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Erredakziotik

Sandra Atutxa

Coordinadora Multiplataforma

La culpa no es del perro

El metro un domingo por la mañana no necesita explicación. Está en el suelo, en el olor, en ese silencio espeso que deja la noche después de horas de fiesta. Hace unos días, una trabajadora del metro de Bilbao lo resumía en la radio sin rodeos: vómitos, meadas, suciedad de todo tipo. “Ni los animales”, decía. Y, sin embargo, cada vez que se plantea la posibilidad de que los perros de más de ocho kilos viajen en metro, el debate termina en este punto: la limpieza. Como si la higiene fuese un territorio exclusivamente canino. He firmado para que puedan acceder al transporte público. Pero también creo que antes de abrir esa puerta hay que poner normas claras y, sobre todo, hacer que se cumplan. Porque esto no va de barra libre. Va de responsabilidad. De correa, de control, de sentido común. Y como va de animales el tema de hoy, aprovecho para mandarle un mensajito al simpático de mi pueblo que un día decidió que tenía que darme una lección. Estaba en el parque, hablando con otra persona, y mi perro hizo lo que hacen los perros: levantar la pata en una esquina. Aquello le pareció una guarrada intolerable. Me lo dijo sin matices. La pasada semana estaba él con una niña en una zona verde del parque y la peque hizo pis allí mismo. Me hace gracia la costumbre de exigir civismo hacia fuera y de practicarlo hacia dentro cuando nos conviene. Quizá, el día que dejemos de mirar con lupa al perro que levanta la pata y empecemos a mirarnos más a nosotros mismos, el metro, los parques y las ciudades estén más limpias.