Y podía ser peor
Un somero vistazo a los equipos distribuidos en los cuatro bombos permitía hacerse una perfecta composición de lugar: imposible cuestionar que el nivel de la edición de la Europa League celebrada el año anterior no tiene ni color con el de la Champions que ahora se pone en marcha. Nunca son equiparables estos dos torneos, pero esta vez el análisis se hace desde la perspectiva del Athletic, que viene de competir en el menor y se embarca en el mayor. En ese tránsito es cuando el personal se percata de que realmente se trata de dos mundos, quizás paralelos, pero muy distanciados entre sí.
Relacionadas
Sin duda, hay que estar ahí, metido en el ajo, para realizar una valoración ajustada de cada competición. Desde fuera es fácil dar rienda suelta al corazón y visualizar alegres noches invernales, pero ayer, un rato antes de que diese comienzo el sorteo en Mónaco, el margen para el optimismo era casi inexistente. La sensación que producía el repaso de los participantes prácticamente despojaba de toda importancia al propio sorteo. Esa emoción contenida que acompaña la confección de los grupos porque sí, porque la afinidad alimenta el deseo, incluso la convicción de que la fortuna será agradecida con mi equipo y hasta cierto punto le facilitará la tarea, no pudo activarse. Permaneció en punto muerto. ¿Qué valor cabía otorgar al azar si de todos los potenciales rivales no llegaban a la decena los catalogables como asequibles y más de la mitad de ellos estaban encuadrados en el mismo bombo que el Athletic?
Al no existir posibilidad alguna de coincidir en el grupo con más de dos, tres a lo sumo, rivales de inferior nivel al propio, solo quedaba tomárselo con filosofía. Conformarse o simplemente ponerse a especular, que sale gratis. Conocido el resultado servido por la máquina, se confirmó el fundado temor a que el grado de dificultad de la aventura continental fuese ciertamente elevado. Casi hasta resultó gracioso que una de las cenicientas, dando por supuesto que la otra es el Qarabag, se llame Slavia de Praga. Justo el adversario que peor se lo hizo pasar al Athletic un año atrás y eso que acabó hincando la rodilla en San Mamés. No lo habrán olvidado los checos y aguardarán pacientes la revancha en su estadio.
Por lo demás, pues tres visitantes ilustres, empezando por el vigente campeón y, mira qué bien, el Arsenal al que se visitó hace pocas semanas, para concluir con el Sporting de Portugal, viejo conocido que obtuvo el título en su liga. El menú a domicilio, mencionado lo de Praga, tampoco es moco de pavo: el Borussia Dortmund, un clásico en permanente renovación; un Newcastle en una dimensión muy distinta a aquel que eliminó Ziganda en aquellos tiempos del cuplé; y el Atalanta, un auténtico hueso construido a fuego lento durante una década por el prestigioso Gian Piero Gasperini que, casualmente, acaba de heredar Ivan Juric, a quien los rojiblancos se midieron con ocasión de su desplazamiento al campo de la Roma del pasado septiembre.
En fin, no faltarán opiniones alineadas con la teoría de la botella media llena y es que si uno se pone a escoger el peor programa pues hubiese sido posible ponerlo más complicado aún. Así que, lo dicho: era sabido que la Champions plantea una exigencia incomparable, de modo que lo procedente es mirar hacia adelante con una mezcla de respeto e ilusión. Salir a jugar con todo y, si dejan, disfrutar un poco.