España, crispada e incurablemente cainita, ha entrado en fase de tregua y así permanecerá tres meses, gracias a la visita del Papa, el Mundial de fútbol y las vacaciones de verano. Bendita sea.
Es una paradoja que haya sido La 1, obligada a ser neutral por la aconfesionalidad del Estado, la que mayor cobertura ha ofrecido, quizás porque los mensajes de León XIV cargaban contra la “prioridad nacional” neofranquista y ensalzaban el multilateralismo. TVE nos mostró a una multitud de inmigrantes latinos, trabajadores explotados, que constituyen “la reserva espiritual” de un país poscristiano. Por contraste, veíamos en Madrid a muchos chicos y chicas exhibiendo su estética pija al grito de “esta es la juventud del Papa”, un lema excluyente que parece fusionar un febril catolicismo con la militancia en Nuevas Generaciones. Una vez más, Barcelona lo arregló con el impresionante espectáculo de la Sagrada Familia.
Partidos en directo
¿Quién iba a decirnos que el fútbol nos daría un respiro en la polarización? Ocurrirá hasta el 19 de julio, con la gran final. Y mientras, TVE emite 33 partidos en directo y DAZN, previo pago, sirve a los adictos los 104 encuentros del torneo, lo que hace imposible que la bronca partidista pueda continuar su intoxicación. Los líderes del PP y Vox se encomiendan a la Virgen del Pilar y a Santiago, sus patrióticos ídolos, para que la selección estatal no quede campeona, en la creencia de que el éxito deportivo favorece a Pedro Sánchez y perjudica a ultras y peperos.
Euskadi seguirá libre de las hipertensiones del Estado, salvo que aparezca por aquí Miguel Tellado, insultador mayor del PP, y Ayuso vomite sus exabruptos. Pero, ¡ay!, llegan las fiestas y en su desmesura nos perderemos el respeto y los perpetuos activistas del conflicto arruinarán la convivencia.