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Erredakziotik

Sandra Atutxa

Coordinadora Multiplataforma

El problema no se resuelve

Hay frases que no deberían pronunciarse nunca. Y, sin embargo, una madre afirma que tiene miedo de su hijo. No se trata de una preocupación difusa, sino de miedo real: a convivir con él, a lo que pueda hacer, incluso a no poder proteger a terceros. El testimonio de Mertxe Mercader, la amatxu de Arkaitz Fernández, el joven de Portugalete con problemas psiquiátricos me impactó. Un testimonio que rompe una idea básica: el hogar como espacio seguro. Cuando se llega a ese punto, el problema viene de lejos. Es la confluencia de tres factores: enfermedad mental, adicción y falta de recursos intermedios. Cuando ese equilibrio falla, la carga recae en las familias. La pregunta es evidente: ¿puede resolverse en pocos días una situación que ni siquiera se ha controlado en un entorno especializado? Pero la cuestión de fondo es qué ocurre después. Entre el ingreso psiquiátrico y la vida autónoma apenas hay alternativas. O supervisión intensiva o ausencia de recursos, con familias sin herramientas suficientes. Ahí es donde el sistema muestra sus límites. Las personas con enfermedad mental no tienen por qué ser peligrosas, pero no se pueden ignorar casos en los que existe pérdida de control, a menudo agravada por el consumo de drogas. El joven ha pasado su primer fin de semana en la cárcel después de que un juez ordenase su prisión por causas pendientes. El recorrido —de la convivencia imposible al ingreso psiquiátrico y, finalmente, a prisión— no resuelve el problema. Lo único que hace es cambiar el escenario.