Era eso. Al final obligan a tomar partido. Lo hacen con el convencimiento de creer que nos causan incomodidad al abordar asuntos públicos de importancia para toda la sociedad. Mientras Feijóo se desgañita en Europa criticando con cierto sadismo las medidas de regulación de inmigrantes del Gobierno español, las fake news que nos invaden desde los medios afines a la diestra mienten ya sin disimular sobre las consecuencias de estas decisiones. Lo triste es que lo hacen a sabiendas de que su discurso es digerido sin filtros. Sabemos todos que la solución a la inmigración pasa por tomar multitud de medidas en diferentes campos. El fenómeno inmigrante no va a desaparecer por muchas fronteras cerradas que se impongan; ni por muchos navíos armados que se coloquen en los mares; ni siquiera por muchas redadas protagonizadas por paramilitares con estética fascista que apliquen la no ley en las calles de las ciudades. La inmigración fue el gran problema del siglo XX y lleva camino de convertirse en la piedra angular sobre la que pivotará la evolución del siglo XXI. Tal y como la abordemos lograremos, o no, el equilibrio entre las necesidades reales de cada estado y los fenómenos migratorios. Las crisis políticas, económicas y ahora también climáticas los modulan. No parece descabellado buscar soluciones en origen. El objetivo es una inmigración ordenada que ayude tanto al migrante como al país de acogida. La violencia, incluida la verbal, no lleva más que al odio y la destrucción. No es el camino. Por ello, decidamos y tomemos partido.