero hoy aún hay tiempo para que la respuesta sea no. ¿Es ese plazo suficiente? La experiencia sindical de quién escribe, llena de negociaciones de convenios de Artes Gráficas, indica que sí: ¿cuántos de esos convenios se han firmado a las cuatro de la madrigada del día de comienzo de una huelga que al final es desconvocada? Muchos. ¿Les queda sensatez suficiente a Pablo y Pedro, Pedro y Pablo, tanto monta, monta tanto, para romper su inmovilismo sin que ninguno resulte humillado o derrotado?

En esa batalla por el relato, la decisión de Iglesias de apartarse y renunciar a su demanda de estar en el próximo gobierno no solo supuso una lección de generosidad y altura de miras, también situaba la pelota en el tejado de Sánchez. Si a pesar de ese gesto, el PSOE no tuviera otro igual, pondría a Podemos en una mejor situación de cara a ese futurible 10-N. La culpa pasaría al otro en esa guerra infantil por el relato y en definitiva les situaría como responsables del fracaso y de la repetición electoral con el consiguiente castigo en votos.

Esta vez el gurú Iván Redondo parece que ha errado la táctica: al apostar todo o nada a la exclusión de Iglesias y manifestarlo Sánchez en su entrevista con Ferreras en La Sexta (por cierto, incluso aseguró que aceptaba un gobierno de coalición con peso de Podemos sin más vetos), corría el riesgo de que este hiciera lo que al final ha hecho al apartarse. Además, el acuerdo programático ya estaba hecho, sólo necesitaba actualizar el que firmaron para los fallidos presupuestos. Tampoco parece que eso fuese un escollo insalvable.

El resultado de la primera votación, sin embargo, fue peor del esperado. Se sumaba la abstención de un PNV molesto con el inmovilismo socialista y el voto en contra de ERC, al que Sánchez tampoco había hecho el menor guiño. Quizás las dos intervenciones más sensatas y coherentes de ese tenso debate de investidura fuesen las de sus portavoces Aitor Esteban y un transformado Gabriel Rufián.

Llegados a este punto, ¿serán capaces Pedro y Pablo de traicionar a la izquierda por ese orgullo mal entendido, permitiendo a la derecha la posibilidad de darle la vuelta al resultado? Pasar así a la historia es muy duro. Que muchas de nuestras gentes intuyan que las presiones del Ibex, la gran banca y la patronal, junto a un personalismo estéril sean causantes de este fracaso puede resultar terrible. Pedro Sánchez podía tener ya 191 votos y se ha quedado en apenas los 123 propios. Tienen tiempo de rectificar. Después, vendrá lo más difícil, gobernar, pero eso merece otras reflexiones. Así que, Pedro y Pablo, recordad que una vez llegados al 10-N no habrá capacidad de reacción. * Exparlamentario y concejal del PSN-PSOE

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