El acoso escolar, que frecuentemente comienza en la escuela, hoy se prolonga en internet como revela el informe de EU Kids Online. Un 36,1% de chicas y un 22,1% de chicos de 15 a 16 años afirman haber sufrido bullying ‘cara a cara’, mientras más de la mitad de los menores se expone accidentalmente a discursos de odio o contenidos dañinos en la red. Esta realidad evidencia que la infancia de hoy no es solo física sino también digital, con riesgos que agravan la vulnerabilidad de muchos niños y niñas. Una de las consecuencias menos visibles pero igual de dolorosas es la soledad no deseada que sufren muchos menores. Antes, el juego en grupo y las relaciones comunitarias en pueblos o barrios ofrecían un sentido de pertenencia natural; ahora, las interacciones digitales mezclan inclusión y exclusión. Sin embargo, esta soledad suele ser ignorada o minimizada por los adultos, que a veces miramos para otro lado, sin prestar la atención necesaria. Peor aún, seis de cada diez niños no saben distinguir información falsa ni evaluar la fiabilidad de lo que ven en internet, aumentando su exposición a peligros. No podemos permitir que la infancia se convierta en un territorio de vulnerabilidad invisible. Debemos actuar con compromiso, proporcionando herramientas para que los niños naveguen seguros y se sientan acompañados, porque crecer no debería ser sinónimo de aislamiento. La responsabilidad es de todos, no miremos para otro lado.
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