Mesa de Redacción

Hay que ver cómo es el amor

16.07.2020 | 00:26
Hay que ver cómo es el amor

CANTABA Pablo Abraira una canción que decía amiga, hay ver cómo es el amor. Algo así podría entonar hoy Juan Carlos I, el rey emérito, abandonado por su amante, repugnado por su hijo –directamente le condenó cuando con nocturnidad y alevosía sacó un comunicado anunciando que le retiraba la asignación y renunciaba a la herencia– y por todos aquellos que en su día decían que no eran monárquicos sino juancarlistas, los mismos que miraron a otro lado cuando The New York Times cifró su fortuna oculta en 1.800 millones de euros y Forbes en 2.000. Ha tenido que ser una amante despechada, Corinna Sayn Wittgenstein, la misma que el rey emérito instaló en el recinto de la Zarzuela, le compró una casa de lujo en los Alpes, la cubrió de regalos y malgastó montañas de dinero, hasta el punto de darle o confiarle los famosos 65 millones de euros procedentes de Arabia Saudí, la que haya puesto en jaque a una institución anacrónica. Esa mujer, que podría haber sido su hija –es un año más joven que su primogénita Elena–, ha echado a perder irreversiblemente la forma en que Juan Carlos pasará a la historia, la misma que algunos quisieron vender como el hombre que trajo la democracia y nos salvó del 23-F. La real, según nos cuenta Corinna, es que el hombre cogía el avión, iba a donde sus amigos saudíes y luego regresaba a Zarzuela donde tenía una máquina para contar el dinero. Por supuesto, su hijo –al igual que Cristina con Iñaki Urdangarin– no se enteraba ni sabía nada. Es un clásico.

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