Perfil empinado para el Athletic
La sucesión reciente de desgracias o malos ratos solo sería la expresión más cruda de la crisis
En este negocio es habitual apoyarse en la cercanía del siguiente compromiso, lo escuchamos continuamente. Es una reflexión que encierra un significado inequívoco, pues siempre se escucha justo después de un resultado negativo, claro.
Por un lado, influye el deseo de olvidar cuanto antes la derrota recién sufrida, a nadie le agrada ocupar la memoria con un mal recuerdo; de otro, intervienen las ganas de resarcirse del revés anterior lo más pronto posible con una victoria que ayude a compensar el balance. Seguro que en el seno del Athletic están deseando pasar a toda velocidad la página de la experiencia vivida en Son Moix, para lo cual no hay nada como ponerse a pensar en el partido fijado para este miércoles y, ya puestos y por el mismo precio, reservar un espacio en la mente para el que aguarda el sábado en el Sánchez Pizjuán.
El partido de Champions
Para ir haciéndose una composición de lugar: el programa del miércoles consiste en rendir visita al Atalanta de Bérgamo, quinto clasificado en la liguilla de la Champions, con la obligación de ganar, pues cualquier otro resultado (y pudiera suceder que hasta la victoria) equivale a despedirse del torneo continental. La sola mención de los ingredientes de este primer plato no es que quite el apetito, pero habrá que reconocer que cierra el estómago.
De entrada, rebaja de manera considerable cualquier proyección favorable. No se trata de una misión imposible, tal cosa no existe en fútbol. Prueba de que siempre se ha de reservar un espacio para lo imprevisto, no hace tanto que los de Valverde le pararon los pies al campeón de Europa en San Mamés. De lo de Sevilla, qué decir. Juega hoy su partido liguero en casa del Elche y tiene desde hace tiempo organizado un follón de cuidado que va a más y abarca la calle, la caseta y los despachos. Se acerque o no en la tabla, que muy lejos no se halla, estará abocado a echar el resto en casa contra el Athletic. En este sentido, concurren las circunstancias para asistir a una reedición del episodio acontecido en Mallorca. El comentario se realiza en la esperanza de que, como mínimo, el capítulo arbitral discurra por unos cauces más normales, sin iluminados con un afán enfermizo por llamar la atención.
Una vez mirado lo que depara el calendario, la reacción espontánea no invitaría a confiar en que el Athletic haga borrón y cuenta nueva esta semana. Puede pasar, aunque en este preciso momento se impone la convicción de que el camino por el que transita presenta un perfil muy empinado. Más allá de que un par de listillos le hundan en una tarde suelta o que le saquen los colores en Arabia Saudí o tenga que eliminar a dos medianías de la Copa con el gancho, semejante sucesión de desgracias o malos ratos únicamente serían la expresión más cruda de la crisis de identidad y de rendimiento que el equipo arrastra desde el verano.
Tristeza y preocupación
Si Valverde conjugó el verbo frustrar aplicado a los suyos y a él mismo ocho veces antes de abandonar Son Moix fue porque, en efecto, se apelotonan las razones para sentirse así: frustrado, desencantado, desilusionado, quemado, decepcionado. Con una mezcla de tristeza y preocupación que se deriva de lo que sucedió e impulsó al entrenador a lamentar en voz alta y en pleno partido la incapacidad de sus jugadores para castigar como se merecía el tremendo desbarajuste ofrecido por el rival.
La aportación de los espabilados que vestían ropas de jueces acabó por precipitar la derrota, pero esta se había forjado en las deficiencias propias. Esto no lo dijo expresamente el entrenador, quien prefirió resaltar aquello que le gustó del comportamiento del equipo. Postura que le condujo a pasarse un par de pueblos; en su intención de nutrir la autoestima de la caseta se atrevió a afirmar que “siempre estamos cerca de ganar, dentro de la igualdad que hay”. En cambio, Unai Simón no pudo reprimirse cuando se le interrogaba sobre el desvarío arbitral y citó las facilidades concedidas al adversario como factor decisivo en el resultado. Desde la privilegiada y vulnerable posición del portero tiene que ser difícil negar lo que es obvio.
