El Ayuntamiento de Bilbao presentó ayer el mapa de itinerarios frescos, rutas urbanas por las que se puede transitar un día de calor sin tener una experiencia en modo Lawrence de Arabia. La vida, en general, cuando sus protagonistas no tienen recursos para viajar al espacio, pagar 5.000 euros por una entrada en la inauguración del Mundial de Fútbol o acceder a la zona VIP en conciertos de reguetón, tiende a entrar en bucle. Así que la canícula vuelve este fin de semana. Hay tiempo para comprar ventiladores que ocuparán espacio en el trastero los próximos diez meses y no entrar en pánico, la peor estrategia para afrontar lo que sea. La idea del mapa municipal de intinerarios frescos es top. De hecho, la ciudadanía necesita más refugios de este tipo, bien señalizados. Para protegerse del mensaje de la extrema derecha –del odio a lo diferente y de los recortes del gasto público– o de la tormenta de la corrupción que arrecia en la política española. Son lugares que no dependen solo de los poderes públicos. Se construyen con dos herramientas básicas: el conocimiento y el contraste de ideas. Un país en el que los que menos tienen respaldan las políticas que benefician a la minoría que se queda con tres cuartas partes del pastel y la guinda está asfixiado. Necesita espacios frescos, de regeneración cívica. Lo más complejo es encontrar el liderazgo que los propicie en la maraña en la que se han enredado socialistas y populares. Igual lo más lógico es entrar en pánico y resignarse a que siga llegando la basura que reparten los ventiladores de los Madriles.