MESA DE REDACCIÓN

Discurso viejuno

17.03.2021 | 00:46
Discurso viejuno

Arnaldo Otegi no ha acabado aún de pagar la hipoteca. En su día firmó para cuarenta años a un tipo de interés fijo, y ahí está mes a mes haciendo frente a la misma cuota. En algún momento ha intentado renegociar con la entidad, pero enseguida se ha dado cuenta de que le tienen agarrado por ahí, y que no hay más narices que pagar si no quiere que le desahucien. Tiene que ser aburrida, e incluso frustrante, esa cita periódica con la deuda contraída para seguir manteniéndose en la casa común, pero no hay otra. Si en algún momento se retrasa en el pago, ahí que le vienen enseguida a reclamar con la amenaza del cobro de unos intereses de demora desorbitados. Cuando uno firma este tipo de contratos, todo es ilusión y confianza en el futuro; todo alegría: "Nuestra dicha está a la vuelta de la esquina". Pero mes va, mes viene; año va, año viene€ la cosa se va tornando cansina: siempre lo mismo, ni un mes de descanso; hay que cumplir con las obligaciones. La hipoteca de Arnaldo es de las que ya nadie firma; del siglo pasado, con reminiscencias incluso decimonónicas. Los más jóvenes de la casa no están por la labor de aportar gran cosa por este caserón poco funcional y muy pasado de moda. Se emanciparían si pudieran, pero está tan mal el mercado€ ¡como para meterse en otra hipoteca! Así que Otegi pasa por caja cada dos por tres, y paga sus amarillentas letras, con su aburrido discurso viejuno de siempre. Una vez aprendido el camino, ¿para qué cansar la cabeza con algo nuevo?

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