Parece que España tendrá su Sarkozy y quizás veamos al expresidente Zapatero entrar en la cárcel como un delincuente. Más lo mereció otro ex, Felipe González, pero quedó a las puertas de la prisión de Guadalajara acompañando a su ministro Barrionuevo, condenado por terrorismo de Estado. Por la vagancia judicial, el insólito proceso a ZP se demorará muchos años. Sin embargo, la historia que importa es otra. El dirigente socialista fue responsable en 2010 de la Ley General de la Comunicación Audiovisual con la que se suprimió la publicidad de TVE, un montante de 500 millones de euros anuales, para regalársela a las cadenas privadas. ¿Cómo es que ahora en Atresmedia y Mediaset, sus beneficiarios, le atacan sin piedad? La operación dejó muchas dudas sobre su limpieza.
El resultado fue la devastadora descapitalización del Ente estatal y la expulsión de miles de profesionales de considerable trayectoria. En el sector publicitario los anunciantes perdieron el soporte con mejor target comercial. Desde entonces, los canales de TVE han vagado como zombis, sin identidad ni capacidad de equilibrio en información y opinión, lo que ha permitido a Antena 3, libre de un eficaz contrapeso democrático, desparramar su influencia neofranquista y aniquilar el pluralismo. Quince años después, TVE sigue en la debilidad provocada por el leonés, aunque ha recuperado un poco el pulso mitigando su desigualdad con los canales privados.
No fue la única bajeza de ZP, como su infantil negación de la crisis económica que retrasó la recuperación. Y qué decir de su impulso al pacto rojigualdo PSOE-PP en 2009, la mayor vergüenza política vista en Euskadi y que humilló a propios y extraños. Si al final cae, le acompañará en su derrumbe la memoria de los terribles destrozos causados.