Mesa de Redacción

El virus de la corona

18.03.2020 | 09:27
El virus de la corona

Con nocturnidad y alevosía. Así ha actuado el rey español Felipe VI para anunciar que renuncia a la herencia de su padre, el campechano Juan Carlos I, a la vez que le retira la asignación que venía cobrando por no hacer nada. La nocturnidad la propició la alarma sanitaria y el confinamiento de todos sus súbditos, y la alevosía es casi tan indecorosa, tan indecente, como el propio objeto de la misma, si no más. En este tipo de actuaciones queda patente la catadura de una persona y de una institución, Felipe VI y la Casa Real española. Esperar a que todo el país esté poco menos que aterrado por el covid-19 para dar a conocer sus vergüenzas y propiciar así el menor de los impactos posibles en la opinión pública dice mucho del monarca y de sus asesores de comunicación. ¿Habrá tenido algo que ver en la maniobra informativa su esposa, la reina Letizia, con amplia experiencia en la profesión periodística? Sea como fuere, si este escándalo no sobrevive a la pandemia y si no se reactiva una vez que haya pasado la crisis, la clase política española dará una muestra de vasallaje que pondrá en jaque la credibilidad de la democracia de este Estado que no acaba de curarse de espanto. Si vergonzoso es coparticipar en una cuenta bancaria oscura que alberga cien millones de procedencia aún más oscura, bastante más vergonzosa es la elección del momento para rendir cuentas. Felipe VI podrá decir que no sabía lo del dinero, pero sí ha sabido elegir la forma de intentar ocultar sus miserias.