El Athletic se llevó un alegrón en la fría noche de Bérgamo que pareció fruto de un milagro por cómo se había desarrollado la primera parte. El resurgir del equipo a la vuelta de vestuarios, en un ejercicio de eficacia ofensiva que hacía mucho que no se veía, con tres goles en otros tantos disparos a puerta intentados, pilló con el pie cambiado a la Atalanta, que se las traía muy felices tras unos primeros 45 minutos en los que sin hacer nada del otro mundo, jugando al trantrán, se habían mostrado muy superiores a su rival.

Ernesto Valverde quiso minimizar riesgos de inicio, para lo que modificó el sistema, algo muy poco habitual en él. El objetivo era intentar mimetizarse con la forma de jugar del conjunto italiano y poner defensa de cinco hombres. Claro que no funcionó; el equipo nunca se encontró cómodo, no pudo hacer daño con la presión, lo que le obligó a defender en campo propio y estuvo a merced de la Atalanta, que encontró una autopista en su banda derecha, donde Adama Boiro y Robert Navarro, el héroe de la noche, las pasaron canutas para defender. El técnico tuvo que llamar al orden en repetidas veces al lateral y en su desesperación, a Mikel Jaregizar le tocó pasar hasta en un par de ocasiones por la banda para hablar con Valverde en la búsqueda de soluciones.

Tan mal vio la cosa Txingurri que decidió volver a la casilla de salida. Recuperó su sistema habitual, con línea de cuatro atrás, y poco a poco el equipo empezó a encontrar las sensaciones perdidas. La aportación de quienes salieron desde el banquillo resultó clave, pues Oihan Sancet asistió a Robert Navarro en el tercer tanto y Nico Serrano anotó el segundo. Además, Iñigo Ruiz de Galarreta y Mikel Vesga dieron una mayor estabilidad al equipo desde el doble pivote. Eso y, cómo no, la mano de Valverde en sus ajustes. Sin nada de eso, en una cita en la que faltaron muchos jugadores con peso en el equipo, ganar habría resultado imposible.

Entre todos dibujaron la segunda victoria del Athletic en esta Champions, en la que suma ocho puntos y depende de sí mismo para alcanzar el ‘play-off’. Lo que hace no tanto parecía un milagro es ahora una opción muy real. Y todo ello gracias a un triunfo lejos de San Mamés que puso fin a una racha sin ganar a domicilio en Europa desde diciembre de 2024, cuando los leones se impusieron al Fenerbahce. En Champions había que remontarse hasta diciembre de 2014 para dar con el último triunfo fuera de casa, que fue contra el Shakthar Donetsk y permitió al equipo caer a la Europa League tras ser tercero en el grupo.

Reacción necesaria

Ahora, antes de afrontar la final del próximo miércoles contra el Sporting de Portugal en lo que apunta a ser una histórica noche europea en San Mamés, la liga medirá la capacidad de reacción del equipo. Es una demanda que viene realizando desde tiempo atrás el propio Valverde y en ello incidió también en su comparecencia ante la prensa posterior al triunfo frente a la Atalanta.

Es una necesidad que el Athletic recupere la fortaleza, especialmente en defensa, y que con ello crezca en liga, donde a día de hoy tiene más cerca en puntos los puestos de descenso que los europeos. Eso sí, en caso de acceder al ‘play-off’ de la Champions, habrá puesto su granito de arena para que LaLiga obtenga, tal y como sucedió el curso pasado, una plaza continental extra, lo que sin duda facilitaría el objetivo de regresar a Europa.

El Sevilla, otro equipo que vive sumido en la irregularidad, medirá la capacidad de reacción del conjunto rojiblanco este mismo sábado. El clic que busca el Athletic, que no ha enlazado dos triunfos desde el mes de agosto, debe llegar más pronto que tarde, pues es ahora, con la segunda vuelta de la liga iniciada, cuando todo se decida. Además, la Copa asoma también a la vuelta de la esquina, después de jugar ante el Sporting de Portugal y la Real, por lo que a nivel mental se vienen unas semanas muy ilusionantes.

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Más allá de la victoria, el triunfo contra la Dea sirvió para que algunos jugadores dieran un golpe en la mesa. Qué decir de Robert Navarro, un futbolista camaleónico, capaz de firmar un partido tan dispar como el que jugó en Bérgamo, con una primera parte para olvidar y una segunda en la que pareció tocado por una varita mágica. 

Firmó dos asistencias de gol. La primera, a un Gorka Guruzeta que ha arrancado el 2026 con chispa y con gol; la segunda, a Nico Serrano, a quien el gol le podría servir para salir del ostracismo en el que lleva toda la campaña. Hubo también otros nombres propios, como Oihan Sancet y la forma en la que cambió el partido. En definitiva, un impulso anímico y un balón de oxígeno para el crecimiento del Athletic.