Nada ni parecido
"Ofrecer una imagen tan mediocre durante la mayor parte del cruce con la Atalanta e inclinar el desenlace en un cuarto de hora de plena inspiración nos adentra directamente en el ámbito de lo paranormal"
Los buenos deseos y las mejores intenciones volvieron a escucharse nada más terminado el partido de Bérgamo. Esto tiene que servir como punto de inflexión, es un gran empujón anímico, es el primer paso de la ansiada reacción, siempre hay que confiar en la capacidad de sufrimiento del equipo, etc. Este tipo de reflexiones son muy habituales cuando apremia la necesidad de transformar una dinámica decepcionante que se está dilatando en exceso. La consecución de un resultado positivo puede funcionar como un resorte en un contexto adverso; o se pretende que así sea, especialmente si constituye una sorpresa porque se produce en el típico compromiso que todo el mundo daba por imposible.
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También hubo quien dijo algo así como: esto es lo que hay que hacer de aquí en adelante, es la línea a seguir o el equipo ya sabe qué es lo que hace falta para ganar. Claro, es evidente y muy simple: llegar tres veces al área en noventa minutos y en las tres alojar la pelota limpia y muy estéticamente en la red.
Esto hizo el Athletic: no jugar un pimiento, exponerse seriamente a una derrota inapelable y luego, una vez adquirida la ventaja, de nuevo pasarlas canutas en el tramo final
Ahora bien, va a hacer falta que alguien explique despacio y con nitidez cómo se lleva a cabo dicho plan, cuáles con los pasos a dar, en qué se fundamenta el método para alcanzar la perfección rematadora. El problema va a ser que nadie arrojará luz al respecto porque nada, ni semejante, figura ni en los manuales que guían al Barcelona o al Bayern Munich, a los que se nombra por su sobresaliente facilidad para marcar.
“Nada parecido”
Costará olvidar lo presenciado el miércoles, dado su carácter extraordinario. No tanto porque la exhibición de puntería llevase la firma del Athletic, estupenda noticia, de esas que permanecerán eternamente frescas en la memoria, sino porque no volveremos a asistir a nada parecido. Pero en ningún otro encuentro de competición, estén o no implicados los rojiblancos.
Un balón de oxígeno para el Athletic
Y lo de “nada parecido” es una apreciación muy conscientemente elegida puesto que no solo se fija en los aciertos en ataque. Alude al descomunal contraste entre el grado de puntería y el comportamiento general del equipo. Ofrecer una imagen tan mediocre durante la mayor parte del cruce con la Atalanta e inclinar el desenlace en un cuarto de hora de plena inspiración nos adentra directamente en el ámbito de lo paranormal. Imposible aportar una explicación satisfactoria apoyándose en los conocimientos futbolísticos existentes; o en los antecedentes, porque no los hay.
En ocasiones se alcanza un resultado favorable, incluso de tres goles, con pocas llegadas, pero suelen ser más que tres y ocurre en actuaciones donde se propone y se elabora algo de juego, no cuando se está a merced del oponente o, directamente, al garete. Y esto último hizo el Athletic: no jugar un pimiento, exponerse seriamente a una derrota inapelable y luego, una vez adquirida la ventaja, de nuevo pasarlas canutas en el tramo final.
Lógico que Valverde quisiera esa “capacidad de definición en otros partidos”. Luego dijo que se hubiese conformado con gozar “de la mitad de acierto” en muchas de las citas celebradas en la presente campaña. Sí, otro gallo cantaría con la mitad de esa pegada y sería una aspiración razonable si el equipo respondiese en aspectos elementales, si no emitiese síntomas de inseguridad arriba, abajo y en el medio. No se piden exquisiteces ni una solidez modélica, solo un comportamiento acorde al nivel competitivo del grupo. El problema viene siendo que sigue lejos de rendir con ciertas garantías, no es fiable. La afirmación mantiene su vigencia tras el subidón de la Champions. Quitársela solo está en manos de los profesionales. l
